SIN TÍTULO

 

Reflexiono sobre como se puede pasar de la alegría más grande, al dolor profundo.

Después de terminar y subir el post sobre Salvador, al revisar el correo, me encuentro con la terrible noticia del fallecimiento de la hija de Marcial. Marcial, mi amigo de toda la vida: El hijo ejemplar, el pianista dedicado, el estudiante modelo, la risa franca y pronta, el hombre intachable, el profesional íntegro, el que ha encarado problemas y desgracias íntimas… A él, un nuevo golpe le cae y yo lo siento tanto que escribo esto hoy, para dejarlo reposar y ver si así mi pena amaina un poquito. Intuyo lo que él debe sentir y me duele.

Pensaba sobre el pase inmediato de la alegría a la tristeza, sin concesiones. De pronto una nube nos ensombrece el ánimo y claro, por un momento ambos sentimientos opuestos conviven.

Dicen que no hay dicha completa y que la búsqueda de la felicidad, no tiene fin: Es más usual encontrar el dolor en el camino. Estas dos realidades están presentes ahora en mi ánimo; pienso sin embargo que también hay alegría en un dolor así. La alegría de saber que una vida nueva se prolonga y va a residir en un lugar donde nada malo puede tocarla: No es una manera de consolarse, sino el genuino sentimiento de alegría por la meta alcanzada.

Mi pena se va transformando en alegría y de pronto quiero decirle a mi amigo, que comprendo su dolor y que lo comparto, pero que su hija está alegre porque llegó al lugar donde están todas las sonrisas, toda la música y todo el amor. Está haciéndonos un lugar para cuando nos toque ir allí: Para que viajemos con una sonrisa, porque sabemos que nos esperan y son felices.

¡SALVADOR PRESIDENTE!

La noticia me ha llenado personalmente de orgullo, porque un hombre bueno, un verdadero pastor de almas, ha sido elegido hace poquísimo Presidente de la Conferencia Episcopal Peruana: Salvador Piñeiro García Calderón.

Somos amigos desde que coincidimos en la Asociación Ricardo Palma de Estudiantes Secundarios (ARPES), él como representante de su colegio, La Salle y yo como una especie de encargado de prensa y propaganda de la organización. Luego seguimos viéndonos, porque fuimos compañeros en el Seminario de Santo Toribio, donde compartimos solo tres o cuatro meses, ya que salí  debido a una operación y no volví. Cuando fue párroco de la de la Santísima Cruz, en Barranco, bautizó a Alicia María, que hoy ya tiene casi treinta y nueve años (malo decir su edad, supongo, pero da una idea del tiempo y la longitud del cariño que le tenemos a Salvador).  Hace muy poco tiempo, cuando estuve muy, muy enfermo, vino en el momento en que Alicia lo enteró, trayéndonos la Comunión a casa. Conversamos lo que el tiempo breve que robaba a sus labores permitió y confieso que la paz entró con él: Esa paz que hoy me permite sonreír e ir dejando poco a poco atrás los males.

No es fácil escribir sobre una persona tan querida y contar solo pequeñas anécdotas, porque la alegría es grande y el tejido de la amistad nos envuelve acogedoramente.

He seguido paso a paso su camino, viendo en él un compromiso aguerrido y bondadoso, con esa valentía que solo tienen los que están seguros que su camino es correcto: Un difícil derrotero sembrado de intrigas que sabe desarmar con la sonrisa de la verdad. Salvador, mi amigo, llega ahora al punto en el cual su don de gentes se une al valor para ocupar un puesto donde el consenso es necesario, pero la voz no debe callar, como nunca lo ha hecho la de él.  Los obispos de la Iglesia Católica tienen con Salvador a un piloto baqueano en tempestades y la Iglesia Católica peruana cuenta con un dirigente de primera en el pastor humilde que es Salvador. ¡Gracias por ser amigo!

 

EL RUIDO Y LA FURIA

Otra vez saqueo un título conocido, en esta ocasión de William Faulkner y que según veo fue traducido al castellano por primera vez como “El sonido y la Furia”.  El ruido es peor que el sonido, sin dejar de serlo y creo que es mejor esa palabra, antes que la otra: “Traduttore traditore” dicen.

