NOS REUNIMOS CINCO


Ayer he pasado todo el día con amigos de mi infancia y las conversaciones han ido de los recuerdos de instantes y personas, a temas de actualidad: la política y la “real”.

Es curioso cómo los años borran las diferencias, acentúan las opiniones y nos regalan un mirar que cuenta con la acumulación de las experiencias que cada uno ha tenido.

Hemos sido cinco visiones que en la mayoría de los casos coincidió a pesar de que no las compartimos entre nosotros seguidamente. Debe ser que la formación inicial ha sido tan resistente que han pasado los años y nos encontramos con unas opiniones coincidentes. Cada uno ha caminado su camino, ha hecho lo que la vida le permitió y ahora, cuando ya el tiempo ha pasado, pensamos igual, no por monotonía o por la flojera de disentir y las ganas de no discutir, sino porque en lo fundamental estamos de acuerdo.

Hemos estado lejos del ruido de la ciudad y las risas han sido las mismas de nuestra infancia. Las bromas que las han producido tenían un no sé qué de nostalgia y el calor de un  cariño fraterno hizo que pudiéramos viajar juntos al pasado común de nuestra años primeros y juventud.

Es bueno este imprevisto ejercicio de memoria y afecto que nos renovó a todos: los cinco sonreíamos al irnos despidiendo uno por uno, sabiendo que la esperanza se mantiene.

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SALTO EN EL TIEMPO


Ayer vino Jaime y me llevó para reunirnos con Pepe. Los tres somos compañeros de colegio y hace sesenta años que nos conocemos: la amistad es una de las pocas cosas que dura en esta vida. Dura hasta que uno de los amigos decide mudarse al barrio eterno.

Pero ayer, con guiños de sol y ánimo dispuesto, enrumbamos hacia Pachacamac, donde nuestro amigo vive.

Salir a la carretera y meternos entre un tránsito que me pareció no haber cambiado pues los camiones, microbuses y ómnibus siguen siendo los reyes de la ruta con las actitudes de “a mí-que me-importa-paro-donde-quiero-y- los-demás-friéguense”, esquivando algunos huecos, oyendo un poco de música y charlando fue para mí-que salgo muy poco- toda una aventura.

Demás está decir sobre los abrazos, las risas y los comentarios que nos brotaban. Estuvimos en un café, de una argentina muy simpática, llegó un hijo de Pepe, como de 40 y la conversación saltaba de uno a otro tema, como cuando se tienen muchas cosas por decir y poco tiempo para hacerlo. Muy bueno el café y deliciosos los trocitos de brownie que venían de cortesía y de allí enrumbamos, otra vez los tres (yo con ayuda, por supuesto) para sentarnos al aire libre, en la plaza, rodeando una mesa donde seguir conversando.

Es que para eso nos habíamos reunido: para charlar, recordar y planear alguna cosa en conjunto.

Demás estaría decir que pasamos rápida revista a las anécdotas e íbamos hilando una cosa con otra: un nombre traía el recuerdo de otro, este una fecha y aquél un recuerdo. Así nuestro viajar como rápidas lanzaderas en un ir y venir por el tiempo, hizo que el presente volara y se acercara peligrosamente la hora de partir, porque Jaime tenía una cita impostergable en Lima: con los médicos no se juega.

Finalmente, sin que ninguno de los tres se animara a terminar, fuimos caminando (yo, con ayuda, otra vez) hasta el carro para decirle ¡chau!” a Pepe, dejarlo de pie en la placita de “suPachacamac y prometernos una pronta re-reunión para seguir tejiendo con ese hilo maravilloso que empezó allá por el año 1952.

Haremos algo juntos, porque es imperativo hacerlo y coincidimos en eso cuando comentamos los tres que no podíamos estar “sin meter las manos” en algo. ¿Y qué mejor que, como los Tres Mosqueteros: “Uno para todos y todos para uno”? Fue un hermoso “salto en el tiempo”, que nos llevó a muchos lugares, devolviéndolos junto con las personas, para hacer ese hermoso tapiz que empezamos a tejer cuando éramos chicos.

