Sin palabras


Icástico

Llegó a mis ojos un artículo sobre palabras moribundas. Muchas veces he pensado en ellas sin saber cuantas son ni cuales las que sucumben sin darnos cuenta. El lenguaje económico (ahorrar letras, puntos, comas, uves y bes para acotar tiempo, espacio y maquillar carencias) se impone en los chats. Imágenes, emoticonos, stickers, etc. son la puntilla. Lapidan la palabra. Lenguas seculares con dos simples pulgares acorraladas. Somos poco creadores, vagos hasta para escribir. O pensar. El mensaje queda herido, lacerado. Queda apolillado. Vamos al encefalograma plano, véase el auge de trumps y lepenes, personajes de cómic dirigiendo nuestros destinos o a punto de hacerlo. Quizás el problema sea, precisamente, que nos conformamos con pocas palabras. Ellos saben cuales son y las manosean de continuo.

Asi que he decidido hacer un homenaje a algunas de las caídas en el camino y que extiendo a todas las afectadas por el olvido…

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CATAFRACTO.


 

NIÑO RASCANDOSE LA CABEZA

Releyendo “La Traición de Roma” de Diego Posteguillo, encuentro nuevamente la palabra “catafracto” como el arma “secreta” del rey Antíoco III, que le hace ganar la sangrienta batalla contra el ejército egipcio compuesto por naturales y mercenarios griegos.

 

Para información de quienes como para mí la primera vez que la vi, la palabra más parecida tal vez sea “artefacto” (que no proviene del griego sino del latín) aquí hay una cita explicativa:

 

El catafracto (del griego κατάφρακτος, kataphraktós, palabra compuesta que quiere decir ‘totalmente’ —κατά— ‘cubierto, cerrado, protegido’ —φρακτός—; en latín: cataphractus) era una unidad de caballería pesada en la que tanto el jinete como el caballo portaban armadura. Si bien es cierto que su poder de choque era más que significativo y su invulnerabilidad casi total, adolecía de defectos notorios: tanto el jinete como el caballo se cansaban pronto, se movían más lentamente que otras caballerías y eran poco aptos para una lucha prolongada en el desierto.

Poseían una capacidad de maniobra mucho mayor que la de las indisciplinadas caballerías pesadas occidentales, que sólo tenían dos movimientos: la carga frontal y la de tomada (rebasando la línea enemiga). Los catafactos, que cargaban en formación más ordenada, podían efectuar ataques envolventes, por el flanco, cargas frontales e incluso hostigamiento, ya que en ciertos periodos se les dotó de armas ligeras.” (Wikipedia)

 

Es pues una palabra que designa a la combinación acorazada de jinete y caballo. Al parecer desde la antigüedad ya se conocían y se usaban, aún antes de la era de Antíoco III. Por lo que he leído eran lentos pero letales.

 

Desde la piedra arrojadiza hasta las bombas que se precian de ser “la madre” y “el padre” de todas las bombas, es terriblemente evidente que el ser humano ha ido encontrando siempre nuevas armas e inventado artilugios para provocar la muerte.

Lo malo es que piensa y sin sus inventos y descubrimientos es nada más que una especie inerme, porque ni garras tiene.

 

 

LOS QUE SE FUERON.


ESPÍRITU

A veces, por las noches regresan poblando sueños  o vuelven  durante el día montados en olores y sonidos; son ellos pero no son ellos; incorpóreos, resultan capaces de proezas inimaginables o se ven mezclados en asuntos banales mientras dormimos.

Cuando el olor de un postre o un perfume nos los recuerdan, de pronto vemos fotografías que no existen o películas viejas. Si es el sonido del mar y las olas rompiendo, las huellas en la arena nos dicen que estuvieron.

Son los que ya se fueron pero nunca se fueron, porque están en nosotros como huéspedes para siempre.

NUNCA LO SUPIERON.


 

PUNTO LUMINOSO 

El día había estado apacible y en el pueblo se dormía la siesta.

 

El calor del verano hacía que hasta las moscas descansaran quietas sobre los protectores de malla verde que cubrían las ventanas y salvo las noticias de lugares lejanos nada hacía pensar que a las cinco de la tarde no se reanudaría la actividad cotidiana y las mecedoras saldrían al frente de las casas para que el fresco del atardecer animara las conversaciones.

 

Lo último que llegaron a oír los que estaban despiertos a esa hora, fue algo como un gran trueno y no escucharon más porque la explosión de la bomba absorbió el sonido e hizo que por una fracción de segundo hubiese un punto luminoso en el universo.

GERANIOS Y VIOLETAS.


 

 

geranios-en-maceta

Los geranios y las violetas africanas me recuerdan que mi madre los tenía frente a su ventana y las cultivaba con cariño; traen a mi memoria que ella decía de los primeros que eran las flores de la vejez y del amor con el que cuidaba las plantitas de flores moradas y hojas de un verde casi imposible que crecían en macetas. Recuerdo que usaba perfume de violetas y su aroma me lleva a un Barranco ya ido, a misa de domingo, a desayunos tempranos y a un televisor SABA en blanco y negro que en el comedor nos traía a Raúl Ferro Colton y “El Panamericano”.

 

El olor a violetas impregna cada día, de esos en los que uno no se preocupa por lo que vendrá porque es una fragancia que asegura que ella está allí o pasó hace un rato antes de ir al Servicio Social de la parroquia o a visitar a la señorita Lazo.

 

Geranios y violetas: la sencillez de unos y la discreta opulencia de las otras son imágenes y perfumes de infancia: de un tiempo que pasó pero regresa silencioso y feliz.

VIOLETA AFRICANA

MUERTO IMPORTANTE.


FLORES

El ataúd, cubierto con la bandera, contenía al muerto importante  y a su alrededor los arreglos florales impregnaban el aire con ese peculiar olor que se suele asociar a la muerte.

 

Largas filas de personas pasaban para darle el adiós último: algunas lloraban, mientras otras, circunspectas, dejaban, al salir, una tarjeta de visita doblada en la bandeja de plata que estaba colocada, cerca, en una mesa.

 

El anuncio de la muerte del importante corrió como reguero de pólvora y hubo manifestaciones que la policía dispersó a su manera.

 

El ataúd estaba cerrado y por supuesto se especuló porque un infarto mortal no requiere tal precaución: tal vez lo mataron y no querían que se le viera la cara. Se abrieron investigaciones y finalmente no se supo nada, pero el fiscal del caso desapareció.

 

 

AZARES Y AZAHARES.


 

flores_azahar

Siempre dijeron que se parecían.

Claro, eran primos hermanos y era lógico que tuvieran un aire de familia, pero lo curioso es que tenían la misma edad y gustos similares.

 

Juan vivía con su padre, porque su madre había muerto cuando él era muy chico y no tenía hermanos;  Arturo con su madre y su padre que siempre le quisieron mucho, porque era hijo único.

 

Ambos pasaban mucho tiempo juntos y jugaban a gusto, siempre en casa de Arturo porque el padre de Juan trabajaba y no podía estar vigilando a los chicos; en la casa de Arturo siempre estaba su madre, la tía, que les hacía postres y les contaba cuentos.

 

Juan y Arturo crecieron y tomaron caminos diferentes, pero siempre que se encontraban el resultado era que seguían teniendo gustos muy parecidos e inclusive, cuando se enamoraron sus respectivas chicas se llamaban Susana.

 

Se casaron y tuvieron los hijos. Susana, la esposa de Arturo dio a luz mellizos y todos se alegraron.

 

Eran, sin que Juan y Arturo supieran, los segundos mellizos de la familia.