Faulkner se basó en un soliloquio de “Macbeth”, según veo el  acto 5, escena 5, o sea que yo me baso en el que se basa.

Solo he tomado el título, porque nada más tiene que ver con la trama; lo que sucede es que el ruido me produce furia y la única forma civilizada de desfogarme que encuentro es escribiendo. Es decir, compartiendo con quien me lea, esto, que espero no se convierta en “El escrito y la Furia”.

Lo que sucede es bien simple: El ruido me da furia.

El ruido que atruena el espacio desde temprano y se mete donde yo esté, procedente de un televisor de algún vecino que, o es sordo, o deja el volumen alto para que los ladrones crean que hay alguien, o es simplemente digamos, “poco agraciado” en cuestión de educación, por lo que le importa un pito el hecho. Estoy seguro que es lo último porque la “programación” va cambiando de telenovelas a comerciales, a series para niños, a más telenovelas matizadas con más comerciales, alguna serie, noticiero de fin del día y a veces algún programa bien p.m. Es decir que toda la familia sufre del clásico “a mí que me importa”.

Puede pensarse que yo soy maniático, pero cuando quiero leer o escribir, me acompañan los lloros telenovelísticos, las risotadas y musiquitas de algún programa infantil o los entretelones del último escándalo farandulero. Digo que me acompañan, por decirlo: En realidad se entrometen sin dejar tregua prácticamente.

Debería quejarme. ¿A quién?: ¿A un vecino desconocido? ¿A una municipalidad que organiza “ejercicios saludables” en un parque cercano con parlantes a todo dar a las 9.00 am los sábados? ¿A una policía que acudirá haciendo sonar la sirena del carro patrullero? Me queda solo refunfuñar, escribir y en caso de desesperación extrema, ponerme orejeras o auriculares que me traigan otros sonidos. ¿Silencio? ¿Con qué se come eso? Es el nombre de una playa cerca de Huacho. Las orejeras tendrían que ser varias, unas para Alicia, otras para mí y unas más para Paulina, si le molesta el ruido.  Lo mismo pasaría con los auriculares y estoy seguro que se necesitaría tres tipos de música diferente, porque no todos tenemos los mismos gustos.

¡Orejeras en verano y con este calor, ni pensarlo!  La solución es acostumbrarme, así como me acostumbré a leer en el ómnibus y a escribir en casi cualquier lugar.

Se me hace difícil ahora lograrlo plenamente. Dicen que el hombre es un animal de costumbres; es que a pesar de la evidencia a veces me siento tan poco animal…

Estoy tratando, juro que estoy tratando, pero las líneas se me confunden y las letras se alteran cambiando de lugar al rato. Supongo que con el tiempo lo lograré: Me integraré al paisaje. Espero que no sea cuando esté completamente ciego y no pueda leer ni escribir. Dicen también que unos órganos suplen, afinando sus funciones, el deterioro de otros. Si llegase a estar ciego, el desarrollo del oído, en este caso, sería una maldición bíblica.

LOS ZAPATOS DE MIRANDA

 

No camina todavía, no ha nacido aún, pero ya tiene zapatos.

Se los compró Daniela, nuestra nieta, que desde hace un tiempo es su hermana y aunque Miranda venga al mundo en junio, llegará para alegría de todos a estrenar sus zapatos con diseño de piel de leopardo.

Este blog ha tomado un tinte “nietístico” porque es un medio que me permite compartir la felicidad con los que lo leen. El neologismo es válido en cuanto entiendan bien que hablo de los nietos, porque si hubiera puesto “familiar” el ambiente era más grande. Pero aquí quiero ir escribiendo, aunque sea poco, sobre esos “locos bajitos” a decir de Joan Manuel Serrat. Claro que Daniela con sus casi 17 años ya no es loca, aunque sea bajita, lo suficiente para que su apodo de colegio haya sido “Peke”. Tampoco Manu que crece mucho es bajito, ya que con más de 90 centímetros y algo un poco más de dos años, se proyecta como una sacuara. Loco sí es, pero está en el tiempo de serlo, mal que pese a algunos, Y claro, ahora viene Miranda a la que sus padres y hermana han visto en las imágenes de un scanner médico y nosotros intuimos con el corazón lleno de contento.

