CAFÉ


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Muchísimo se ha escrito sobre este tema y este post no es sino una pincelada.

Tomo café desde que tengo memoria y hace muchísimos años lo hago sin agregarle azúcar o endulzantes: es que, como digo siempre, me gusta el SABOR y lo otro sería como probar un toffee, con sabor a café es cierto pero “deformado” por el dulce.

Hace años las mañanas, de lunes a viernes, empezaban con tres tazas de “exprés” al menos, bebidas entre conversaciones y silencios que compartíamos Julio Romero y yo en el Haití de Miraflores. Con el tiempo nuestra mesa fue creciendo en amigos que hacían del café matutino y la charla un “must” imprescindible.

Dicen que beberlo de noche quita el sueño, pero en mi caso parece que resulto una excepción a la regla pues duermo tan tranquilo. Acompaña mis lecturas y los momentos en que trato de concentrarme. Es cierto que ahora no tomo más que una taza al día y no siempre, porque supongo que la cafeína como excitante algo tiene que ver con mis tres infartos al cerebro y debe afectar al corazón que sobrevive a cuatro, desde que tenía 36 años. Me dijeron los médicos: “elimina el café”  y así lo hice. Luego que si quería, tomara poco. Y así lo hago.

Un poco de café: no pasa nada si un día no lo tomo, pero siento que forma parte de las buenas lecturas, de las conversaciones y del quedarse solo. Por lo menos los ríos de café que he tomado han tenido siempre las barcas de las letras, el viento de las conversaciones y el remanso tranquilo de la soledad.

Gracias café por ser testigo.

 

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LA HORA DE LA LECTURA


Siempre es un buen momento para leer.

El libro, compañero de la vida, nos conecta con inteligencias cuyos dueños tal vez se extiguieron físicamente, pero viven en el polvo cósmico de las letras. Viajamos, soñamos y logramos todo gracias a los libros.

Leamos pues. Aquí, algunos extractos del libro “Pensamientos en una Estación Seca” de Gerald Brenan.

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Gerald Brenan (Sliema, Malta, 7 de abril de 1894Alhaurín el Grande, Málaga, 19 de enero de 1987)

>“En el siglo XIX, el promedio de vida para los clérigos era ochenta y un años, para los políticos setenta y siete, y para los ateos y escépticos sesenta y cuatro” (David Ogg, Europe of the Ancien Régime.) Así que creer en Dios es beneficioso.

>Los ateos que odian la religión se comportan así usualmente porque la han recibido en su forma más tosca y antropomórfica. Del mismo modo una persona que hubiese oído sólo la música ligera que se toca en los parques podría suponer que ésa es la única música.

>Me pasé despierto la pasada noche desarrollando una herejía. Esta es que Dios no se preocupa del individuo, sino sólo de la especie.  Es Cristo quien se preocupa del individuo. Él descendió a la tierra para redimirlo y reconciliarle con Dios. Pero, ahora los marxistas intentan desbaratar la obra de Cristo y restablecer la Ley Antigua.

>Las religiones se mantienen vivas mediante herejías que son, realmente, explosiones súbitas de fe. Las religiones muertas no tienen tal cosa.