LA CAPA DE VISÓN


Era infalible en cuestión de negocios…Veía lo que otros no. Su “visión de futuro”, le permitía invertir y ganar, volver a invertir y ganar más…

Se hizo rico, muy rico y para conquistar a una mujer, como a pesar del dinero que tenía era tímido, lo que hacía era regalarle una capa de visón y deslumbrarla. Le funcionó bien y multiplicó sus conquistas, al extremo tal, que lo que era un recurso al principio, se convirtió en un vicio.

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A PALABRAS NECIAS…


Oídos sordos, dice el refrán.

Un amigo mío “modernizaba”, con un: “A palabras eléctricas… ¡Oídos desenchufados!” y para aumentar, decir que “A palabras de borracho… ¡Oídos de mostrador!

Bueno, a veces es preferible ser “sordo como una tapia”, apara no escuchar estupideces…

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LOS CAZAFANTASMAS


tasmas by Manolo Echegaray

Fecha: 26 febrero, 2021

Aunque el cazador sea un experto, no es menos cierto que alguna vez, sea cazado….

AC*

Cuando niño, vio la película un montón de veces, se sabía de memoria la canción, jugaba a “Los Cazafantasmas” con sus amigos y era verdaderamente un “fans”.

Creció y siguió gustándole el tema. Veía cuanto aparecía sobre el asunto en Youtube e Internet. Con dos compañeros, fanáticos como él, decidió hacer una realidad el sueño.

Su primera aventura fue en una vieja casa abandonada, de las afueras del pueblo, a la que entraron subrepticiamente una noche,; allí no redituó nada, salvo polvo en la ropa, el recuerdo de telarañas manoteadas a la luz de las linternas y de los correteos de lo que debían ser ratas o ratones.

La segunda incursión de “cacería” tuvo como lugar un almacén cerrado, dentro del cual las linternas descubrieron pilas de periódicos viejos, cajas desperdigadas por el suelo y aguzando el oído, escucharon una especie de pasitos cortos, seguidos del resuello de alguien o algo que respiraba rápidamente.

La luz dirigida, nerviosamente a todos lados, reveló a la pequeña sombra móvil, que se ocultaba detrás de un grupo de cajas. Con cuidado, sin dejar de apuntar con las linternas, caminaron hasta el lugar y las luces, unidas, descubrieron a un hombre pequeñito, que levantaba las manos hacia ellos, como diciendo “¡Basta…! ¡Basta…!”. Miraban aterrorizados, curiosos y en silencio, mientras el hombrecito se quitaba la gorra roja que traía puesta y decía: “No me hagan daño, amables señores…, soy solamente un vejo, el guardián de las cajas, el archivero de los periódicos… Estoy aquí, porque no me quise ir cuando todos se fueron y me quedé solo, nadie me echó de menos y ahora… No sé cuánto tiempo ha pasado, pero creo que me dormí… Las luces y sus presencias, me despertaron. Me escondí, porque no quería que me encontraran y me hicieran ordenar cajas y periódicos…” “¿En qué día, en que mes y en qué año se fueron todos, lo recuerdas…?”, preguntó el más avezado de los Cazafantasmas. “Debe haber sido ayer, me dormí, pero es enero de 1824 ¿No es cierto…?

El silencio pareció hacerse más denso y el hombrecito se puso la gorra roja, que tenía una borla en la parte superior y dijo: “Ahora, si me disculpan…, ya me voy, no se molesten…”

Entonces, desapareció, justo cuando, extrañamente, las linternas se apagaron y la oscuridad hizo imposible ver absolutamente nada.

Publicado por el blog “masticadoresmuchasalmas”

CONTRADICCIÓN RESUELTA


Si existía alguna contradicción posible, resultó ser ella.

Se llamaba Paz y se apellidaba Guerra.

Como no conoció a su padre, nunca supo si fue una mala broma de él cuando la inscribió en el registro… De muy niña, no le importó, pero cuando en el colegio empezaron a fastidiarla llamándola “Paz ¡Pum-pum!” y haciendo con la mano como si fuera una pistola, se dio cuenta y aunque al principio siguió sin importarle, los chicos son especialmente incisivos, tercos, y el asunto empezó a crecer…

Un día regresó a casa hecha un mar de lágrimas y entre sollozos e hipos, le contó a su madre lo que pasaba, y ella, que acariciándole el cabello y abrazándola, le dijo que no se preocupara, porque su nombre significaba tranquilidad y su apellido, pelea… Que, si la fastidiaban, estuviera tranquila, pero que no tuviera miedo de pelearse con nadie…

Al primero que fue a fastidiarla, que era el “matoncito” del curso, lo miró y le dijo: “Oye, ¿qué te pasa…? Sí, soy Paz y por eso me río, pero también soy Pum-pum…” y ¡pum! ¡pum!, le encajó dos puñetazos en plena cara, al chico, que no atinó a nada, salvo a salir corriendo, tapándose, asustado, la cara con las manos…

Nadie volvió a fastidiarla, la miraban con respeto y cuchicheaban cuando pasaba…

Sin embargo, cuando años después pudo hacerlo, luego de pensarlo mucho y recordando el consejo de su madre de no tenerle miedo a nadie, pidió cambiar su nombre por el de Justa.

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