NO ME COMERÍA A PIERCE


Pierce

Sí, ya sé que hay personas que comen gato.

Yo no lo haría y no creo que nadie se coma a su compañero (excepto la Mantis Religiosa a su ocasional y final pareja, post coitum).

Pierce, la gata da muestras diarias de una inteligencia y percepción que ya quisieran tener muchos. Lo mismo debe suceder con todos los gatos, que comparten casi completo (95.6%) el genoma del tigre, del cual se separaron para andar su camino evolutivo hace más de 10 millones de años. Para quien guste de los gatos, lo que yo pueda decir aquí será poco.

Dicen que cuando el hombre de las cavernas llevó al perro a su cueva, este pensó: “Curioso este ser que me acoge, me da de comer, camino con él, juego con sus hijos, duermo y me acaricia. ¡Debe ser dios!” Sucedió lo mismo con el gato, que pensó a su vez:   “Curioso este ser que me acoge, me da de comer, camino con él, juego con sus hijos, duermo y me acaricia. ¡Debo ser dios! Cuestión de óptica y una letra.

Los “Comegato” del mundo ¿se comerían a Hello Kitty o a los gatos Tom y Félix?

Anuncios

30 GATOS


www.BancodeImagenesGratuitas.com -Criaturas-5

En realidad, lo que me motiva a escribir esto es el Censo Nacional.

Me dirán  “¿qué es lo que tienen que ver los gatos en esto?”.

Muy sencillo: la señora que nos vino a censar cuando asomó Pierce, la gata, para ver quién había venido, nos contó que en un momento tuvo… ¡30 gatos!

Con Pierce acomodada, hizo las preguntas que tenía que hacer y se quedó un rato conversando luego; en la charla dijo que recogía algunos animales abandonados al principio y luego fueron dejándole gatos de todas las edades.

Era una persona bastante joven, alegre y muy cordial. Entonces comprendí que tenía sentada en mi sala a una de las personas que hacen la diferencia. Que piensan de otro modo y creen que la caridad es mucho más que las palabras.

Estaba recorriendo las casas, censando y le pedían un mínimo de doce visitas diarias. Tocar puertas, lograr ser recibida, vencer las resistencias, entrar y preguntar; ir llenando la ficha y después ir donde otro vecino o vecina y repetir el ciclo. Muchos no estarán, no querrán recibirla o dudarán de plano en confiar los pocos datos que  pide; sin embargo, ha de cumplir su “cuota” de entrevistas dejando la constancia en cada casa censada y un “sticker” azul pegado en la puerta que indica: “VIVIENDA CENSADA”.

En la conversación que sostuvimos, nos contó que era ama de casa, que tenía dos hijos que ya iban a la universidad, que su esposo estaba en las Fuerzas Armadas y que ella había trabajado dejando casa por casa las constancias de los miembros de mesa, que la ONPE enviaba. Su esposo le dijo que esto iba a ser bravo, que de pronto, era mejor que no lo hiciera. Pero ella, treja, tomó el reto y se fue a preguntar casa por casa. “Cansa un poco” nos dijo, sonriendo, tal vez como una disculpa. Luego que ella se ha ido a censar otras casas, me he quedado pensando que hay hombres y mujeres que se están repartiendo por todo este Perú, tocando timbres, puertas; siendo bien recibidos, echados o ignorados quizá, pero están trabajando y es un trabajo que parece sencillo pero es duro: el país tiene calles y casas pero también hay cerros, hay ríos y nuestra gente vive también en lugares perdidos.

Ahora nuestra ¿“censista”, censadora”? dice que ya no tiene 30 gatos recogidos, sino tan solo cuatro: le hacían lío en el lugar donde vive, a pesar que siempre se ocupó de que estuviera limpio, de botar desperdicios y mantener el orden. Pero claro, treinta gastos maúllan y para el vecindario el concierto debe ser insoportable.  “Los fui colocando poco a poco” nos dice y lo hizo con personas que amaban a los gatos.

