CAJA DE CARTAS.


 

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Llegó una carta con mi nombre escrito a mano en el sobre y con estampillas; de inmediato recordé las cartas que mi madre guardaba en una caja y que descubrí al revisar sus cosas tiempo después que falleciera.

 

Eran las cartas que mi padre le escribía siempre que estaba de viaje, e inclusive cuando vivía en campamentos, dedicado a construir carreteras, en distantes lugares del país; yo lo imaginé enviando las cartas a la ciudad más cercana a donde él estaba para que desde allí, el correo le hiciera llegar sus palabras amorosas a María Antonieta, preguntándole cómo estaba, cómo estaban los hijos; cartas que no tendrían por lo general respuesta hasta que ella se lo contara todo a viva voz, cuando él retornara, generalmente, pasados varios meses.

 

Cartas donde él le contaría de sierras, de accidentes sufridos con la mula, de las sonrisas del cocinero al ver que les gustaban sus platos inventados y pobretones…

 

Una caja con cartas que no me atreví a abrir porque hubiera sido como si los espiara por el ojo de una cerradura; cartas de las que solamente repasé los sobres que llegaron de distintas ciudades, escritas al abrigo de una carpa, a la luz de una lámpara de petróleo, cuando la noche empezaba a caer y el día depositaba su cansancio.

 

Las cartas en que mi padre no contaba sus preocupaciones y sí que todo estaba bien, que avanzaban, que medían, que sacaban la tierra y las piedras; que a veces desenterraban huacos.

 

Era el tesoro de mi madre, que ella guardaba en una caja de cartón, trajinada de tanta mudanza por un Perú muy grande; rota y pegada muchas veces de tanto abrir y cerrar, de tanto hurgar en ella para rescatar las palabras, los recuerdos y los sueños; cuando la hallé, ya no estaba ninguno de los dos y seguramente mi madre siguió leyendo las cartas de mi padre después que él se fue una mañana triste, porque sabía que Manuel Enrique no podría entonces escribirle, ni enviar la carta al pueblo más cercano que tuviera correo, para que le llegara.

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CUANDO NO PARÓ DE LLOVER.


 

lluvia

La lluvia no paraba de caer; era un verdadero diluvio y dio gracias en silencio porque le avisaron.

 

Había llegado un señor y le previno; al principio no entendió bien, pero cuando le dijo lo que tenía que hacer, a pesar de calcular que era mucho trabajo, se puso manos a la obra.

 

Cuando pasó el tiempo y se cumplió la fecha que había anunciado el señor que le visitó, en la misma mañana de ese día; cayeron las primeras gotas de lluvia que luego se transformaron en una cortina de agua que lo inundó todo.

 

Mirando por la ventana todo lo que vio fue agua: acarició al ave que tenía en una mano y abriendo un poco con la otra,  la soltó; el cuervo se fue, volvió un par de veces y luego desapareció.

 

Noé pensó en soltar después a una paloma.

NI TANTO NI TAN POCO.


virtud

A veces la tentación de dividirlo todo en blanco o negro es grande y sin embargo los matices de gris son importantes porque permiten que la especie humana se conserve y pese a todo lo que pasa, continúe.

 

Es bueno recordar que además de verano e invierno, existen primavera y otoño; que los extremos nunca fueron buenos y que casi siempre los acompaña el mal.

 

Es bueno recordar que, del justo medio, Aristóteles dice es el camino cierto para llegar a la felicidad.

MUÑECO DE TRAPO.


 El muñeco de trapo, descosido y sucio, miraba con su único ojo, que era una cuenta negra, hacia el cielo plomizo que lo cubría todo; había salido a la superficie, de entre la basura, porque los recicladores lo removían todo en busca de algo que pudiera venderse.

 

Recordaba otro cielo, plantas y un jardín que a siempre le pareció inmenso; recordaba que unas manos de niña lo llevaban del brazo y lo sentaban para tomar el té.

 

Recordaba que la niña dormía abrazando su cuerpo mientras que él velaba; el muñeco de trapo recordaba que alguna vez fue el rey de un mundo de juguete.

 

Aunque parezca extraño, una lágrima tibia fue humedeciendo el ojo de lo que un día fue muñeco, para irse después como se van los sueños.

Revista número 3 Eternity – El Poder de las Letras


Ana Centellas

ETERNITY #3

Con esta portada tan española llega hasta nosotros el número 3 de la revista Eternity, la revista literaria y cultural de El Poder de las Letras. Y es que en este nuevo número se incorporan novedades, como esta, un recorrido cultural por determinadas zonas de la geografía, no solo española, sino internacional. En esta ocasión, entre sus páginas podréis conocer todo lo referente a la historia de la famosa Torre del Oro sevillana, además de disfrutar de un hermoso paseo por Sevilla de la increíble mano de María José Luque.

Entre sus páginas encontraréis también una selección de relatos y poesías de los integrantes de El Poder de las Letras, así como todos los cuentos y poesías infantiles que han formado parte del Segundo Reto Literario que nuestra página os ofrece.

Contamos con el privilegio de las imágenes y palabras de nuestros queridos Antonio Caro y Carlos Moya, además del…

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