¿CONGA VA?


 

 

Creo que es una pregunta, más que afirmación.

Una pregunta que según algunos tiene la respuesta de un “sí” con modificaciones y para otros es un rotundo “no”: en realidad la pregunta actual debería ser ¿A donde va Conga?

En un momento disyuntivo como este, las partes, que conforman el país, ocupan lugares que se enfrentan y tratan de maquillar con palabras, altisonantes unas y aparentemente conciliadoras otras una realidad que va mucho más allá del ya famoso dilema “agua u oro”. Se trata del país de las oportunidades perdidas, el de las promesas ayer y muchas veces incumplidas. Ese Perú que vivimos día a día y en el que nos hemos acostumbrado, desgraciadamente, a no confiar. Donde nos engañan a cada paso y donde lo que es terrible, de pronto se transforma en óptimo o no tan malo. Estamos a la defensiva porque muchas veces nos dijeron cosas que luego no serían verdad. Unas veces nos entregaron un helado que se veía apetitoso y sabía muy mal, haciendo daño. Otras veces nos amenazaron en vano con el lobo.  El resultado es el que vivimos: no se cree que la minera rectifique ni se cree al gobierno, por un lado y por otro no se cree en la veracidad de una protesta. La bulla impide el diálogo y mientras tanto la fisura avanza y crece sin que nadie gane. “Ganar-Ganar” es lo que se busca y se niega el equilibrio, porque nadie parece querer avanzar algo hacia la solución real. Tímidos escarceos se estrellan con férreas negativas. No basta que en el Perú prometan: la Historia ha demostrado engaños sucesivos y resulta muy difícil convencer que esta vez si será. Por eso “Conga va” requiere tener un contenido que satisfaga a todos e involucre a los que con buena voluntad y esperanza quieren vivir en un Perú que sea equitativo y justo. Ahí han de ir dirigidos los esfuerzos.

NO HAY TREGUA NI PAUSA


Un fin de semana sin escribir hace que se acumulen los sucesos y las noticias ofreciendo un panorama amplio… ¡de desgracias! Tratar de hablar sobre la coyuntura parece que nos diera un panorama sombrío al qué referirse. Entiendo que nadie lee para revolcarse sobre las heridas y menos en el inicio de una semana. Muchas cosas buenas han de estar sucediendo en el mundo, sin embargo el comentario no puede dejar atrás tintas oscuras.

Como el caso minero de Conga, que no parece dejar satisfecha a la población cajamarquina, por más modificaciones que se hagan a un plan original que amenazaba la ecología al extremo de tener que optar por el oro o por el agua.

Aquí, en Lima, a kilómetros y kilómetros del terreno, el tema se conoce sólo por lo que se lee, se escucha y se ve. De un lado y de otro las razones tiran, pero me da la impresión que en medios de comunicación la minera tiene una posibilidad más amplia de dar las suyas. Los cajamarquinos, por más agrupados que estén solo pueden aspirar a ser noticia y ya se sabe cómo se dan las noticias…

El dictamen de los expertos contratados fue objetado sin conocerse y desautorizado por una población que siente una verdadera amenaza y no cree en las promesas de una compañía que al parecer no dijo la verdad e hizo lo que quiso. Quien falseó lo cierto una vez, puede, dicen, volver a hacerlo. Y cualquier falla por pequeña que pudieran tener, será magnificada y mostrada como ejemplo. Se repite el viejo dicho: “La mujer del César no solo tiene que ser honesta sino parecerlo”. Las buenas intenciones aparentes, no bastan y la disyuntiva continúa a pesar de todo: agua u oro. Sin embargo creo que se olvida que el oro no es la única solución, pero a los amigos cajamarquinos les costará mucho más alcanzar el desarrollo real, que no se mide en raudas camionetas mineras ni en fortunas hechas al amparo del brillante metal. Se mide en el trabajo productivo de los campos, en ese poner toda la energía y la creatividad a funcionar en una región que es rica. Rica en mineral y en mucho más. Pienso que se pide escoger, sin ni siquiera, por ambas partes, ceder un poco para admitir lo bueno. El que “sólo la minería salvará al país” es una mentira grande que ya trajo problemas desde que se nos vio como un terreno de donde había que sacar. No hemos pensado en poner. En mucho tiempo las industrias extractivas, muy rentables, han ido depredando el territorio sin dejar prácticamente nada: allí están el guano, el caucho y la anchoveta, muy notorios. Conga no debería ser una repetición de las desgracias. Los cajamarquinos no lo quieren. Supongo que el Perú tampoco. Parafraseando a la esposa del presidente peruano: “¿Es tan difícil hacer las cosas derechas, bien?”