Viene al mundo donde le espera un buen par de zapatos, para todo lo que va a tener que caminar. El diseño de piel de leopardo le presume agilidad, destreza felina y le va a dar oportunidad de mostrar uno de los más bellos dibujos de la naturaleza. Llegará para ser el disfrute de Daniela, la muñeca real conque toda chica sueña.

Pido disculpas por lo personal de este post, pero no me he podido resistir a escribirlo, desde que anteayer vi en el Facebook de nuestra nieta, la fotografía de los zapatos y el comentario de su compra. Me llené de ternura y de inmediato lo compartí con Alicia, con quien seguimos paso a paso las incidencias del acontecimiento, viviéndolo como cuando Alicia María, Paloma, Daniela o Manuel iban a nacer: Con ilusión y agradecimiento. Hijas, nietos y ahora una nueva alegría: Por eso lo personal que quiero dar a saber a todos los que lean.

Dirán que soy un abuelo chocho y acepto plenamente el término: He sido también un padre chocho. Es que siempre he visto la vida como una oportunidad para que quienes vienen detrás y están cerca, puedan aprender de los aciertos y errores que uno tuvo y corregir el rumbo. Veo en nuestras hijas y nietos esa prolongación que poco a poco llena los espacios y demuestra que la vida merece ser vivida, no importan los obstáculos, dificultades ni lo difícil que a veces resulta enfrentar la mañana.

Miranda: Un lindo nombre de origen latino, que significa maravilla, prodigio. Esto, sumado a los zapatos con diseño de piel de leopardo anuncia un muy buen futuro. El principio es auspicioso, el camino largo pero parece que empieza con buen pie: uno calzado con el zapato de diseño de piel de leopardo que Daniela le regaló a su hermanita, la que va a nacer.

 

EL CONEJO VOLADOR

 

Nuestro nieto tiene un conejo.

Nuestro nieto tiene más de dos años y el conejo muy poco tiempo de experiencia conejil aún. Ambos viven en Buenos Aires, Argentina, en Termperley, para ser exactos.

Hace calor allí ahora, mucho calor, el suficiente para que a la mascota le hayan colocado en su jaula una botella de plástico con agua helada, a ver si así se refrigera un poco el medio ambiente en el que habita, porque, digámoslo claramente, el conejo no quiere salir de su pequeño espacio: Le tiene miedo a Manuel.

El regalo  del conejo significa que hay que limpiar la jaula, alimentarlo, cuidarlo y ver que el nieto en un acceso de ternura, curiosidad o entusiasmo, no dañe al animalito. Manuel aprenderá que esa cosa suave, peluda y movediza no es un muñeco de peluche que puede llevar de un lado a otro y hacer víctima de sus caprichos. Para empezar, ya lo dije, el conejito se mueve, se agazapa y tratará de escapar de cualquier tierno o furioso exceso. Además, aunque pequeño, tiene uñas y dientes que por más que sean acordes a su edad y tamaño hacen daño, especialmente si el blanco está desavisado y confía en que no le pasará nada.

Recuerdo que a Alicia María, nuestra hija mayor, le regaló un amigo que tenía una granja de conejos en Pachacamac, una maravilla pequeña, de raza “mariposa”: Con las orejas larguísimas y todo lo tierno que puede ser un bichito de esta especie. Lo teníamos en el jardincito interior de la casa, libre y era un verdadero engreído. Pronto descubrió que podía mordisquear las plantitas de los bordes y poco a poco se las fue comiendo. Luego hizo lo propio con algunas plantas mayores y se detuvo en el rosal, porque parece que las espinas no eran de su agrado. Prefería lo sembrado a la alfalfa que se le ponía para comer. Pasó muy poco tiempo y vimos que trataba de excavar túneles que el cemento de las paredes hacía imposibles de realizar. Finalmente, con el dolor de todos, “Mariposa” (que así se llamaba) fue obsequiado a Goyo, un amigo chileno que trabajaba con una granja que albergaba a niños discapacitados: Fue lo más cercano a un terreno lunar que haya visto, cuando hubo que reparar el jardincito luego de las aventuras gastronómico-exploratorias del conejo.

