“LLUVIA” DE ARAÑAS


Lluvia

“En el video, colocado en Internet esta semana, se ve a cientos de artrópodos colgados en una enorme tela de araña tejida entre varios postes de electricidad.  

Las imágenes grabadas por uno de los testigos son parecidas a las de una película de terror. Una de las voces atolondradas que acompañan la grabación, describió lo visto como “una lluvia de arañas“.  

Todavía se desconoce lo que causó tal conducta de los arácnidos. Lo que sí se sabe es que se trata de la especie ‘Anelosimus eximius’, que se destaca por un marcado comportamiento social: suelen formar colonias de muchos individuos y cooperar en tareas comunes. Su veneno no representa ningún peligro para los humanos.” (Fuente:www.rt.com) http://actualidad.rt.com/sociedad/view/86216-video-llueven-aranas-pueblo-brasileno

 

Una “lluvia” de arañas parece haber caído en una ciudad de Brasil.

La grabación muestra una gran tela de araña y muchos de estos bichos caminando o descolgándose.

Una vez más algo que de momento no tiene explicación lógica, sucede. De pronto con un poco más de tiempo e investigación se conocerá el origen, pero por ahora, la noticia se suma a extraños sucesos como “lluvias” de sangre y caída de animales tales como ranas, también en forma de “lluvia” y sin razón aparente. Casi todo termina teniendo una explicación, pero ¿y lo que no? En nuestro planeta a veces pasan cosas que se parecen salir de toda lógica. Y francamente que “lluevan” arañas, aunque sean inofensivas no es muy agradable.

Anuncios

LA CORRUPCIÓN ES COMO EL CÁNCER


INPE Fuente RPP

Hace metástasis y mata.

Este ejemplo no es nuevo y sin embargo, al revés que con el cáncer que se previene y puede curarse, sobre el tema de corrupción no parece hacerse nada, porque la corrupción otorga beneficios a quienes están en ella.

Las muestras son tantas, que ya parece una constante, una enfermedad endémica y que implica un peligroso contagio: “Si él lo hace, le va bien y no le pasa nada… ¿yo por qué no?”.

Entonces la cadena sigue girando y se adquiere más velocidad; la velocidad emborrona las cosas y produce sensaciones varias.

De pronto, la corrupción que se pudo prevenir se toma como habitual y ya no se hace nada “porque así es, pues”.

¿Es el Perú un país corrupto? No lo creo.

Verdad decía Gonzales Prada cuando escribía que en el Perú donde se pone el dedo salta el pus. La corrupción tiene larga data aquí y la dejamos avanzar con la excusa de que si no, las cosas no se hacen.

¡Qué pobre razonamiento que lo único que hace es servir de coartada a los corruptos! El prurito de individualidad total, nos hace ir por nuestro camino sin mirar a los demás. Nuestro propio beneficio, nos hace ciegos. La ceguera permite que vayamos hacia el abismo.

A veces se avisa pero raras veces se oye. Somos como los monitos: no vemos ni oímos. Tampoco hablamos.

Ni siquiera olemos el peligro y si nos dan a probar, creeremos que la corrupción sabe bien, cuando está flotando en el ambiente el miasma de la podredumbre.

 

 

 

SOCAVÓN


 

He escrito y vuelto a escribir este post, por eso es que lo voy a subir a la red un poco tarde, Lo que sucede es que ninguna de las tres ideas que desarrollé me parecían lo suficientemente aceptables para compartir. Es claro que hubiese podido poner alguna de ellas, pero no creo que a quienes me leen les hubiera interesado siquiera, porque finalmente aunque a veces lo parezca, este blog no es un “diario íntimo” que se abre un poquito para que se puedan ver sus paginas. Escribo para quienes me leen y les debo, por lo menos, algo medianamente interesante.

He seguido, como todos, la odisea de los mineros atrapados por un derrumbe en el socavón donde trabajaban. La primera impresión fue de horror al saber que las vidas humanas valen menos que un poco de metal y comprobar que la necesidad arriesga la cordura. De otro modo no creo que esos hombres hubieran puesto en peligro sus vidas.

