EL TREMENDO JUEZ


Tremendo

No se sabe si reír o llorar con la sentencia emitida por un juez que parece tener más trastienda que una bodega de barrio. En todas partes han mencionado sus problemas que se evidencian al leer los inconexos pensamientos que trata de hilar en su pomposo escrito. Salta de un lado a otro y hace citas que contienen un error por lo menos. Con ímpetu justiciero (es un juez, pues) arremete contra quienes cumplieron su deber y en el afán del perdonavidas dice “respetar la voluntad popular” y no sacar de su puesto a la alcaldesa.

Lo que ha hecho es atraer como un imán la atención de todos, ha sido entrevistado por la prensa y ha “dicho su verdad” en la televisión para quien quiera oírlo y verlo, claro.

Da tristeza que la miseria humana se exponga de tal modo y que asuma que otros podrán modificar su fallo. Sabiéndolo trató de gritar fuerte y aparecer como una especie de Robin Hood criollo que será “derrotado”. Derrotado, no por los demás que ríen abierta o encubiertamente, sino por la misma Justicia, cuya imagen está vendada y de la cual se dice que es ciega, pero nunca que es tonta.