DIFÍCIL PARA COMER


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Las verduras han sido, son y serán mi némesis, entendida esta como venganza de la naturaleza sobre mí, porque desde pequeño, lo verde y hojoso que para otros es comestible, apetecible y gratamente digerible, para este servidor, importa lo que un dirigible (y es tan comestible como él); sé que se levantarán voces veganas de irritación, denostación o menosprecio y otras no partidarizadas pero simpatizantes, que así demostrarán estar en desacuerdo conmigo, pero francamente, no sé qué pueda hacer…

 

Mi padre, mi madre y mis dos hermanos mayores –que en paz descansen todos- perdieron la batalla y abandonaron cuando se dieron cuenta que los movimientos de cabeza que yo hacía de izquierda a derecha y viceversa, los ojos y boca cerrada, apretadísima, significaban no; que de nada valían los ruegos, amenazas, castigos, coerciones o premios. Algo dentro de mí  me impedía comer un plato de espinacas, una lechuga, coliflor, acelga, zanahorias, remolacha, pepino, berenjena, zapallo, caigua y otras variedades de lo que para mí ha sido siempre némesis, venganza, de esa naturaleza que me eligió (disculpen si aparento parecer importante) como chivo expiatorio por todo el estropicio que significa el hombre que arranca plantitas y  las come, que cultiva y espera el punto exacto, para que lo que coloreaba de verde, morado, rojo, anaranjado o amarillo acabe metido en una olla y servido en los platos, o se mastique crudo (“crudité” le dicen los gastrónomos) para servir de ejercicio al morder de incisivos y al triturar de muelas.

 

Hay muchas otras cosas que tampoco como, pero sería lago enumerarlas porque van desde los sesos hasta la ya famosa “patita con maní” que no es sino pezuña o pata y me disculparán de nuevo, pero no me provoca.

 

Sí, soy, he sido y voy a ser mientras respire, alguien difícil a la hora de comer, pero con los años que tengo, como poco y fácil: un sanguchito, un tallarín (con queso parmesano, plis), pizza, pollo a la brasa y papas fritas (pechuguita, no ala ni muslo, gracias), un cebiche (sin lechuga o camote, por favor, el choclo déjenlo), galletas, gelatina, algo de fruta (mi concesión al verde, junto con la palta), yogurt, chocolates y de tomar… Café, agua y Coca Cola clásica, en ese estricto orden de importancia.

 

¿Qué le vamos a hacer? Soy un fiel cumplidor de ese refrán que dice “Genio y figura hasta la sepultura”…

 

Imagen: pontesano.com

 

DE NÚMEROS Y VERDURAS


DE NUMEROS Y VERDURAS

Nunca me gustaron las matemáticas ni las verduras y mi padre, ingeniero, sufrió mi desamor por los números al tratar de explicarme lo que para mí eran misterios insondables y tan atractivos como una coliflor; mi madre fue la que descubrió primero que a su hijo menor le importaba más lo estético que lo correcto, un día en que la monja profesora la llamó al colegio para decirle que yo era muy formal y obediente, pero que no se explicaba de qué manera llegaba al resultado de las divisiones que hacía en mi cuaderno porque estaban ordenadas, limpiecitas, pero los números que haciendo la figura de un cono invertido ponía en la parte izquierda, no tenían nada que ver con el resultado que lucía a la derecha, bajo el signo de división.

 

Mi madre, en casa, me hizo la pregunta y yo le confesé que inventaba los números, pero eso sí, se veían muy bien…

 

Lo de las verduras fue aversión a primer sabor, creo, porque ni disfrazadas con la imaginación de doña Victoria, cocinera experta que llegaba a la casa a las 9.00 am y se iba a las 6.00 yo las comí nunca; a lo sumo probaba el disfraz y mis papilas gustativas encendían todas la alarmas, lo que hacía que me negara a comer.

 

De nada valieron amenazas, ruegos, premios o castigos porque algo en mí rechazaba lechugas, vainitas, brócoli, zanahoria, arvejas, espinaca, acelga, espárragos verdes, col, coliflor, berenjenas, beterraga, nabos, pepino, camote…

 

Sin embargo comía (y como) papa, tomate y palta. Hoy, tal vez un médico daría con la razón de lo que para mí ha sido siempre normal y que conste que respeto a los verdurófilos aunque pienso que los veganos son una especie de extremistas, pero yo, con las verduras… ¡Nada!

 

A mis 72 años sigo sin entender el amor por las matemáticas y opino que “¿Lechuga? ¡Para el canario!”

 

Imagen: emojiterra.com