LO URGENTE ES IMPORTANTE Y LO IMPORTANTE ES URGENTE


 

En nuestro país no hay tiempo que perder y lo real es que todo es importante. La mejora del nivel de vida de los peruanos no hace distingos regionales o departamentales. Tan valioso es un escolar de la selva, como uno costeño o de la sierra. El agua no vale menos que el oro y viceversa.

Hemos llegado a un estadio donde todo tiene el mismo valor e importancia. Se pedirá la priorización y el respeto a esta, pero lo que apura a unos, tiene que hacerlo con los demás.

Nadie en el Perú está en condiciones de ser postergado ni creo que tiene porqué resignarse a aceptarlo. Se ha esperado mucho y se han dilatado las esperanzas: no me refiero tan solo a los reclamos que desembocan en conflictos sociales, sino a la lenidad con que parece tratarse, por ejemplo una denuncia que se empieza a juzgar luego de nueve ,meses o los reclamos que hacen que se paralicen servicios esenciales.

En el Perú estamos hartos del “peloteo”, de ese estúpido juego donde coge silla el más “vivo” el más “rápido” y siempre se cuenta con poquitos lugares para tanta demanda. Si somos un país productor de papa ¿porqué hay desnutridos? Si tenemos un océano enfrente ¿porqué lo llenamos de basura y restos orgánicos haciendo que los “colectores” de múltiples desagües desemboquen en él? ¿Y los ríos no se mueren llenos de la contaminación que una minería asesina usa como botadero? ¿Porqué hay tanto vehículo que envenena el aire en las ciudades? Los miles de preguntas merecen no solo miles de respuestas, sino soluciones que no deberían requerir de colas ni de tickets para hacerse efectivas.

Se le pide paciencia y resignación al enfermo que ve avanzar su mal ante la indiferencia de quienes están obligados a curarlo: su buena disposición de nada sirve si no hay penicilina.

Creo que el Perú no puede esperar más: las “buenas voluntades” no son nada sin la firmeza de una decisión que se necesita corra transversalmente. ¿Seguiremos igual, esperando lo que parece inevitable?: la urgencia no conoce relojes ni la importancia acepta escalafones.