NADA MÁS QUE LA LEY…


 

LEX

…y el caos en que vive el Perú desaparecería.

Aplicar y cumplir la Ley son dos cosas que se evaden en este país donde todo parece andar patas arriba. Los delincuentes impunes son liberados por jueces que trampearon en sus estudios. El policía detiene al vehículo y sugiere que “se caiga con alguito” al conductor que hace un rato atropelló a un transeúnte que cruzaba por la pista sin usar el puente que estaba a dos metros y fue llevado a un hospital donde murió por falta de atención porque los médicos estaban en huelga porque no les aumentan sueldos porque el ministro dice…

Todo es así: encadenado; una cosa lleva a la otra y ésta a la de más allá. La Ley es eso que se enseña en las universidades y nadie hace caso. La Ley es letra muerta; asesinada por una indiferencia culpable donde todos, de rey a paje, buscan “sacar la vuelta”, disimular cuando están en flagrante delito y caminar silbando bajo.

Tenemos leyes por montones, acumulando polvo y telarañas, porque la Ley con mayúscula no se cumple y alrededor crecen como hongos “leyes” disparatadas

que declaran que el cielo del Perú se llamará Abelardo Quiñones, o la que reconoce a los emolienteros o aquella que ensalza el cebiche: la banalización total de algo que serviría para ordenas esta debacle.

Cumplir y hacer cumplir: dos palabras que con respecto a la Ley se desconocen, se soslayan u “olvidan”. El resultado es penosamente visible; tiene bandera, himno y escudo…  ¡Qué pena mi país!

 

 

MASCARÓN DE PROA


FIGURA PROA SEA CLOUD MARCO

Servía para embellecer a los barcos o para asustar. En un tiempo fue parte del integral del barco y en otra era una pieza adicional.

Estaba destinado a “parecer” pero no  a ser. Era, si lo queremos, una metáfora. Detrás estaba el verdadero buque con sus intenciones.

Algo similar encuentro en estos días en que la campaña en contra y a favor de la revocatoria se agudiza. Los mascarones de proa han perdido su efecto y es que la verdadera identidad se nota.

Ya se cree saber, porque de un lado han izado la bandera negra con la calavera y las tibias cruzadas: resulta otro engaño, pues en verdad son corsarios que buscan el botín para otros que los patrocinan.

Piratas o corsarios, gente fuera de la ley que entrará, si la dejan,  a saco en la ciudad para arrasarla y poner a uno de los suyos que funja de dirigente. Atrás, los verdaderos titiriteros contarán su botín y buscarán más. Los titiriteros que prefieren una retaguardia que da sombra, cobijo y creen, anonimato.