EL SÓLIDO ESQUELETO


Lo encontraron debajo de toneladas de tierra, que ocultaban la Ciudad de los Sueños.

Parecía dormido, acostado sobre lo que fueron cojines gigantescos, hechos de esa seda que tejen, laboriosas, las arañas, de noche y que estuvieron recamados en plata.

Era inmenso, muy grande, todo de piedra-jade que, a pesar de milenios oculto, a la luz de los soles, respondía con brillos silenciosos.

El sólido esqueleto, hablaba de una raza de gigantes, que honraba a sus muertos y fabricaba estatuas de los mismos, para el recuerdo eterno.

Los dioses, que observaban el desenterramiento desde su atalaya en el monte nevado, parpadearon a coro y el esqueleto, de dura piedra-jade, despertó de su sueño, sentándose despacio y bostezando lento.

Esto vieron los soles que nunca se ponían; esto hicieron los dioses, parpadeando a coro y de pronto, la Ciudad de los Sueños, terminó convertida en una pesadilla, de la que nunca, nadie, podría despertar.

Imagen: antediluviana.blogspot.com

EL DRAGÓN


Soñó que alimentaba a un dragón, de esos que en las historias echan fuego por la boca y que cuando la abría para pedir comida,  un brillo rojizo la iluminaba y una vaharada de aire caliente le golpeaba el rostro.

 

Con una pala recogía el alimento y la echaba, llena, unas diez veces, en las fauces abiertas, que como las puertas del infierno, provocaban que el sudor le empapara el rostro y si hubiera estado con camisa, esta hubiera quedado totalmente mojada, porque su cuerpo entero transpiraba, el torso brillante con el color rojizo que el interior del ser que alimentaba producía…

 

Soñó que el dragón tenía como nombre un número: 666, el número de la Bestia y que cuando creía haber acabado y el dragón cerraba la boca y la oscuridad reinaba, al poco tiempo la volvía a abrir, pidiendo más comida y todo empezaba de nuevo…

 

El fogonero despertó sudando y al mirar el reloj vio que se había quedado dormido y llegaría con las justas a su trabajo, porque el tren salía todos los días a las 6 de la mañana.