PAÍS DE OPORTUNIDADES


Cubos, uno de color

Así como ayer escribía sobre este nuestro país y sus sombras a veces tenebrosas, hoy las sombras me hacen ver que sin la oscuridad no sería notoria la luz. Y es precisamente sobre esta luz de la que quiero tratar: la famosa luz al final del túnel? No. Aparece al final , es incierta y en la oscuridad las distancias se falsean.

La luz a la que me refiero es ésa que brilla siempre y que los peruanos sabemos ver a pesar de oscuridades, neblinas y distancias. La luz permanente de las oportunidades. Dicen que el kanji de problema es igual al de oportunidad. No sé si será exactamente cierto, porque no soy un conocedor de los símbolos chinos o japoneses de escritura; pero si no lo fuera, merecería serlo porque detrás de cada problema se agazapan las oportunidades. Es cuestión de saberlas ver y aprovechar.

Y repito que en éso, los peruanos somos especialistas. A veces para “sacarle la vuelta” a lo establecido y para obrar de manera  incorrecta. Reino de la piratería, lo bamba y la guiñada de ojo, el Perú podría encauzar esta creatividad, este usar las oportunidades,  de un modo positivo. A veces parece que lo que nos falta es que nos digan qué está bien y qué no lo está. Y digo a veces, porque el instinto de supervivencia que anima a estas acciones no suele hacer distingos. Llenar el estómago es una prioridad vital. Llevar algo de dinero para que la familia pueda salir a flote también lo es.

No quisiera justificar con ésto un accionar equivocado, pero creo -estoy seguro-  que reorientar las cosas ayudaría. De pronto el éxito no es tan grande, pero sí efectivo. Recuerdo muy bien cuando en el inicio de la presidencia de Alberto Fujimori, el ministro de economía nos dijo a través de la TV que el ajustón era tan grande que  “Dios se apiade de nosotros” y al día siguiente TODO había subido, sorprendiendo  a casi toda la población (salvo seguramente algunos “insiders” que tomaron sus previsiones). En medio de este desbarajuste, mi ruta hacia casa por la av. Javier Prado, vio aparecer a un desempleado que vendía…fósforos!. Los ofrecía por las ventanillas de los autos. Cuánto podía costar una caja? Diez centavos a lo sumo? Tiempo después, la misma persona ofrecía cigarrillos sueltos y en paquete, además de los fósforos. Luego agregó encendedores y sumó una bandejita con correa para mostrar su mercadería.

Encontró una oportunidad y la fué haciendo crecer. Y estoy seguro que siguió así. No robaba, no trampeaba con los contenidos. De pronto cobraba un poco más que una bodega, pero era una compra con  “delivery”, de ocasión. Llegaba hasta ti con los productos que ofrecía.

Sucedía lo mismo con un señor ya entrado en años que en un azafate cubierto por una servilleta, ofrecía porciones de keke casero, preparado según me contó, por su esposa, cuando se encontraron en serias dificultades porque él había perdido su empleo. Tiempo después lo vi ofreciendo sus kekes, pero embolsados y con su marca: “Casero” impresa en un sticker.

Las oportunidades aprovechadas. La necesidad como acicate y motor. La resolución de un problema (que no otra cosa es la creatividad) de un modo ingenioso y a la mano, sin mayores pretensiones.  “Como para empezar” diríamos.

Y así millares de ejemplos: hombres y mujeres que en el Perú prefieren lun trabajo inventado al robo, al engaño o a la plata fácil del narcotráfico. Así los cultivos alternativos a la coca  han demostrado que el cacao peruano no sólo es bueno sino muy apreciado fuera; que se puede salir -con esfuerzo es verdad- sin necesidad de engañar a la vida y a uno mismo.

El Perú es un país de oportunidades. Sólo tenemos que tomarlas porque casi todo está por hacer. Entonces, cuando escucho hablar de los emprendedores, me doy cuenta que están hablando de la inmensa mayoría de hombres y mujeres que habitan este territorio llamado Perú. Un territorio  que limita con la necesidad, la desesperanza y los problemas. Un territorio que está poblado por la imaginación aunque dentro tenga sus propias cordilleras burocráticas por ejemplo.

Las oportunidades están ahí. Hay que saberlas identificar y luego aprovechar; de pronto habrá que quitarles las espinas, eliminar una cáscara poco atractiva y con las pepas  hacer collares. Total, como decía el “Cumpa” Donayre: “Nosotros somos súbditos del temblor y el terremoto…: viva el Perú, carajo!”.

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OPORTUNIDAD


oportunidad

El mundo está lleno de oportunidades.

A veces nos quejamos, porque sentimos que la desgracia cae por todas partes sobre nosotros, como lluvia ácida.

Sin embargo no vemos que al reverso también están lloviendo oportunidades.

Lo digo, porque cada vez que converso con un taxista que tiene título universitario y tuvo que buscárselas porque perdió su trabajo que creyó estable, o hablo con alguien que tiene un pequeño negocio y busca la manera de crecer, me doy cuenta de que a pesar de las trabas y las dificultades, las oportunidades están ahí, para el que se anima a buscarlas; para el que no teme engrasarse las manos y meter los zapatos en el barro o mojarse íntegro.

Oportunidades que muchas veces dejamos pasar porque no se nos ocurre vernos  desarrollando tal o cual actividad, o ejerciendo aunque sea temporalmente un oficio determinado. Lo que sucede, pienso, es que creemos que las cosas deben venir a nosotros. Nos acostumbramos a la espera. Y de pronto se trata de salir a buscar: tocar puertas, pasar la voz, ofrecer. Estamos habituados a que nos pidan algo y entonces empezar el ciclo.

Nos hemos olvidado que afuera hay un mar de necesidades  de todo tipo y en vez de preguntarnos cómo podemos satisfacer algo de ésa demanda, nos asombramos con la habilidad de otros,  contentándonos con mirar y muchas veces envidiar.

Esto, por supuesto, no nos ayuda en nada. Primero, porque no tenemos en cuenta las necesidades, sino lo que ofrecemos. Es que, insisto, nos quedamos en la etapa en que venían a nosotros a pedir; y dábamos lo que teníamos, porque éso era lo que buscaban.

En segundo lugar, porque nos hemos vuelto pasivos. Se ha perdido nuestro espíritu cazador del principio.

La gran pregunta es si lo que yo ofrezco es valioso para las necesidades que existen;  si no lo es tal como está, debo adecuarlo. Y la acción importante a emprender es el retorno a la búsqueda.  Sin una oferta clara y adaptable,  y sin la suficiente audacia para buscar las oportunidades, seguiremos vegetando;  quejándonos y mirando como otros sí pueden cruzar las aguas caminando. Porque creen en ellos mismos. Porque saben que si dudan, se hunden.