MINAS


La frontera con Chile está minada y el agua descubrió el peligro.

Dentro tenemos otras minas, que no por conocidas son menos explosivas. Me estoy refiriendo al espinoso caso de la minería ilegal. Una minería que llamaríamos de sobrevivencia y que sin embargo ocupa a miles de hombres, mujeres y niños. Una fuerza capaz de cerrar carreteras y conseguir con ellolo que evidentemente nunca quisieron o pudieron: ser notados. De pronto (según algunos medios) aparecieron bloqueando accesos y poniendo en jaque la seguridad e integridad de por lo menos, los viajeros que transitan las vías por ellos tomadas. Exigen derogar una ley que los declara ilegales, mientras ocupan y trabajan en áreas protegidas. Su actividad es ilegal: son ilegales. Pero ahora se sienten “traicionados” por una ley que los hace ver como lo que son y quieren que desaparezca para seguir operando. Una especie de trabajadores en falsificaciones del jirón Azángaro, reclamando que lo que hacen es “para subsistir” y además, está bien.

La minería en nuestro país parece tener muchas divisiones: la formal, la informal, la ilegal y la bélica en la frontera sur. A su vez creo que ninguna es absolutamente limpia. Unas contaminan, otras además roban y depredan y la última mata.

El Perú es un país minero y esto es sabido desde mucho antes  del tiempo en que nuestro territorio era colonia española y se decía “Vale un Perú” para hablar de algo que valía mucho.

Las minas puntean el país, algunos ríos llevan mineral aurífero y los problemas internos graves son causados por minería, minas y mineros. También nuestro pujante desarrollo se nutre de una actividad que por desgracia presenta varias caras y provoca dicotomías como la de agua u oro, que son pretexto o para la inacción o para acciones violentas. Dicen que el dinero no trae la felicidad y las divisiones que provoca la minería, que es dinero, son fracturas que a veces se consideran insalvables.

La minería tiene que irse modernizando, ha de formalizarse  y debe estar al servicio de los hombres y no al revés. Lo que es inadmisible es la ilegalidad. Si ella fuera la norma, estaríamos sujetos a los dictados del más fuerte, el más numeroso, el mejor armado, el que más dinero tenga para que haga lo que quiera. Ser pobre no es ser ilegal. Los derechos de los demás no pueden ser pisoteados en nombre de una “justicia” que lo sea solo para unos cuantos.

Sé que el sistema no es absolutamente justo, pero la justicia no puede hacerse por mano propia. Hay leyes que deben respetarse para vivir en sociedad. Leyes que marcan linderos entre deberes y derechos.

El tema es complejo, pero creo que se están dando los pasos para caminar por un buen camino. La minería ilegal no está lejos: está allí donde se antepone de todas maneras, el bien personal antes que el bien común. El Perú es un país minero y las minas que depredan y matan deben desaparecer.

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