Ella vino a censarnos, se quedó conversando, hizo migas con Pierce, nos contó de los gatos y se fue para cumplir las encuestas del día. Me dejó un “sticker”  azul, la constancia del censo y una inmensa alegría de encontrar a una de esas personas que hacen fácil y feliz lo difícil y siguen su camino sonriendo sin pensar que ayudan a construir el país que queremos. ¡Ella vale un Perú!

 

IMAGEN: http://www.Banco deImagenesGratuitas.com

EL MEJOR REGALO ES UNA SONRISA


sonrisa

El gato de Chesire, personaje de Lewis Carroll en “Alicia en el país de las maravillas”, sorprende a todos desapareciendo gradualmente y dejando solo su cabeza visible. Es condenado a muerte y la reina discute con el rey y el verdugo sobre cómo se puede decapitar a alguien que solo tiene cabeza. El gato hace desaparecer su cabeza gradualmente hasta que no queda sino una gran sonrisa, haciendo notar a Alicia que muchas veces habrá podido ver a un gato sin sonrisa pero nunca a una sonrisa sin gato. Siempre para mí esta escena del famoso relato, fue dentro de la magia total que me transmitió, la que más impresión me causó. Y siempre pensé que la sonrisa de un gato (porque dicen que los gatos no sonríen nunca) era un maravilloso obsequio.

Y en esta Navidad quiero compartir contigo, que me haces el favor de leer esto que escribo, algo tan hermoso como una sonrisa. Es el obsequio que te ofrezco, porque tengo la certeza de que no hay nada igual en el mundo. Una sonrisa franca, que haga brillar los ojos, iluminarlo todo y recordar lo bueno que sucede. El mundo está lleno de lágrimas y sufrimientos y es el momento de sonreír para cambiar las cosas. No importa, como al gato de Chesire, que hayan amenazado con “cortarte la cabeza”. Sonríe y todos verán como lo demás desaparece excepto la sonrisa, porque nadie puede cortar una cabeza que no tiene cuerpo. ¿No te hace sonreír esto?

¡Feliz Navidad!

 

ZOOTEMA


 

 

Ayer fue el “Día de los animales”, es decir era el “día” de Pierce, nuestra gata, pero creí que más importante en ese momento que escribir sobre ella, por ejemplo, lo era decir lo que pensaba y pienso sobre la hasta ahora fallida mudanza de los “comerciantes” de “La Parada”. Lo hice y hoy sí, voy a escribir sobre animales.

En realidad los gatos más que un “día” especial, son dueños del calendario y lo celebran a diario. Pierce ya tiene nueve años viviendo con nosotros (según dicen tiene 55 años humanos); llegó chiquita, flaca, orejuda y con una cola larga, cuando tenía quince días.

Se la regalaron a mi hija Paloma que explicó al animalito, diciendo “Mami, es feíta, pero estaba en una esquinita en una jaula y nadie se la hubiera querido llevar. Yo me la traje… ¡Aquí está!”. Cuidados, visitas al veterinario y tiempo después, Pierce, que así la llamó, era una gata blanca, que maullaba muy poquito por tener un problema en las cuerdas vocales, se perseguía la larga cola y se metía en cuanta bolsa, caja o cajón de ropa abierto hubiera.

Curiosa como todo gato, acechaba hasta a las polillas, jugaba con chapitas y liguitas y hacía malabares en el filo de los muebles. Una vez se perdió y estuvo una semana fuera, pero sobre eso ya escribí antes en el blog. Me da la impresión que, curada por su “aventura”  se decidió por la seguridad de la casa y su pitanza diaria.

Nos acompaña durmiendo a los pies de la cama, reclama que se la acompañe un ratito mientras come y se acomoda placenteramente sobre las piernas de cualquier visita a la que le gusten los gatos, la acepte y acaricie. Si salimos, nos espera y al llegar está detrás de la puerta dándonos la bienvenida con suaves cabezazos.

Sigue tratando de meterse en las bolsas y revisa una por una las que llegan del mercado, supongo que con la esperanza de que haya algo para ella. Una sola vez, por maniática, se hizo una herida en la cola que requirió cura de veterinario: de tanto perseguírsela, cuando la “alcanzaba”, la mordía, pero siempre en el mismo lugar. La curaron y tenía media cola de color violeta, por el remedio: Se la miraba extrañada o extasiada, no lo sé. Nos dijeron que era “stress”, pero yo creo que consideraba a su cola como un cuerpo móvil, extraño,externo y trataba de “atraparla”. Jugaba, pues. Hasta que se hizo una herida. Ahora trata de “atrapar” su cola y la mira fijamente: de pronto la mueve y persigue. Supongo que se cansa, porque se detiene. Boba no es porque no volvió a hacerse una herida.

