DESDE LA TRIBUNA


Después de cincuenta años jugando, estoy sentado en la tribuna, viendo el partido. Ha sido uno muy largo, con múltiples entretiempos y que hoy continúa, pero, aunque siga siendo el mismo juego, las reglas parece que hubieran variado o que las viejas normas ya no se respetaran, tildándolas de “obsoletas” o en algunos casos                            –maliciosamente tal vez- de “venerables” …

Fuera de la cancha, la vista es panorámica y se puede seguir las jugadas sin contacto con la pelota, sin los obstáculos que suponen los demás jugadores, tampoco sufriendo “amistosos fouls”, ni lidiando con cansancio que agarrota las piernas…

Fuera de la cancha, si uno es un viejo jugador, hincha de ningún equipo, salvo del fútbol en sí, persiste la emoción y desaparece lo demás, para disfrutar, para en todo caso, pensar que uno, de haber estado jugando, hubiese hecho tal o cual cosa…

Ahora, fuera de la cancha, tal vez veamos más claro y tengamos eso que se llama “visión de conjunto”, que equilibra el ánimo y atempera momentáneos ardores… 

No podemos dejar de opinar, pero nuestro parecer es el del que ya estuvo en esa situación, la superó con éxito o se equivocó y tuvo que aprender del error…

Lo que sí se extraña es jugar. Sentir la adrenalina borbotear. Recibir el pase inesperado, patear y meter gol. Saltar de alegría, revoleando la camiseta.

La publicidad, para mí, ha sido ese largo y emotivo partido, del que ahora, que estoy en la tribuna, hay cosas que no entiendo. Me parece que la velocidad está ganando al cerebro, que las reglas se saltan por “quítame estas pajas” …

Me gustaba más el partido cuando era jugador, pero eso ahora no importa, lo que no es obstáculo para que extrañe las reglas viejas y las dificultades. Para que extrañe ese parar la pelota y el silencio que uno siente en el estadio, cuando va a meter gol.

Publicado en el blog “Mente Mochilera”

Imagen: elcomercio.pe

LA BUENA ESTRATEGIA


martes, 30 de marzo de 2021

Ciertamente, ejemplos de estrategias de mercadeo que funcionan o han funcionado para productos, especialmente de consumo, hay muchos y sería iluso tratar de opinar sobre esas acciones de mercadeo victoriosas, y digo victoriosas, porque en un universo donde diariamente su mueven miles, lograr el triunfo, la victoria, es o debiera ser relevante.

La Buena Familia”, desde que vi la frase asociada a “San Fernando”, el –originalmente- productor de pollo y luego de sus derivados gastronómicos, además de huevos, me pareció un acierto fenomenal, porque si algo consume la familia peruana, es pollo y la familia de “San Fernando” que formaron en 1948 los Ikeda, se ha ampliado enormemente, porque los consumidores de sus productos (si no me equivoco, “San Fernando” tiene un 35% del mercado), son “parte de la familia”, de “La Buena Familia”: La familia peruana = La familia ”San Fernando =  ”La Buena Familia”.

Como dicen, “mejor, se malogra”.

La feliz asociación de lo que significa la familia en protección, hogar, calor personal y núcleo social tradicional en todas partes, pero específicamente en este caso, en el Perú, me pareció y me seguirá pareciendo, un verdadero acierto.

En el IPP, me tocó enseñar a una de las chicas Ikeda y un día, María Isabel Manzanares, que también fue alumna mía en el IPP y luego trabajó conmigo durante un tiempo, me sorprendió cuando me hizo llegar una lata de pechuga de pollo en trozos, con la etiqueta impresa, que decía “Los Echegaray” y debajo, “La Buena Familia”.

Tengo que decir que “Manzanita” (en clara alusión a su apellido) como le decían cuando trabajamos juntos, me sorprendió maravillosamente con este acto, que, si bien era una magnífica acción de “fidelización” que estaba en marcha, demostraba cariño y recuerdo hacia el amigo-compañero de trabajo-profesor…

No puedo decir que la idea de la “personalización” de las latas, sea de ella exclusivamente, porque no lo sé, pero sí que antes de que el contenido desapareciera velozmente en casa, logré fotografiar el producto y guardo esa fotografía como un verdadero tesoro. ¡Qué buena manera de convertir a un consumidor en “fan”… ! Desde estas líneas te digo, María Isabel querida, que… ¡TE PASASTE!

Tal vez les suene extraño, exagerado, mi entusiasmo y un poco fuera de tiempo, pero –y este es el comentario real de un consumidor- esa lata de pechuga de pollo en trozos, con “Los Echegaray” y “La Buena Familia”, me llegó al corazón e hizo que yo – que siempre tuve gusto por los enlatados, por su manera práctica de satisfacer pequeños o grandes “caprichos” comestibles, al extremo de haberle obsequiado a Alicia, mi esposa, en los primeros días de nuestro matrimonio un libro de Aldo Guglielmone con ilustraciones del famoso Quino, que se llama “¡Viva la lata” y que contiene recetas varias, utilizando comidas enlatadas, diciéndole –sin decírselo- que no se preocupara por cocinar, que para eso estaban “las latas”, porque ella era pintora, no cocinera y yo, un “latófilo” empedernido…- no solamente quedara deslumbrado, sino que viera reafirmada mi preferencia, por los enlatados, por el pollo y por supuesto, por ”San Fernando”.

Nota: Tengo que aclarar que no me une ningún vínculo comercial con “San Fernando”, nunca trabajé para ellos, no me pagan nada por este pequeño artículo y que yo sepa, “Mente Mochilera” tampoco tiene nada que ver…

Publicado en el blog “MENTE MOCHILERA”.