LA NOCHE QUEDÓ ATRÁS


Abrí los ojos y no veía nada.

Es decir, sí “veía”, pero era un color amarillento cremoso, infinito, uniforme y que no variaba así moviera los ojos, que era lo que conscientemente estaba haciendo.

Me di cuenta que estaba en una cama con barandas y comencé a incorporarme, cuando una voz me dijo: “Está en una clínica, soy médico, no puede ver y lo que le ha dado es un infarto cerebral. Pronto, todo irá volviendo a la normalidad… No se asuste”.

No estaba asustado, sino aterrado…  Al desconcierto siguió el miedo y eso que a veces se siente en situaciones extremas y se llama pánico: ¡ESTABA CIEGO!

Es muy difícil tratar de explicar lo que se siente y de qué manera los pensamientos se atropellan en un instante así. Difícil y doloroso, porque después se racionaliza y poco a poco se acepta, ocupando la mente en “estrategias” para hacer las cosas, aún las más sencillas, con la ausencia total de la vista. Pero eso viene después y al desconcierto, el miedo, el terror y el pánico, de inmediato sucede un estado de anonadamiento que lleva a pensar que todo esto no es cierto, que debe ser una pesadilla…

Lo último que recuerdo antes de abrir los ojos al amarillo cremoso, es unas náuseas tremendas y el “¡Yu-yu-yu-yu…!” de la sirena de una ambulancia; después, el color uniforme y el desconcierto.

No se trata aquí de “hacerme el pobrecito”, sino de contarles que estoy muy agradecido porque “la noche quedó atrás” y si bien “la noche” duró cuatro meses aproximadamente, poco a poco la luz se fue haciendo y primero muy mal, desenfocado e inestable, empecé a ver. No bien, o “20/20” como dicen, porque desde los siete años soy miope, pero fui viendo un poco más claramente, aunque me quedó la miopía, por supuesto, y se produjo lo que llaman “visión de túnel”, que me impide –si miro de frente- ver arriba, abajo o a los costados. No tengo “visión periférica” y si muevo los ojos, se me “descompone el cuadro” y todo es un desastre, que tarda algo en acomodarse nuevamente.

Demás está decirlo, pero me dieron dos infartos cerebrales más: el segundo me produjo parálisis lateral derecha (toda la mitad del cuerpo sin movimiento) y me dejó “insensible” el labio superior derecho, además de dificultades para tragar y con la lengua “enredada”, como para que no me entendieran. Era, pienso, que tal vez así de encerrada se sentiría la mariposa cuando crisálida, pero con la diferencia de que ella no habría tenido un “antes” de volar libremente por el aire…

Fueron otros cuatro meses (un número que parece me persigue, porque nací en el 47 y cumplo 74, más 4 infartos al corazón…) de ir recuperando habla y movimiento, gracias a terapias intensivas y algo de tozudez y fuerza de voluntad de mi parte.

El tercero, lo único que hizo fue bajar un poco más mi capacidad visual…

La noche (por ahora y en mi caso particular) quedó atrás, porque veo: Mal, pero veo; y me muevo, mal, pero me muevo. Me dicen que parece que no me hubiera pasado nada, o “¡Qué bien que te veo!” y trato de hacer todo lo que pueda, lo más normalmente posible…

Perdonen que hable hoy otra vez de mí, pero como mañana cumplo 74, he estado revisando un poco el tiempo pasado y vuelvo a decir que doy gracias a Dios, a mi esposa, a mis hijas y a los amigos buenos, porque sin esa ayuda hubiera estado muy, pero muy solo, y sin poder hacer nada.

Gracias por leer.

Imagen: http://www.architonic.com

SOLAMENTE PUEDO DECIR “¡GRACIAS!”


Ayer fui incorporado al Colegio de Periodistas de Lima, junto con otros cuatro profesionales, que son verdaderas personalidades.

La única palabra que encuentro es “¡Gracias!”, que aunque corta, contiene dentro toda mi alegría -que comparto- y ese sentimiento que es una mezcla de orgullo y el de saber que es una distinción, inmerecida en mi caso, pero la hermosa realización de un sueño. Un sueño, en el que siempre tuve sana envidia de mis amigos periodistas, que son tantos y tantos. Ellos eran periodistas y yo solamente un juntaletras. Ahora, sigo siéndolo, pero además les puedo decir “colega” y eso me da mucha satisfacción, porque ser colega, además de amigo, me pone en la categoría de hermano, lo que es muy hermoso.

Repito que esta distinción es inmerecida -sin falsa modestia- porque yo, en mi vida, solo me divertí mucho escribiendo y también gocé enseñando… Si ello merece algún reconocimiento… ¡bienvenido sea!, porque demuestra que no me equivoqué.

Nunca voy a olvidar este honor.

¡GRACIAS POR HABER SIDO ASÍ!


