PONERSE DE PIE


Ponerse de Pie

Hoy, 14 de febrero, me gustará formar parte de ese billón de personas que se ponen de pie por la mujer, rechazando la violencia contra ella.

Es un acto que implica ser consciente de la decisión que se toma. Un acto que debe repetirse siempre, todo el tiempo, en todas partes.

Es un acto que reafirma al ser humano en su condición.

No puede ser algo meramente lírico, sino un acto que traiga consecuencias inmediatas y positivas.
Allí donde la violencia contra la mujer y la violencia de cualquier tipo parezcan sordas, deberemos conseguir que escuchen, se detengan y desaparezcan: todo tipo de violencia. Luchar por erradicarla es luchar por la supervivencia de la especie humana.

 

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POLICÍA BUENO, POLICÍA MALO


En las series de televisión se suele ver al policía que frente al detenido hace el papel de malo y violento, mientras otro juega el rol de bueno y comprensivo. Es una “técnica” de interrogatorio con el fin de obtener la verdad, lo que más se parezca a ella, pero finalmente una confesión.

En la vida real sucede lo mismo: la violencia física policial contra los detenidos se usa impunemente: golpes de puño, varazos, patadas e insultos son muchas veces la recepción a un posible reo (recordemos que nadie es culpable mientras que no se lo demuestre). Esto, en cualquier forma que trate de explicarse, se llama tortura y está expresamente prohibida. Sin embargo, los policías malos no se limitan a la violencia física y verbal. Los malos policías malos (la reiteración es un calificativo) coimean, asaltan, aprovechan de su autoridad, delegada por los ciudadanos para extorsionar. Son en una palabra la antítesis del policía. Son vulgares delincuentes a los que el uniforme que no merecen llevar, camufla y protege.

La diferencia entre los policías buenos que lo son hasta dar su vida por los demás y convertirse en verdaderos héroes y la callada labor que realizan quienes cuidan de la sociedad, es notoria.

Supongo que el fenómeno se da en todas partes, en unos lugares más que en otros, pero eso no hace buenos a los malos. Y esto no solo tiene que ver con los recientes sucesos de Cajamarca, sino con lo que pasa a diario en el país. La maldad de ciertos policías es noticia, el cumplimiento del deber no. Los hombres y mujeres que escogieron velar por la sociedad y fueron formados para ello no pueden, no deben ser otra cosa que personas dignas de confianza a quienes los peruanos respeten. Si el antiguo eslogan decía “A la policía se la respeta”, el cuerpo policial y cada uno de sus integrantes debe hacerse respetar, no por el miedo, sino por eso que se llama integridad. Que el honor siga siendo su divisa.