Lo otro que pensé es que los atrapados debían sentirse además de casi perdidos, víctimas de unos medios que con el pretexto de la noticia, hacían preguntas fuera de lugar y relataban “para la audiencia, en vivo y en directo” las dificultades y peripecias de los rescatistas; daba la impresión de que se frotaban las manos por la noticia y hablaban a la cámara como si fueran ellos los protagonistas.

Todos los que podían y no tenían porqué estarlo, estaban allí, declarando y esperando. En vez de una larga vigilia en espera de un final feliz, parecía un conciliábulo de aves carroñeras, dispuestas a pelear a picotazos por el mejor trozo. Una vez más la desgracia desnuda de inmediato las segundas intenciones de los que se aúpan y empujan para salir en la foto.

Tal vez tampoco debería publicar este post, pero no puedo quedarme callado y digo lo que pienso, que no es grato ni deja buen sabor. Gracias a Dios el rescate fue un éxito y la movilización sirvió de algo. Pero se sigue hablando de atacar el problema de fondo, que no creo que sea la informalidad sino la miseria y falta de oportunidades: dudo mucho que a nadie le guste vivir a salto de mata.

El Perú crece y con ello los problemas. Lo que deberíamos hacer crecer a toda velocidad es nuestra capacidad de dar soluciones. El país está lleno de diagnósticos, harto de ellos. Hay que hacer las cosas y para tal fin debemos comprometernos todos.

RULETA RUSA


IMAGEN: http://www.mundoruleta.com

Ayer asaltaron a un compañero de trabajo: saliendo con un amigo de una cabina de Internet fueron encañonados por dos delincuentes, mientras en el auto -un Chevrolet negro, del servicio de taxi, seguramente robado- esperaban otros dos. Felizmente ambos asaltados están vivos aunque sin sus pertenencias y con un susto mayúsculo.

No tuvo tanta suerte el Director del penal Castro Castro: lo abalearon en la puerta de su casa, temprano, cuando salía para trabajar. La policía “baraja” hipótesis; el hecho es que lo mataron.

Salir a la calle se ha convertido en una verdadera ruleta rusa, donde el premio es un balazo, o varios.

En todas partes se escribe y se lee sobre la inseguridad ciudadana. Se ve en la TV, se escucha en la radio y se respira en el ambiente.

Los delincuentes son cada vez más audaces y restan total importancia a que se los identifique. Matan por robar una cartera, un par de zapatillas o unos pocos soles. Atacan sin discriminar: no les interesa la zona, la hora o el lugar. Lo hacen sin que las consecuencias de sus actos les importen un pito.

Y sus víctimas reales y potenciales, nosotros los ciudadanos, estamos desprotegidos. O por lo menos esa es la sensación que se vive diariamente: hay que estar atento, mosca, no vaya a ser que a uno le pase y… bingo!

Cárceles hacinadas, delitos “menores”, “palomilladas”, “barras bravas”… Vivimos en el medio de la violencia, como si lo hiciéramos en uno de esos juegos de video que se llamara “Ciudades peligrosas”, porque ya esto no es patrimonio de Lima la urbe, la descontrolada gigantópolis sino de cuanto nombre figura en el mapa de nuestro país.  La violencia se ha convertido en una realidad cotidiana que  encallece sentimientos y conciencias  paralizando las reacciones. Para muchos la violencia es un juego, hasta que hay un muerto cercano. Entonces se reacciona pero es por muy poco tiempo; después el revoltijo en el que se ha convertido el Perú hace que el adormecimiento gane.

No nos extraña ver cómo se abalean los “hinchas”, cómo algunos sub-normales rompen a patadas un muro histórico con padres que los justifican y que mueran policías y soldados a manos de criminales que a veces se llaman terroristas, otras narcotraficantes, otras sicarios y otras delincuentes nomás. Qué está pasando en este Perú del que se dice que sale de la crisis, que va camino de la superación, que exporta paltas, pisco, uvas y muchísimo más?

Hay una responsabilidad del ciudadano, es cierto, pero el Estado (con mayúscula) tiene el deber de protegerlo. De otro modo, la ley del viejo Oeste Norteamericano (porque la Ley de la Selva se dio aquí y resultó con los muertos de Bagua) será cualquier cosa frente a la que aquí se arme. Porque ya se está armando y esta ruleta rusa parece ser a la inversa: el revólver tiene cinco balas y sólo una recámara vacía.