ÉL SABOR DE LOS DÍAS


Cada día tiene un sabor diferente: los hay dulces, amargos, ácidos, con sabor a fresas, chocolate, a pastel de choclo y a pan recién hecho. Sabores de la infancia que acompañan a la lluvia o al sol; sabores que se disuelven lenta y perezosamente como un caramelo. Cada día tiene el sabor de un sueño y casi siempre deja huellas que se borran y son remplazadas al promediar el siguiente o al empezar la mañana. Sabores que van desde la alegría luminosa hasta el mal sabor de los momentos malo. Ningún día es soso o desabrido.

Y de sabor en sabor va pasando nuestra vida que está signada por gustos diversos que nos dicen de un hoy familiar, de amigos o solitario. Por gustos que no se mezclan y que conservan lo que los hace únicos para nosotros.

Llevo ya muchos años de este probar sabores y me doy cuenta que son tantos que agradezco poder probar cada día uno nuevo: eso me mantiene vivo, expectante y con la curiosidad puesta en el sabor de mañana. Diría que el descubrirlo, me hace avanzar y eso es una hermosa manera de ser feliz.