Podría escribir mucho sobre Pierce, que está “desgatada” desde chica y no tendrá descendencia, pero justo ayer nos enteramos que Nora, nuestra prima, había tenido que hacer “dormir” a Milonga, su gata, que tenía un problema irreversible al colon. Se fue Milonga compañera y amiga que como Nora decía, gustaba de “leer” con ella libros de autores japoneses. Estoy seguro que detrás de cualquier recodo estará esperándola porque solo se adelantó tratando de satisfacer su curiosidad por lo que hay más allá.

Pienso que los animales guardan muchas sorpresas para nuestra especie y tal vez, algún día, nos demos cuenta que cuando se le insulta a alguien diciéndole “¡Animal!”, en realidad se le está diciendo un piropo.

LA ALEGRÍA DE PASEAR


 

Anteayer conversábamos con Norma, de sobremesa y nos acordábamos de los dulces de cuando éramos niños y que vendían los ambulantes, a raíz de una pasada de ella por el parque Keneddy en Miraflores al volver de comprar algo.   Lo primero que le llamó la atención fueron los gatos, que protegidos, paseaban o dormitaban dejándose fotografiar por turistas curiosos. Lo otro fue la vitalidad que le ha impreso el municipio miraflorino al lugar, haciéndolo verdadero centro de actividad para los vecinos y el público transeúnte que encuentra muchas oportunidades para su esparcimiento.

Desde certámenes para aficionados a la poesía unos días, hasta baile con orquesta y todo para aventureros de la tercera edad, pasando por una exposición de arte, el cómodo sentarse a mirar y los ya mencionados dulces, que escrupulosamente limpios vendedores ofrecen a precios bajos y realmente al alcance, el parque es una fiesta.

Norma piensa que es una linda manera de pasar un tiempo libre y nosotros, Alicia y yo, concordamos en ello. ¡Qué lejos me parecen los días en los que durante la semana, allí, prácticamente te asaltaban vendedores de droga y no era raro cruzarse en la noche con alguna rata curiosa! Los sábados y domingos había más movimiento, pero la poca organización impedía que buenas iniciativas tomaran cuerpo. Es cierto que siempre fue el parque Kennedy un polo atractivo para el paseante, sin embargo me parece por lo que oí, que el asunto es mucho más serio y de verdad, ese pulmón de Miraflores, con su césped, sus árboles, sus glorietas que son espacios públicos y su vida, cumple cabalmente sus funciones.

Pero nuestra conversación giraba alrededor de dulces populares antiguos y como han sido rescatados y se ofrecen al público. Las manzanas acarameladas, rojas y brillantes, la dulce melcocha, cuyos trozos eran la delicia más grande, el turrón de masa casi naranja, relleno de goteante miel roja, los gloriosos picarones, los barquillos, esas frituras de masa bañadas en miel roja también, muy grandes, que nunca supe como se llamaban… Dulces que cuando éramos chicos nos recomendaban no comer, cosa que hacíamos cuando teníamos un poquito de plata para comprarlos casi a escondidas, en el zoológico y laguna de Barranco, en la Bajada de Baños o en el mismo parque municipal. Comíamos, no nos enfermábamos y si sucedía era por lo general de indigestión debido a un atracón desaforado, no porque fuera comida en mal estado o preparada impropiamente.

Después de escuchar a Norma, entiendo que los chicos y adolescentes de hoy tienen la oportunidad de saber cómo eran los sabores de la tentación hace años y como se mantienen porque a alguien se le ocurrió que lo que es bueno y agradable no tiene porqué cambiar aunque nos rodee la informática, los televisores sean de plasma e inmensos, existan los Wachiturros y las rockolas sean piezas de museo.

Bien por Miraflores, por avivar el recuerdo y albergar el entretenimiento para el individuo que pasea.