Volvimos al tránsito carretero, a la “hora punta” de la llegada al mediodía y a Lima, que para ser franco, se veía distinta aunque el sol se ocultaba tímidamente entre las nubes y el cielo mostraba su clásico color “panza de burro”.

YO TAMBIÉN SOY PAPÁ


Este domingo se celebra el día del padre, es decir que también es “mi día” y hoy viernes cumple años mi hija Paloma que vive en Buenos Aires.

Día del padre: una fecha buena para pensar en algo que se aprende con los años de práctica, sobre lo que abundan los consejos e historias de experiencias vividas, pero que siempre es como si fuera la primera vez que sucede.

Ser padre es una responsabilidad y una aventura: cada día es distinto y lo es cada hijo. Se puede desear el camino, pero emprenden su ruta. Como hicimos nosotros. Como lo hicieron tantos que nos antecedieron.

Miro atrás como padre y los años se juntan convirtiendo los días en anécdotas y trayendo recuerdos: el tiempo de colegio, los amigos, las esperas nocturnas, las risas y las bromas. El tejido de la vida en común. Soy padre pero también soy hijo, miro atrás y ahora sé que mi padre tal vez pensó lo mismo y así, retrocediendo encuentro que siempre existió la alegría de crear nueva vida y hacerse responsable tratando de ser guía.

Ser padre es ser alegre y enseñar un camino sabiendo que tal vez el sendero escogido será otro y nos va a parecer que así está bien.

Ser padre es ser maestro con cantidad de lecciones que enseñar. Ser hijo es aprender. Y así está bien.

 

“…QUE SOMOS LOS BUENOS MUCHACHOS…”


Fue una reunión esperada y por lo que he visto en fotografías excedió las expectativas.

Los “muchachos” de la promoción “San Luis Gonzaga ´63” del colegio de la Inmaculada, se reunieron en “La Estancia Gozosa” de José Luis Camborda y esposa, el sábado que pasó, con el fin de… ¡reunirse! y seguir con la línea de amistad que empezó tantos años atrás.  Estuvieron muchos con sus esposas,  nosotros, que hubiéramos querido estar allí, no pudimos ir por un tema doméstico.

Puedo imaginar las risas, las conversaciones, los chistes y como afloraba aún pasado el tiempo, ese espíritu juguetón y escolar que siempre hubo.

No fue una reunión de “rencuentro” porque son personas que nunca dejaron de verse, antes bien, casi disciplinadamente los primeros sábados de mes hay un desayuno y algunos días reuniones en el bar “Queirolo”. Es curioso, pero los “Gallinazos” formamos un grupo muy unido, a pesar de que algunos están fuera de Lima en países tan lejanos como Indonesia. Las anécdotas y los “¿te acuerdas?” deben haber corrido imparables haciendo que de pronto toda una historia que a veces se creyó olvidada bajo el polvo del tiempo, salga a flote y arribe a las costas del presente. Profesores ausentes y compañeros que ya no están, junto con quienes por una u otra razón no pudieron ir, fueron de seguro los grandes recordados.

La compañía de quienes caminan junto por la vida puso como siempre la nota amable y “aterrizada” para la mayoría. Es bonito ver como hemos crecido incorporando a tantas mujeres, en lo que es, yo diría, una promoción mixta, adelantándonos a lo que hoy ofrece el colegio.

Un día de sol, de relax, de buena comida y bebida moderada, disfrutando una amistad que empezó hace años y que se prolonga en el tiempo y las familias.

Hablaba al principio de las fotografías que me llegaron y son tantas, que solo he elegido al azar algunas para ilustrar este post. Cada una de ellas transmite felicidad y vuelvo a usar la palabra, amistad. La que ha hecho que perduremos como grupo humano, sembremos y demos fruto. Es que así nos educaron, diciéndonos que nos apoyáramos siempre los unos en los otros. Diciéndonos que no importaba lo que hiciéramos, lo hiciéramos bien, para tratar de ser los mejores.

El tiempo, la distancia y la realidad dan la razón cada día a quienes nos lo pidieron. Esta reunión es una prueba de ello.