PAPYS EN TERRAZA BARRANCO0002

A Tony y a Manuel Enrique, allá en el Barrio Eterno, les envío un abrazo inmenso hoy que es el último día del año y estarán celebrando como todos los 31 de diciembre, su aniversario de matrimonio; el día en el que la chica que se subía a los árboles, tocaba timbres  corriendo antes de que abrieran las puertas y el ingeniero serio, pero de gran sonrisa, empezaron esta familia de padres e hijos de la que ahora solo quedo yo.

 

Quiero darles esas gracias inmensas que estoy seguro no serán suficientes nunca, por haber sido como fueron, por darnos a mis hermanos y a mí ese ejemplo viviente que los llevaba, amándose, a superar dificultades, capear vientos y a disfrutar del sol, del mar, del campo y de las pequeñas cosas como el canto del pájaro o la risa del niño.

 

Gracias por enseñarnos a caminar, marcarnos el sendero para dejarnos -vigilándonos siempre- que solos encontráramos el rumbo con nuestro propio ritmo; gracias por enseñarnos que cada día es distinto y que trae consigo alegrías y penas.

 

Gracias a Tony y a Manuel Enrique por darnos lo que nadie podrá quitarnos nunca y es ese ejemplo de vida –perdonen si redundo- que construyeron con paciencia, hecho de días felices y difíciles, uniéndolos con la argamasa indestructible del amor.

 

Hoy que es el último día del año y que para ustedes fue el primero de una vida feliz, mi gratitud eterna, que es pequeña, lo sé, por haber sido como fueron.

 

Manolo.

 

 

IRSE EN SILENCIO


Marcela Temple de Pérez de Cuéllar ha partido sin bulla, sin titulares que violen su descanso convirtiéndolo en espectáculo de ociosos.

Se fue en Bélgica, lejos de estas tierras, donde nació, a las que que amó y por las que hizo tanto.

Compañera callada, brilló al lado de un peruano ilustre e importante para el mundo y brilló con luz propia preocupada siempre por lograr que esta tierra, su tierra, fuera un mejor lugar. La conocí de lejos, a través de Marcela su hija, que fue mi compañera de trabajo.

Estoy seguro que su recuerdo será siempre el recuerdo bueno que se guarda de aquellos que hicieron bien lo que hicieron.

Don Javier, ahora que ella descansa, no está solo porque además de cariños familiares tiene el cariño inmenso de su Patria que acompaña sus días.Espiga

El mejor homenaje para una mujer como Marcela Temple es el agradecimiento callado por todo lo que hizo. Desde aquí, mi pequeño saludo y un “¡gracias!” muy profundo.

LA DIRECCIÓN CORRECTA


 

 

“Una mujer estadounidense, identificada como Jennifer Vasilakos, recibió una propina de 20 mil dólares en agradecimiento por haber indicado una dirección a una persona, que resultó ser el multimillonario Ty Warner, propietario de la de la compañía Beanie Baby.

Hace unos días, la joven californiana, que padece insuficiencia renal, decidió poner un puesto en la calle, con el objetivo de recaudar dinero para poder costear su costoso tratamiento, refiere el portal Inside Edition.

Una tarde apareció un hombre en un lujoso vehículo, quien le pidió ayuda para llegar a una dirección. La joven no dudó y ayudó al hombre, sin saber quién era en realidad. El sujeto, en agradecimiento, le dio un billete de 50 dólares.

Horas después, el hombre volvió y le dijo que, gracias a su ayuda, había podido llegar tranquilamente a su destino. Ty Warner se presentó y le dijo que le ayudaría con su tratamiento.

Al cabo de unos días, la joven recibió en su domicilio un cheque de 20 mil dólares, para que pueda realizar su tratamiento. “Las lágrimas cayeron por mis mejillas al saber que alguien me había ayudado a tener una mejor vida”, comentó Jennifer.

En la carta que acompañaba al cheque, se puede leer este mensaje de parte de Warner: “No suelo perderme, pero el destino hizo que me pierda y que te pregunte por la dirección. Espero que tengas una maravillosa nueva vida. Dios te bendiga”.” (Fuente:  RPP Noticias)

 

Noticias como esta alegran y hacen cálido cualquier día, por gris y frío que sea. El hecho nos reafirma en la confianza que debemos tener en el otro.

Una buena noticia que aparece junto a multitud de malas nuevas y que sirve de llamada de atención para decirnos que no todo está perdido. ¡Cuántas buenas noticias se nos escapan porque no les damos importancia! También son buenas noticias el que amanezcamos cada mañana, que el sol salga y nos sonrían. Noticias no por cotidianas menos notables o pequeñas. Novedades gratas a pasto que no sabemos identificar ni reconocer y que por supuesto tampoco agradecemos. La noticia lo es por lo extraño del caso en un mundo duro y carente de sentimientos: una persona necesita ayuda, la pide y reconoce esta. Fue primero una cantidad y luego otra muy grande. El mensaje es el mismo, dicho por los dos: “¡Gracias, Dios te bendiga!”.

El millonario agradecía deseándole una buena nueva vida a la mujer y compartiendo con ella algo de lo que ella necesitaba. Las buenas noticias no parecen ser muy comunes y las tenemos a cada paso. Es cuestión de sensibilizarse un poco. Creo.