CUANDO EL GATO LE GANÓ A LA PLANCHA


 

 

La noticia es breve pero debe concernir a cientos de miles de personas (y tal vez me quedo corto). Monopolio, el popular juego de Parker Brothers y ahora de Hasbro, ha reemplazado una pieza por otra. Esto no llamaría la atención si no fuera por la popularidad de un juego que  James Darrow un desempleado vendedor de calefactores eléctricos  patentó de la versión de Atlantic City del juego, basado en una creación de 1903, de Elizabeth Maggie.

Este juego que tiene como tema la compra y venta de bienes raíces ha atravesado el siglo y las diversas lenguas, permitiendo que el mundo se entretenga.

La sustitución de la pieza ha sido consultada con los fanáticos de Monopolio a través de Internet y así la plancha (no eléctrica, por supuesto, sino de las de peso, que se calentaban) ha cedido su lugar al gato, que con pasos sigilosos, ha entrado en el juego mundial.

Una vez más el gato hace historia, trayendo, esperamos suerte, a los jugadores que lo elijan, o a los que les toque. En una época de juegos de apretar botones, mover, pensando, las fichas en un tablero parecerá anacrónico, pero es divertido. Pregúntenselo a los fanáticos de Monopolio.

EL CASO DEL CAÑO QUE GOTEABA


Hace tiempo que un caño de la cocina primero goteaba y luego dejaba escapar un hilito de agua. La solución era simple: llamar a un gasfitero y que revisara y arreglara el problema. Nuestra hija Alicia María nos dio dos nombres y los teléfonos que tenía, de gasfiteros que hacían el servicio en el edificio donde vive. Llamé a uno y me dijo que estaba trabajando, que mi número había quedado registrado en su teléfono y que me llamaría. No lo hizo y al día siguiente volví a llamar, pero entré en “la contestadora”, dejé un mensaje y esperé todo el día sin resultados. Al siguiente día, un jueves, llamé al otro y me respondió que estaba trabajando, que por favor lo llamara el sábado. Así lo hice varias veces, sin ninguna suerte. El domingo una amiga nuestra nos dio el número telefónico de un gasfitero que trabaja de vez en cuando para ella. Le agradecimos y al día siguiente, al llamarlo,  la compañía de teléfonos me indicó que el número no existía. Insistí, obtuve la misma respuesta y llamé a nuestra amiga para verificar el número. Me dijo que sí era el que tenía, pero que ella llamaba y me avisaba. Por la noche hablé con ella de nuevo y me informó que efectivamente no era el número y que lo debía haber cambiado.

El chorrito no crecía mucho, pero se iba el agua  y encontré el dato del técnico gasfitero que nos había instalado la terma y venido una vez a corregir una falla. Hablé con él y me informó que estaba trabajando lejos de San Borja, que al día siguiente iría. Pasó un día y al llamarlo me comunicó que pasaría en dos horas. Pasaron seis y nada. Al volverlo a llamar, el teléfono me puso “en contestadora” y le dejé un mensaje. No devolvió la llamada ni apareció.

Regresamos con el problema a mi hija y nos dio el dato de como llegar a un gasfitero que tenía su puesto en el mercado de San Borja. Alicia fue para allá y encontró el lugar, pero no al gasfitero. Estaba su yerno y dio una tarjeta con teléfonos, diciendo que le avisaría al “maestro”.

Finalmente Alicia habló con él y quedó en venir el domingo a las 8.30 de la mañana: no vino. Lo volvimos a llamar como a las 10.30 y quedó en pasar al medio día. Llegó a la 1.30 p.m. chequeó la falla y dijo que volvería el lunes, porque había una pieza que comprar y las ferreterías entonces, estaban cerradas. Quedamos pues para el lunes a ninguna hora.

Llegó el lunes como a media mañana y en veinte minutos arregló la cosa. Le pagamos, agradecimos y dejó el caño funcionando.

¿Por qué no lo hice yo mismo?: porque no sé nada de gasfitería, porque aunque fuera muy sencillo, veo poco y mal. Por eso busqué un especialista.

Pienso ahora en todo el tiempo que pasamos con un problema menor, es cierto, pero sin obtener más que promesas y silencios. De pronto hubiese sido muy práctico buscar a cualquier gasfitero, pero ¿quién nos aseguraba un buen trabajo? ¿Dejarían ustedes entrar a un perfecto desconocido a su casa con los riesgos consiguientes?

Ya está arreglado el caño y todo funciona bien, es cierto, pero o hay una demanda excesiva de trabajo para los gasfiteros o los que nos tocaron no se interesan por hacerlo.

A veces nos quejamos de la falta de oportunidades y cuando hay una la dejamos pasar (supongo que para seguir quejándonos). Esta es una experiencia real, o como decía hace tiempo la publicidad de Lufthansa: “El comentario auténtico de un pasajero