QUÉ HAY DETRÁS


Movil Jorge Octubre 2012 038

Cuando las cosas suceden solemos sospechar que tras lo manifiesto está aquello que se nos culta. El dicho aconseja “piensa mal y acertarás”. Por desgracia, las sospechas se suelen ver confirmadas así como la veracidad del dicho.

Hay mucho que no se expresa de otra manera o simplemente se escamotea para tratar de presentar algo de un modo “aceptable”. Pensar mal se vuelve un hábito cuando sentirse engañado es recurrente. Parece que a tontos se dirigen y creen que disfrazando las cosas sonreiremos bobaliconamente y seguiremos adelante sin darnos cuenta de la realidad.

Me parece que hay un error y tal vez otro dicho dé una pista del origen de este: “El ladrón cree que todos son de su condición”. El error está e no pensar que hay gente distinta y que escapa de la marea de basura que quieren hacer creer que es un mar bello, azul  y calmo. La equivocación estriba en juzgar con una medida tomada de la estatura mínima que la moral de los que juzgan tienen. No se dan cuenta que ya nos dimos cuenta y que el engaño no funciona. Que la costumbre de pensar mal y buscar detrás de cada cosa ha logrado que sea muy difícil contar cuentos. Cada día crece esa legión de escépticos que duda de lo dicho, averigua versiones diferentes y no se queda con lo primero que oye, repitiéndolo como aves parlantes, esas conocidas por loros.

El país está harto de mentiras, ahíto de embelecos, cansado de presenciar un “yo no fui” constante, una repetida comedia que deviene en sainete por la nula calidad de su argumento.

Basta ya de mentiras y de trampas que están de uno y otro lado sin distinguir derechas de izquierdas. Hace poco decía que el término “indignados” parecía haber perdido su verdadera fuerza de tanto repetirse, banalizarse y no encontrar la acción correspondiente.

Indignarse, mientras no se haga nada, será pura retórica y se verá bonita la palabra en las pancartas. La indignación pide siempre una acción. Y me parece que es tiempo de tomarla.

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VOLVER AL PASADO


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Mucha gente piensa que “todo tiempo pasado fue mejor” sin darse el trabajo de mirar lo que sucede a su alrededor y avizorar en algo el futuro.

A través de un juez que adelantó opinión y como diría Cervantes “de cuyo nombre no quiero acordarme”, se retornará a un estado de cosas que ya creíamos superado.

Lo de “La Parada” no termina y como dije en un post anterior, la Hidra renueva cabezas, porque el incentivo es muy grande. El poder que parece llamarse Poder Perjudicial, falla en favor del caos, la suciedad y el desorden. Falla en favor de quienes agreden a Lima y a sus ciudadanos, haciéndonos creer que “la justicia actúa”, sin importar que con una institución como esa los narcotraficantes salgan de prisión impunemente, los asesinos caminen por las calles y la delincuencia ponga en jaque a la sociedad.

La ambición personal, el dinero como acicate y la absoluta falta de vergüenza logran este “volver al pasado”. A un pasado nefasto donde el crimen impera y bajo capas de mugre y desperdicios se esconde lo peor. ¡Pobre nuestra ciudad! Estará condenada mientras no se mate a la Hidra, porque cortando sus cabezas solo se logra que le nazcan otras nuevas. La corrupción es la Hidra a la que hay que matar. Urgentemente.

COMERSE EL MUNDO


Hace algún tiempo, quería comerme al mundo. Mi medida, como dice Marina, el filósofo español, era la desmesura. Creí que todo lo podía y aquello que intentaba me daba la razón. Hoy sé, años después que el centímetro es finito y que debo cuidar los bocados para no engordar demasiado, porque me hace mal, masticar despacio y ver al mundo no como una presa posible, sino como una realidad escurridiza que muestra aristas poco amables y amenazadoras diría, a veces.

El tiempo ha ido modulando mi ánimo y a pesar de seguir con los ímpetus de siempre, aprendí a esperar, a tener paciencia a conversar, que según Ramiro Prialé no es pactar, con otros o conmigo mismo. Me he dado cuenta que no gano absolutamente nada con querer resolver las cosas de inmediato, salvo la frustración de escuchar que tengo que postergar la decisión.

No se trata de abdicar, se trata de aprender a esperar. Siempre usaba el dicho chino que rezaba: “Siéntate a la puerta de tu casa y verás pasar el cadáver de tu enemigo”. O todo o nada.

Ahora creo que es más veraz el decir: “Deséale larga vida a tu enemigo, para que pueda ver tus éxitos”. La vida y lo que esta me viene dando año tras año han ido haciendo una especie de yo, en mí, que en otro tiempo no hubiera reconocido. En ocasiones mi hija mayor dice que me he ablandado: Lo que yo le diría es que he comprendido. Me he dado cuenta, que el tiempo, ese valor inelástico, se ha ido agregando y trayendo con él enseñanzas. Muchas lecturas de diferente tipo, conocer personas variadas, relacionarme con alumnos que he descubierto como una nueva manera de aprender, tropezar con mis equivocaciones y sacar las consecuencias. Todo ha ido formando esto que soy hoy y que piensa que mis padres tenían razón.

Es curioso, pero de un  tiempo a esta parte sé que estoy caminando por un sendero más estrecho, pero que lleva a lugares hermosos. La carretera de cuatro carriles se ha reducido y con ella se han ido la bulla, la velocidad y la competencia. Ahora discurro a pie y aunque los pasos sean cuesta arriba, los valoro, porque sé que estoy pisando firme. Lento, pero firme.

Atrás quedan los momentos de atolondramiento y de no ver lo que me rodea por llegar antes. ¿Llegar a dónde? Uno llega a un punto de no retorno. Hoy, paso a paso, disfruto de lo que hay y lo que el día y la noche me van regalando.

Sentir el viento en la cara, como decía en otro post, es mucho mejor que correr para no llegar tarde a una cita. Trato de no llegar tarde, por respeto a los otros, pero me preocuparía más si eso me impidiese sentir el viento.

No es que haya cambiado, ablandándome. Es que ahora pienso que primero es lo primero y voy a situarlo ahí en el tiempo que me quede.