MINUCIAS


BOLSITA

Fui para botar la bolsita pequeña para papeles y basuritas que cuelga de la manija en la puerta de la cocina;  allí estaban papelitos varios, la borra del café que había preparado temprano y las colillas de los cigarrillos que mi hija Paloma había fumado (en el balcón exterior, cerrando la puerta-mampara) producto de limpiar el cenicero que ella usa (el único en casa y que es un tronco de árbol, ya seco pero con corteza y todo, ahuecado un poco en la parte superior para que cumpla su función de receptor de ceniza, colillas y algún fósforo ya quemado cuando Paloma no utiliza un encendedor)…

CENICERO

En la bolsita que amarré y eché a la bolsa grande para desperdicios, estaban los rastros del único “vicio” que me va quedando después de haber dejado de fumar y de tomar alcohol en general (nunca tomé el de fricciones ni las colonias, aclaro) por eso de los infartos y ACV’s y los rastros de Paloma, que es tan o más “cafetera” que yo y que fuma (aún)  en forma consistente…; lo del vicio “fumatélico”  me trae a la memoria que mi padre -que no fumaba- contaba una anécdota de no sé qué Papa de la iglesia católica, que le ofreció un cigarrillo al sacerdote con el que conversaba y este cortésmente dijo: “Santidad, no fumo: no tengo vicios…” a lo que el Papa respondió (supongo que sonriendo maliciosamente): “Hijo, si fuera vicio, lo tendrías…”.

 

Sí fumé: cigarrillos con y sin filtro, alguna vez por pura monería con una pequeña boquilla (“para filtrar la dañina nicotina”) marca “DeNicotea”  que se puso de moda, puros y en pipa. Si me pidieran “valorar” mis experiencias húmicas diría que en primer lugar está el fumar en pipa, luego los puros, después los cigarrillos sin filtro, luego los con filtro y finalmente, abandonada por pretenciosa y boba, la boquilla; al final y supongo que lógicamente, me dio el primer infarto al corazón cuando tenía 37 años y dejé de fumar… cigarrillos y entonces el médico me dijo que si quería, podría fumar en pipa, total, el humo no se absorbía y no llegaba a los pulmones…, sin embargo después de un par de intentos no insistí y lo dejé: ahí quedaron casi 300 pipas diversas, adminículos de limpieza (fieltros, rascadores, un descarbonizador…), bolsas de cuero para llevar el tabaco y otras para tabaco y espacio para pipa, mueblecitos de madera para colocar las pipas y guardar utensilios piperos, racks de madera también, pero de madera de teca (eso decían al menos las etiquetitas doradas: “TEAK WOOD”), un encendedor especial para pipas que parecía un soplete, el envase para tabaco picado que Alicia me regaló y que todavía conservo (y conserva el olor característico que me acompañó por 20 años), ahora como guardián de las pronto inútiles liguitas de jebe que vienen en mi auxilio a veces. El envase es de madera muy dura, de forma medio cónica, con una tapa del mismo material rematada por un pajarito de plata con apariencia pre colombina y largo pico…

TABAQUERA

TABAQUERA & LIGUITAS

Después, por corto tiempo, fumé puros (muy elegantes, pero caros, Partagas, Conde de Montecristo y otros de menor abolengo, origen y precio), finalmente nada, niente, I don’t smoke, thanks, pero sin tener ese talante de los que se convierten y que están convencidos de la necesidad imperiosa de reclutar a los demás para la causa.

 

Confieso que me perdí entre recuerdos y recuentos y creo que de lo que esto se trataba era sobre un “vicio” ido y otro (el café) que permanece a despecho y sabiendas de la hipertensión, lo bastante como para haber valorado suficientemente la respuesta del médico al que pregunté, a insistencia de Alicia, sobre cuántas tazas de café podía tomar diariamente; al decirle que mi “dosis” era de 4 al día, más o menos; me miró, y dijo: “Usted es hipertenso, ha tenido cuatro infartos…hmmmm…., bueno… ¡cada uno escoge su manera de morirse!”: eso me da tranquilidad, porque por lo menos será bastante clara la razón de mi óbito.

TAZA

Y regresando a mi acción mañanera de limpieza, diré nada más que cambié la bolsita por otra sin usar, la puse bien anudada en la bolsa-basurera-madre y me vine a oír música (de piano y jazz, por supuesto) en la computadora (¡Youtube bendito!) y a escribir esto, que no tiene mayor significación…

 

 

Fotos: Bolsita, Cenicero, Tabaquera,

Tabaquera ahora para liguitas, Taza para café.

EL JOVEN ENRIQUE


EL JOVEN ENRIQUE

Mi amigo Lucho le decía a mi padre “el Joven Enrique” y a mi madre “la Niña Tony”, tal vez porque en las películas de vaqueros que tanto nos gustaban y veíamos en el cine Balta de Barranco, siempre había un “joven” que se llevaba a la “chica” y él en vez de chica, cariñosamente, llamaba “niña”  a Tony; no lo sé con certeza, pero esa manera de nombrarlos definió siempre algo especial para mí.

 

Hoy, 14 de setiembre, hace ya años, el Joven Enrique murió mientras yo le hacía masaje al corazón y su amigo de siempre, médico cardiólogo, le daba respiración boca a boca hasta que pasados unos minutos me dijo que lo dejara, porque la sangre ya no llegaba a su cerebro y se echó a llorar mientras mi madre rezaba…

 

Casi a fin de este año, el 26 de diciembre, el Joven Enrique hubiera cumplido 115 años y se fue un año que se ha borrado de mi memoria, como se borran de ella las muertes de quienes sigo queriendo aunque no estén conmigo porque prefiero recordarlos en la cotidianeidad de sus sonrisas…

 

Tener juntos en el corazón y en las cosas familiares al Joven Enrique y a la Niña Tony que cogidos de la mano caminaron su camino enseñándome con el ejemplo que el amor es lo que permite vivir, hace que cada día sea como ese ayer que aunque sé que se ha ido, está en los recuerdos que se quedan amables; por eso, hoy que es viernes, me desperté pensando en el Joven Enrique y en que se fue en el día de la Santísima Cruz, el nombre de la parroquia a la que perteneció en Barranco.

SONRISA PAPY0002