CHICHA CANERA


 

Somos un país “chicha”, donde todo parece apuntar a conseguir que lo malo sea bueno y lo prohibido, lícito.

Es muy triste que las noticias lo confirmen y, por ejemplo, lo sucedido en un penal, visto el domingo en TV y con las evidentes secuelas, resulta por decirlo de alguna manera suave “mágico” porque en ninguna parte creo yo, donde exista un mínimo de orden y sentido común sucede algo así.

La celebración del cumpleaños de un interno, con orquesta, comida, trago e invitados, bajo las mismas narices de las “autoridades” infringiendo todas las normas y haciendo gala de olímpico desprecio por lo establecido, ya no legalmente sino por aquello que supone tener dos dedos de frente, es algo que podría inscribirse en un “realismo mágico”, pero de magia negra.

Por supuesto que ahora vienen las destituciones, los traslados, las sanciones, los “yo no fui”, “yo no vi nada”, “no es mi competencia”. Después del terremoto se barren los escombros, se riega la calle y se sigue como si nada hubiera pasado, hasta el próximo movimiento sísmico, que seguramente tardará o si no “ya veremos”.

Estamos acostumbrados a vivir entre basura, echando desodorante de ambiente y pintando las casas para esconder la miseria.

El problema de los penales es un mal endémico y se ha seguido agregando sobre la mugre. Los resultados, a todo color, llegan a los hogares regando de basura a la sociedad.

Se convive con eso, se le tolera mientras no se lo vea.

Se dice el pecado pero no se nombra al pecador y caen los peces chicos, los que se venden por centavos, mientras quienes deberían responder por la podredumbre siguen tan orondos y fingiendo escándalo.

Somos un país “chicha” con una vocación suicida increíble. Y lo peor es que parece gustarle a la mayoría.

EL CAMINO EMPIEZA CON UN PASO


 

 

Hoy es lunes y escribo esto sin saber qué dicen las noticias, sabiendo de antemano que no serán buenas.

No se trata de pesimismo sino de vivir inmerso en una realidad donde lo malo resulta cotidiano y lo poquísimo positivo, resalta como noticia. Y  a veces ni alcanza a ser noticia porque no parece interesar a nadie. Hace un buen tiempo escribí algo parafraseando a “Cambalache”, el tango y hoy sigo pensando que las cosas andan patas arriba. Como si no se quisiera que se ordenen aunque sea un poco, todo anda trastocado y fuera de lugar. Y esta realidad parece replicarse, multiplicándose.

Ayer nos reunimos, por casualidad, en casa, con mis primos y dos amigos de colegio. Las conversaciones se hicieron pronto una sola y los 7 estuvimos de acuerdo en que solo la educación sacará a nuestro Perú adelante y que lo mismo pasa en casi todo el mundo. Es un trabajo que necesita abarcar a varias generaciones y que, Dios quiera, si se empieza dé resultados. Suena a lugar común, resulta un tema manido, pero la crisis que hoy vivimos evidencia que la educación no importa. En el país contamos con un presupuesto ridículo para desarrollarla y en los países donde se puede, parece que no se quiere.

El ser humano, para serlo, necesita educación. ¡Qué lejos estamos de eso! Importa más lo que resulta accesorio y no parece tan mal caminar hacia un abismo.

No hay recetas. Existe solo un trabajo duro y la perspectiva es la de esforzarse. A nadie le gusta la situación si está en su sano juicio: ¿por qué entonces no tratamos de revertir el cambalache? ¿Por qué tenemos que vivir un tango que significa miseria y desesperanza? ¿Por qué?, digo yo…

SOCAVÓN


 

He escrito y vuelto a escribir este post, por eso es que lo voy a subir a la red un poco tarde, Lo que sucede es que ninguna de las tres ideas que desarrollé me parecían lo suficientemente aceptables para compartir. Es claro que hubiese podido poner alguna de ellas, pero no creo que a quienes me leen les hubiera interesado siquiera, porque finalmente aunque a veces lo parezca, este blog no es un “diario íntimo” que se abre un poquito para que se puedan ver sus paginas. Escribo para quienes me leen y les debo, por lo menos, algo medianamente interesante.

He seguido, como todos, la odisea de los mineros atrapados por un derrumbe en el socavón donde trabajaban. La primera impresión fue de horror al saber que las vidas humanas valen menos que un poco de metal y comprobar que la necesidad arriesga la cordura. De otro modo no creo que esos hombres hubieran puesto en peligro sus vidas.

Lo otro que pensé es que los atrapados debían sentirse además de casi perdidos, víctimas de unos medios que con el pretexto de la noticia, hacían preguntas fuera de lugar y relataban “para la audiencia, en vivo y en directo” las dificultades y peripecias de los rescatistas; daba la impresión de que se frotaban las manos por la noticia y hablaban a la cámara como si fueran ellos los protagonistas.

Todos los que podían y no tenían porqué estarlo, estaban allí, declarando y esperando. En vez de una larga vigilia en espera de un final feliz, parecía un conciliábulo de aves carroñeras, dispuestas a pelear a picotazos por el mejor trozo. Una vez más la desgracia desnuda de inmediato las segundas intenciones de los que se aúpan y empujan para salir en la foto.

Tal vez tampoco debería publicar este post, pero no puedo quedarme callado y digo lo que pienso, que no es grato ni deja buen sabor. Gracias a Dios el rescate fue un éxito y la movilización sirvió de algo. Pero se sigue hablando de atacar el problema de fondo, que no creo que sea la informalidad sino la miseria y falta de oportunidades: dudo mucho que a nadie le guste vivir a salto de mata.

El Perú crece y con ello los problemas. Lo que deberíamos hacer crecer a toda velocidad es nuestra capacidad de dar soluciones. El país está lleno de diagnósticos, harto de ellos. Hay que hacer las cosas y para tal fin debemos comprometernos todos.