JUEGOS DE GUERRA


guerra

Es el título de una película del año 1983, estamos en el 2013 y el nombre parece tornarse una terrible realidad, con la retórica y movimientos pre-bélicos que Kim Jong-un lanza y realiza desde Corea del Norte.

Tenemos aquí que una enemistad larvada, los rezagos de una división entre “rojos” y “blancos”, entre “buenos” y “malos”, despierta de una duermevela que ha producido desde el inicio los sobresaltos varios de una pesadilla.

El poco conocido heredero ha dicho que bastarán tres días para que el mundo salte en mil pedazos. El novel dictador amenaza blandiendo el terror atómico. El hablador armado pone en jaque a la tierra prometiendo desencadenar el infierno. Para él debe ser como accionar una consola de videojuegos, sintiéndose espectador impune y perpetrador justiciero. El mundo como en un gran videojuego: juego de guerra que podría acabar con el jugador y el mundo.

Mientras tanto, espectadores mudos, oímos las bravatas, el ruido de los sables y esperamos despertar de este sueño terrible donde el futuro es negro y la vida se acaba.

 

 

Y EL PERÚ… ¿CUÁNDO?


Sucede que los medios nos trae muchísimas noticias que yo llamaría “distractoras”. Nos desvían la mirada del verdadero país en el que vivimos y estoy seguro que la mayoría quiere seguir construyendo.

Cuando hay temas verdaderamente importantes que afectan lo medular de la nación, se resaltan hechos banales y hasta ridículos en un afán, aparentemente organizado, de ubicarlos como cruciales. No digo que todo deba ser tremendamente solemne y serio, pero me parece que una cosa es una cosa y otra, otra.

Asistimos a un carnaval de fuegos artificiales que intentan llamar la atención y desviarla de lo verdaderamente importante. ¿Es que somos un país de farándula y oropeles? ¿Es que no nos damos cuenta de que “van ganando” los malos, escudados en la alharaca cómplice de algunos medios? Es la sinrazón contra la razón. Es esa bulla insoportable que trata de tapar el buen sonido, para que destaque el que grita mejor. Mientras tanto, nuestro Perú real sigue invisible, para festejo de los que delinquen, porque creen que sobre esa invisibilidad podrán reinar.

Como peruano estoy harto de las payasadas y maromas que un grupo de funámbulos usa para distraer y llevar agua a su molino, que producirá la harina con que se amasa la vergüenza.

Espero que sea una pesadilla, un mal sueño, del que podamos despertar.