TRISTE RIMA: ¿PARA PROTESTAR HAY QUE MATAR?


CHARCO DE SANGRE

Las protestas en el Perú están tomando un cariz sanguinario que se traduce en los gritos de “¡Mátenlo, mátenlo…!” de la turba vociferante que estaba destrozando el cráneo de un policía acorralado, pateado, golpeado con piedras y que finalmente falleció.

Hay un manifestante muerto y dos pasajeros, que, sitiados por los que protestaban, no pudieron recibir el auxilio médico que sus enfermedades requerían y dejaron de existir. Los asesinos fueron todos y no fue nadie el asesino…

Protestar y matar. De pronto, las palabras que riman se convierten en una macabra realidad sinónima.

Entonces se busca a los culpables de las muertes y no hay ni un solo responsable.

Se dirá que fueron delincuentes, que hay agitadores, que las huaracas son para la defensa y que el derecho a protestar es constitucional. Se dirán muchas cosas, pero a los que están muertos nada de eso les devuelve la vida. Muertos por protestar, por restaurar el orden, por no ser atendidos.

Están muertos y junto con los heridos son las “casualidades”. Son número, estadística. Antes eran personas y ahora solo son resultados.

Sí, hay derecho a protesta pero no hay derecho a matar.

No se entiende; no se quiere entender que el agua y la tierra no valen lo que un hombre. No sirven sin el hombre. Y cuando el hombre mata a otros hombres, la sangre envenena la tierra.

ESPECULAR


ALPES FRANCESES

La palabra viene del latín “speculus”, que significa espejo.

Especular (“specularis”) es lo relativo al espejo. Los espejos solo reflejan las cosas.

Me parece que lo que se está haciendo mundialmente con la decisión fatal del copiloto del avión alemán siniestrado en los Alpes, es precisamente eso. Tal vez para conocer las razones de su acto o para satisfacer la curiosidad, casi diría el morbo, de algunos. Con esto no quiero decir que no esté bien que se investigue a fondo y se busque conocer las causas. Pero lo que pasó por la mente de ese muchacho no se llegará saber y me parece que las razones quedarán en el misterio.

Se ha dicho que quiso suicidarse y que tenía problemas psicológicos; que debería estar de descanso médico en esa fecha y que no lo dijo ni lo hizo. Se han tejido mil teorías, tratando de encontrar la causa de ese acto trágico. Y de pronto, como he leído en algún sitio, lo que quiso -porque parece que había tomado la ruta que permitiría ver el paisaje increíble que le había atraído siempre y fue su motor para aprender a volar- era deleitar sus ojos y tal vez hacer partícipes a los pasajeros de esa visión maravillosa. Es una especulación adicional, pero me parece más hermosa y humana que todas las demás. Se equivocó, provocado una desgracia. Murió y mató sin quererlo, tratado de disfrutar y compartir algo maravilloso. Quisiera quedarme con este pensamiento. Sus pasajeros y él se lo merecen.