TODO LLEGA


LaMuerte

La noticia de la muerte de Videla no hace sino confirmar que todo llega alguna vez.

Ahora se encuentra con sus víctimas, esas que tendrían que haber estado en su conciencia. Ahora, igual que ellos está donde no se regresa. Todos se fueron sin querer, a unos los mataron y a Videla se le apagó la vida.

No sé si el encuentro haya sido tremendo o que es cierto lo del cielo e infierno y estén separados. Lo que creo es que él vivió todos sus días últimos un infierno interior donde los gritos de los torturados serían el fondo de su sueño y vigilia.

Llega la muerte y en apariencia lo equilibra todo, pero yo estoy seguro que hay cadáveres cuya alma -si tienen- no podrá descansar.

DEBERÍA SER POR LA FUERZA DE LA PAZ…


El Gobierno peruano decretó el estado de emergencia en Espinar, en el Cusco, con el fin de calmar un poco los ánimos y ante el desborde total de desmanes que con motivos varios se han cometido en los últimos días. Otra vez el tema minero, pero en esta ocasión la decisión de los promotores de emplear la fuerza y no aceptar el diálogo ha puesto, no solo al Gobierno, sino al país entero entre la espada y  la pared.

Estamos ante algo que parece claramente decir: “si no me haces caso, te pego y aunque me hagas caso, te pego igual

Llegamos pues a un nivel en el que todo se resuelve con la ley de la selva. De nada valen intenciones de diálogo ni razonamientos. La violencia es el argumento de quienes piden lo que se podría alcanzar mediante una conciliación.

Se necesitan muertos y heridos, vandalismo, piedras, bloqueo de carreteras y todo tipo de tropelías para decir “no nos oyen” y así ocultar la propia sordera.

En una conciliación, ceden algo las partes: no en el enfrentamiento. Parecen haber motivos subalternos, subterráneos, para resistirse a razonar y “cerrarse en banda”.

El Perú, decía, está contra la espada y la pared con esto. Si llegaran a ganar, sería aparentemente el triunfo de la sinrazón. Se niega toda posibilidad de diálogo en un país que necesita hablar para ir zanjando sus problemas. Se opta por las piedras y los gritos en lugar de las palabras. Mientras tanto, en el medio, una población desconcertada y mal informada es víctima de los que quieren pescar a río revuelto, apareciendo, curiosamente, allí donde se agitan las aguas. Aguas que ellos empezaron a mover para sacar tajada del poder: político o económico. Un pedazo propio conseguido sin importar muertos, heridos o destrucción. Sin tener en cuenta que el chantaje de los secuestros es señal de criminalidad: se esconden bajo el manto de la “justicia popular” que produjo también los linchamientos en todo el mundo. Creo que el Perú se merece mucho más que heridos, muertos, piedras, secuestros y desmanes. Es la hora de detenerse a hablar, de usar la razón antes que la fuerza.

 

SIN ARGUMENTOS


Vuelvo a decirlo: aunque lo quiera no puedo dejar de escuchar los tonos imperiosos, casi gritados, con los que una vecina exige a su hijo deberes, orden y atención. El otro día el niño le decía a su madre que porqué se desquitaba con él y al final rompió en llanto, mientras lo seguían increpando y le pedían que se callara: “¡Tú cállate! ¿Me has oído? ¡No llores y cállate!”

El niño ya no decía nada, solo lloraba. Finalmente hubo un portazo y silencio, punteado por los esporádicos sollozos de la criatura.

No sé que drama familiar se esconde en esta demostración de “pedagogía”, pero no me parece que gritar e imponerse por el poder sea un método educativo. Es cierto que muchos adultos pierden la paciencia frente a situaciones dadas, pero normalmente sucede cuando sienten que ellas se escapan de sus manos, o ven amenazada una equívoca autoridad.

Parece ser que gritar es el modo de discutir de algunas personas que no conciben que se les lleve la contraria o que se cuestione su actitud. Las muestras de esta conducta nos ofrecen niños con caracteres ariscos, modos de ser huraños y comportamientos agresivos. ¿Qué puede pensar un niño si ve que los argumentos de su padre o su madre son los gritos, las amenazas y los golpes? ¿Cómo puede pedirse reflexión a un adulto que ha sido abusado verbal o físicamente por quienes le dieron la vida y deberían guiarlo hacia algo mejor que el resentimiento? Es verdad que hay niños capaces de hacer perder los estribos, pero la culpa suele ser de una pésima educación, esa que se entiende por obediencia ciega y punición en casos de falta.

Vuelvo a decir que no sé cual es la verdad que se esconde detrás de los gritos y el llanto de mi vecindad, pero me da la impresión que la carga emocional diaria se vacía en el que no puede defenderse, por edad, posición o situación.

Las frustraciones personales encuentran un desahogo en los gritos y órdenes imperiosas, a veces en las amenazas o los golpes. Me subleva tal hecho, porque el miedo del vencido se transforma en la ira desatada del déspota. No hay nada peor que la persona que se “desquita” con sus hijos de un mal día de oficina.

Mis padres siempre razonaron conmigo sin dejar de ser por eso rigurosos. De ellos aprendí y no creo en las inútiles bravatas de quien no tiene argumentos y no quiere darse cuenta que su posición es equivocada. “La letra con sangre entra” es un dicho que con el tiempo genera venganza, revancha contra todo aquello que signifique autoridad, a la que se ve como impositiva y ciega.

La Ley del Talión no creo que sea la más adecuada.