Estoy seguro que los papás de Manu tendrán en cuenta todo esto con relación a la mascota regalada y que nuestro nieto aprenderá la convivencia con un animalito, que por muy conejo que sea, no deja de ser un animalito y llegado el caso, se defenderá con uñas y dientes ante la perplejidad de su dueño. Es bueno que Manu aprenda y que en el proceso ni el conejo ni el niño sufran.

Claro, nuestro nieto es un poco cafre, con la seguridad que le dan su poca conciencia y sus también pocos  años y el otro día me contaba Paloma que vio pasar volando al conejo, porque Manuel en un arrebato hiperactivo lo cogió de una oreja y lo lanzó: Parece que todo quedó ahí, pero el bicho, cuando nuestro nieto se acerca más de lo debido, se orina: Supongo que no será de felicidad,  ciertamente.

EL NAUFRAGIO DE LA RESPONSABILIDAD


 

 

Por las conversaciones del capitán del crucero que naufragó hace unos días, que circulan en Internet, se puede colegir que el señor subió a uno de los botes salvavidas de la nave, antes que muchos de sus propios pasajeros. Esto destroza el dicho “Mujeres y niños primero”, para convertirse en un “ampay me salvo” fraseado en italiano.

El hecho es que este marino no observó para nada la tradición de “hundirse con su nave” y prefirió ponerse a buen recaudo, aduciendo después extrañas razones y fortuitas circunstancias.

Hay muertos, heridos y desaparecidos: el capitán Schettino tuvo la suerte o la previsión de salvarse. No se le hubiera reprochado que lo hubiera hecho, después de asegurarse que todos los pasajeros y tripulantes a su cuidado estaban seguros, fuera del crucero. Sin embargo no sucedió así y a las imputaciones de falla humana y los rumores sobre su ingesta de bebidas alcohólicas se suma un abandono culposo de sus obligaciones  y  las conversaciones escuchadas muestran a una persona que no parecía tener idea de los muertos y la gravedad de la situación.

Es cierto que estar al mando de una nave que tiene a bordo tal cantidad de personas y llevarla de un lugar a otro no es cosa fácil. Los instrumentos modernos, la profesionalidad de los oficiales y marineros hacen un poco más sencilla esta tarea, pero el capitán, que por eso es la autoridad máxima en el buque, tiene o debe tener TODOS los conocimientos técnicos y la experiencia necesaria, para desempañar su papel. Un naufragio en su hoja de servicios es malo, heridos, muertos y desaparecidos, agravan su situación. Lo que a todas luces es imperdonable es que haya preferido salvarse él, sin, al parecer, haber comprobado que todos se ponían a salvo.

Creo que en el naufragio de ese barco, naufragó también la responsabilidad.

Si tantas personas confían en alguien, porque les han dicho que lo hagan y ese alguien traiciona la confianza en él depositada, podrá hablarse de tragos, de fallas, de obstáculos imprevistos y no marcados en el mapa de la zona: La verdad es que todo eso es una excusa para algo que es muy común y se llama miseria humana. No de otra manera se explica en realidad la aparente conducta del marino. Digo aparente, pues todo lo señala, pero hasta ahora son especulaciones y pruebas que se van acumulando. Es que tendemos a culpar a alguien y señalarlo o diluir la culpa y convertirla en nada. La verdad se abrirá paso y se sabrá de responsabilidades. Ello no devolverá la vida a los muertos ni hará que los desaparecidos aparezcan: Un crucero de placer y diversión se convirtió en un viaje hacia la muerte y la desesperación. Por lo que parece, lamentablemente, el hombre falla cuando menos lo esperamos. Y lo terrible en este caso, es que el hombre no es un palurdo cualquiera sino el depositario de la confianza de armadores, tripulantes, pasajeros y de las familias de todos ellos. Es un capitán que le falló a la humanidad entera que sigue incrédula las noticias.