«LA NOCHE ESTÁ ESTRELLADA Y TIRITAN AZULES LOS ASTROS A LO LEJOS» (Pablo Neruda)


El sol, brillando, orgulloso de su fulgor, lo llena todo de esa luz que hace entrecerrar los ojos y pensar que tal vez, el momento durará para siempre, ahuyentando a la noche y convirtiendo en una mañana interminable el tiempo por venir…

Entonces, la noche se agazapa, sabiendo que le tocará volver, que nada dura para siempre y que lo interminable es una fantasía …

El sol se irá apagando poco a poco, dando paso a la oscuridad y entonces, la luz será un recuerdo mortecino y la noche nos arrebujará con su manto donde tiritan, frías, las tímidas estrellas …

Imagen: https://www.bbc.com

¿¡APAGA Y VÁMONOS, MALDITA SEA!?


Tal como van las cosas a nivel mundial, la recomendación del título parece ser la única salida …

No se trata de ser pesimista, pero el balance se inclina peligrosamente hacia lo negativo, por más que se hagan algunos esfuerzos para arreglar alguna cosa. El problema es que en esa labor de parchado, el mundo es como una pelota que casi no da bote y si lo hace, puede ser en cualquier dirección porque la cantidad de parches la deforma y vuelve ingobernable e imprevisible …

Aunque dicen que la esperanza es lo último que se pierde, doña esperanza –me da la impresión- que ha hecho las maletas y se va en cualquier momento …

No sé si en otras épocas el sentimiento de que este es un mundo que se deshace ha sido tan fuerte, pero ahora con las amenazas atómicas del señor ruso, la guerra que él eufemísticamente llama “operación”, la hambruna, la pandemia (que después de matar a cientos de miles se convierte en una “enfermedad más” para quedarse), los ciclones, las lluvias torrenciales, el calor inusual que se transforma en fuego devorador de bosques y personas, y ese enorme etcétera que se llama realidad y habla múltiples idiomas, me parecen a mí que, como dice la frase, “quien siembra vientos recoge tempestades”, y es que sabiéndolo, estamos destruyendo nuestra pelota, la que pronto no servirá más para jugar…¿Y entonces…?

Encima, en Lima el nuevo alcalde está entre dos (censurado).

El asunto es que no tenemos dónde ir.

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«DÍGALO CON FLORES»


La anécdota es célebre, tanto como los protagonistas.

Don Francisco de Quevedo se atrevió a decir en su propia cara a la reina, algo referente a ella, que era tabú mencionar en público …

Se trataba de la cojera de la reina. Cuentan que fue una apuesta que ganó Quevedo, por decirle a la reina que era coja …

Quevedo se acercó a la reina, llevando en una mano una rosa roja y en la otra, un clavel blanco y le dijo, respetuosamente: “Entre el clavel y la rosa, su majestad escoja

Tal vez, a modo de moraleja, podemos concluir que no importa lo que se diga, sino el cómo decirlo.

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¿ES EL TIEMPO DE LOS EXTREMOS?


Vemos que, en todo el mundo, los extremos parecen ir ganando terreno y colocarse como opciones preferidas, dejando a un centro sensato y equilibrado, fuera de juego.

Las “radicalizaciones” se entronizan y el ciudadano pareciera que, en algunos casos, “tapándose los ojos” opta por aquello que cree le asegurará paz y tranquilidad, aunque para lograrlo tenga que abdicar a su normal desempeño ciudadano.

Los “ultras” de cualquier pelaje, se presentan como una solución, admitida a veces con alivio y otras a regañadientes, pero con la convicción tranquilizadora de estar eligiendo el “mal menor” …

Así como la Tierra tiembla y los terremotos físicos se producen en todas partes, desmoronando construcciones que parecían protectoramente sólidas, lo “establecido” pareciera caer para dar paso a desconocidos futuros que caminan por la orilla opuesta …

Creo que asistimos al fin de una época; pienso que los extremos predominan y todo se trastoca.  No sé si llegaré a ver lo que sucede, finalmente, pero me huele que ya se está en camino …

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LA VIRGEN DEL OCOTITO


Sucedió en México.

Sobre el llamado “cerro del Ocotito”, Chilpancingo, estado de Guerrero, en medio de una tormenta, apareció la figura gigante – aproximadamente de cinco metros de altura- de lo que, curiosa y misteriosamente, se asemeja a la imagen de la Virgen María.  Parecía flotar en el aire, con los pies entre dos enormes rocas y fue registrada, por alguien, si no me equivoco en video, el que, si bien no es de especial calidad, no deja dudas acerca de lo que se ve. La imagen grabada, sometida a “mejoramiento”, realizado mediante inteligencia artificial, es asombrosa y recomiendo ver la sección correspondiente del programa de hoy, “Tercer Milenio 360”, del mexicano Jaime Maussan, que está en YouTube (https://www.youtube.com/watch?v=rzq4q0QxyiE).

Como dato, tan curioso, como misterioso también, la aparición sucedió unos días antes de ocurrir el terremoto de 7.7 grados, que sacudió México … ¿Era un “aviso” …? Además, este es el tercer terremoto que ocurre en el “país charro”, en idéntica fecha, con pocos años de diferencia …

Podrá haber muchas “explicaciones”, pero yo, personalmente, no tengo ninguna, salvo que lo “inexplicable”, sucede …

Imagen: https://www.youtube.com/watch?v=rzq4q0QxyiE

«¿ALÓ, CARLOS…?»


Tenía alas y volaba, era alargado y brillaba al sol cuando iba girando por el aire.  De vez en cuando tenía hambre o sed y entonces, planeaba, bajando suavemente en busca de comida o bebida, aunque generalmente las encontraba a ambas en el mismo lugar. Curiosamente juntas …

Ya al anochecer, se sintió vibrar y supo que era un aviso, que ya necesitaba beber o comer…; entonces bajó –silencioso como siempre- hasta vislumbrar una calle solitaria y lo suficientemente oscura. Esperó hasta que vio a un hombre que caminaba, al parecer, concentrado en hablar por su teléfono móvil y se puso a sus espaldas, siguiéndolo …

Unos instantes después, rápido como una flecha, se le clavó profundamente por detrás, a la altura del corazón, penetrando en la carne, saboreándola a medida que se hundía, hambriento y goloso, mientras la sangre saciaba su sed …

El hombre, sorprendido y con un dolor lacerante, cayó de bruces sobre la vereda, mientras el teléfono se le escapaba de la mano y rebotaba, cayendo hasta la pista, y una voz de mujer se oía desde él: “¿Aló, Carlos … aló…, aló …, aló …? ¿Carlos, estás ahí …? …”

Salió tan rápido como había entrado, en tanto, la tela de la espalda del saco del hombre se iba tiñendo de rojo; él voló hacia arriba y unas gotas del líquido rojo cayeron. Pasaría un tiempo más hasta que el cuchillo volador volviese a tener hambre o sed …

Imagen: https://www.mediotiempo.com