TRISTEZA Y ALEGRÍA


Palabras contrapuestas.

Sentimientos que se mezclan…

De pronto, uno siente que la Esperanza está rascando la puerta, como un gato cariñoso, para que le abran…

Por la puerta, ahora, entra una bocanada de vida.

Gracias, Esperanza…

Imagen: http://www.comunidad.madrid

LA VIDA


Hoy es tiempo apropiado para detenerse y reflexionar.

Especialmente sobre lo que significa la Vida, que en estos días vemos desaparecer poco a poco a nuestro alrededor…

La Vida, que es evidentemente efímera, si la medimos por el tiempo…

La Vida, que está por encima de las nimiedades diarias y sube hasta las nubes, como un globo que vuela libre de cualquier atadura.

Imagen: es.dreamstime.com

LAS CURVAS DEL CAMINO


Toda la vida he preferido un camino con curvas, porque no sabes qué habrá en la siguiente vuelta…Ir así es descubrir, asombrarse y poder contemplar lo desconocido, que suele ser bello…

Es verdad que a veces, tras la curva, no es algo precisamente grato lo que encontramos, pero la siguiente nos puede deparar sorpresas agradables…

No me gustaría que el camino de la vida fuera una autopista recta, señalizada, segura; de esas, donde lo importante es la velocidad y no el paisaje, ni las vistas que hacen un álbum de recuerdos hermosos.

Además, un camino con curvas, pone a prueba la pericia del piloto y a mí, me gustó siempre manejar…

Imagen: es.dreamstime.com

EL ÚLTIMO DE LA FILA


Fila corta, porque están, en orden: Manuel Enrique, María Antonieta, Teté, Panchín, Lucho y Manolo.

Manolo, soy yo, el último de la fila de los Echegaray-Gómez de la Torre. El único que sigue por aquí, no sé por cuánto tiempo más…

Ser el último tiene ventajas y desventajas, como todo en la vida… Dependiendo de un “como sea”, la fila empieza por los más bajitos y los de mayor tamaño están al final. En mi caso, casi siempre fui de los primeros y ahora, bajito y todo, resulto ser el último…

Sí, como decían de mí hace muchos años, soy el “conchito” de la familia, lo que queda al fondo del vaso; de esa familia que “Tony” y Enrique formaron al casarse el último día del ya lejano año de 1931…

Esto de ser el último, conlleva responsabilidades, como ser la “memoria”, de nuestra familia corta –siempre aclaro lo de “corta”, porque el término “familia” es muy grande y en mi caso, extensísimo, sobre todo por parte de madre- y el depositario, tal vez involuntario, de pequeños secretos, álbumes de fotografía, cuadernos de poemas, papelitos con máximas primorosamente escritas a mano, libros, revistas, vajilla prosapiosa y dispareja, y sobre todo, recuerdos, de esos que son inmateriales, quedan almacenados en nuestra memoria, y brotan inopinadamente…

Esto de ser la “memoria”, lo aprendí de mi madre, en el caso de los álbumes de fotografía, que aún guardan muchas veces el pie descriptivo de cada foto, pero hay otras que no lo tienen y “Tony” era la memoria que veía y sabía sobre caras de personas y el aspecto de lugares que no tenían ninguna identificación.

Falleció mi madre y con ella murió “La Memoria”, así, con mayúsculas, porque mi pequeña memoria está llena de huecos, de lugares en blanco, de innumerables fotografías sin descripción alguna, donde las sonrisas y los paisajes parecen decir “¿No me reconoces…?”

Cuando me toque irme, seguramente quienes queden, tal vez por curiosidad, mirarán las fotografías que –por precaución “moderna”- guardo en la computadora y que he ido agrupando, unas con el nombre de mi madre, otras con el de mi padre, algunas más con el de Alicia, mi esposa y otras más, finalmente,  con el mío. Mis hermanos, los tres, figuran en el grupo de mi madre… Claro que en la “nube” (otra “modernidad”) tengo almacenadas cientos de imágenes, que me he prometido, así como identifiqué cada foto en el “archivo general” que hice con esas cuatro secciones, hacerlo “apenas pueda”, frase que en realidad debería leerse “mientras me quede tiempo” …

Ser “el último de la fila” es haber visto como la pequeña familia de padres y hermanos, se iba, es saber que, en algún momento, uno se irá “con la música a otra parte” …

Imagen:  Manolo en 1948. Foto por Manuel Enrique

EL TREN DE LAS CINCO


Todos los días iba a la estación, después de comprar un ramito de violetas…

En la estación, esperaba al tren de las cinco, que llegaría con ella, que se sorprendería al verlo, sonreiría, dejaría el maletín en el suelo y correría hacia él, se abrazarían y él le daría las violetas…

El tren se demoraba… El tren de las cinco no llegaba.

Él esperaba nervioso por la demora…

Al final, dejaba caer el ramito de violetas en un basurero y se iba, para volver al otro día y esperar el tren de las cinco, con un nuevo ramito de violetas y la alegría anticipada por verla sorprendida…

Y así, todos los días…

Imagen: http://www.officedepot.com.mx

CONTENIDO


En el aeropuerto, de regreso a su país, después de cuatro largos años, la máquina de rayos “X” no detectó nada y después de llegar, en el control de aduanas, le tocó la luz verde y salió con la maleta sin abrir.

Felizmente los rayos “X” no detectan los fracasos y frustraciones, los ires y venires en busca de solución, las traiciones, el llanto impotente, la falta de dinero, la vergüenza, ni alguna pequeña sonrisa desencantada…

Felizmente, al llegar, no le pidieron que abriera la maleta, porque no hubiera podido volver a meter en ella toda esa tremenda etapa de su vida, que había logrado encerrar entre las fauces negras de una maleta “Samsonite”, usada, de esas con clave.

Imagen: www.todocoleccion.net