FEMINICIDIOS


FEMINICIDIOS

 

 

Hay que ser cobarde para pegar a una mujer y además de asesino, imbécil para matarla.

Asistimos a una ola de informaciones que dan cuenta de agresiones a mujeres que llaman no solo a la acción sino a la reflexión. Reflexión porque parecen ser las parejas de estas mujeres quienes resultan los causantes. Cualquier agresión contra un ser humano es de inmediato una negación de la razón pero lo que ocurre con las mujeres agredidas y muertas es aún más preocupante porque a una falta total de escrúpulos se agrega una lamentable situación de “dominación” del varón sobre la mujer. Situación absurda que nos recuerda a la prehistoria, donde los hombres cazadores eran los que sustentaban a la tribu. En una sociedad que se supone ha avanzado y evolucionado miles años, en la que los roles de ambos sexos por lo menos se equiparan o deberían hacerlo, n os encontramos con una realidad que niega todo avance y se hunde en las tinieblas del mas salvaje machismo. “Soy hombre y te puedo hacer lo que quiera, pues eres mujer y además te considero de mi propiedad”, eso están diciendo a gritos y repitiéndose los infradotados que vemos agredir a sus parejas femeninas y que están apareciendo cada vez más en los medios.

En estos tiempos en que la violencia es vista como algo normal y celebrado, todo parece incitar a ella. Desde los juegos de video, pasando por los animes, las películas y muchos programas de TV hasta los tristes ejemplos que los medios nos presentan a diario. Ser “macho” es ser violento. “Los hombres no lloran” es un sonsonete que muchas veces se les inculca a los niños. La violencia es símbolo de poder: violencia física, violencia verbal, violencia mental. Esa violencia que en realidad demuestra incapacidad de resolver problemas, de pensar y que nos regresa a un pasado remotísimo donde el animal más violento, gana.

¿Qué puede pasar por la mente de un hombre para golpear, apuñalar, maltratar y finalmente asesinar a una mujer? ¿Qué puede ser para que no se arrepienta de haberlo hecho ni tenga remordimientos? ¿Cómo a veces pone de testigos a niños pequeños, en ocasiones sus propios hijos?

Nuestra sociedad, que a veces parece llamarse suciedad, está cayendo en picada, entretenida y arrullada por lo que se considera “moderno” y no es otra cosa que ruido e imágenes banales pero insidiosas que se meten por los oídos y ojos que tratan de buscar un norte y hallan caos.

Somos nuestros peores enemigos y nos destruimos minuciosa, sistemática y alegremente.

Los síntomas son claros. El asunto es tema recurrente en foros y conversatorios, en reuniones de expertos y lamentablemente en la realidad.

Según la Biblia, Caín mató a Abel y Dios lo maldijo y maldijo a su descendencia. El común hoy es ser no creyente y entonces de pronto lo que habría que hacer, además de aplicar las penas que correspondan, de acuerdo a ley, es que la sociedad entera maldiga a esos hombres y se les niegue eternamente el perdón.

 

ARTEMIO


Como de costumbre, trato de dejar pasar unos días de los sucesos acaecidos, para hacer un comentario.

Esta vez se trata de la captura de “Artemio” el terrorista que llevaba ese alias y que se había convertido en un leitmotiv de las noticias y lo que parecía ser un dolor de cabeza para quienes lo buscaban. Ha sido capturado, herido al parecer por sus propios compinches, animados seguramente por las recompensas ofrecidas. Resultó finalmente que no era amor al chancho sino a los chicharrones lo que tenían algunos de sus seguidores.

Al parecer se está cerrando un capítulo más de ese libro sangriento y demencial, cuyo autor purga prisión hace tiempo y sus más encendidos seguidores han ido desapareciendo.

Digo que es al parecer lo que ocurre, porque mientras no se cambie de pensamiento, se siga tildando de “caviares” a diestra y siniestra a muchas personas y las injusticias sigan aunque a veces se disfracen de modernidad, continuarán existiendo “adendas” al libro o capítulos agregados como el del movadef. Mientras en el Perú no entendamos que el poder no viene del fusil sino del conocimiento y pongamos en práctica el que nuestros hombres y mujeres no buscan ser “incluidos” sino participar activamente en su futuro, seguirá hirviendo la sopa amarga del descontento.

Siempre, de uno u otro lado, nos han dicho cómo teníamos que actuar, con los resultados que conocemos. Nos dijeron que la riqueza estaba en el guano o en el caucho y seguimos siendo un mendigo sentado, según ello, en un banco de oro. Nos dijeron que solo la sangre y el fuego podían hacer un borrón y cuenta nueva de las injusticias y ahora lloramos a nuestros muertos y hemos aprendido a odiar. Les creímos a todos, desde aquellos que nos cambiaron cuentas de vidrio por tierra volviéndonos esclavos hasta a los que pregonaron un cambio violento, una revolución sangrienta sin contemplar al hombre. ¿Hasta cuando nos dejaremos llevar por reflejos de viejos espejitos o por el color alegre de la sangre? Corrió la Historia y nos ha dejado en una esquina sin saber qué camino tomar, porque las equivocaciones son patentes. Parece que al contrario de lo que debía ser, no aprendimos nada de nuestros errores pues seguimos oyendo los cantos de sirena a izquierda y a derecha pugnando por ir detrás de unos o de otros.

Se ha capturado a un terrorista y con ello empieza un  período que ya dicen algunos servirá de pretexto a diversas organizaciones para declarar a este asesino una mansa paloma, o a otros que, triunfales, anuncian el final del senderismo: Otra vez son dos voces que seguirán subiendo de tono para hacerse escuchar, mientras que la voz del Perú profundo, la del  de a de veras, no se quiere ni oír. Hay mucha bulla de dinero cayendo, de fusiles cargando, de risas sin sentido, de proclamas vacías para que haya un silencio que le permita llegar a esa voz que está ronca de gritar que nos unamos: Que el Perú solo es uno y el camino del éxito necesita que todos lo pisemos para andar y llegar seguros y confiados.