ABRAZO POR FIESTAS


En estos días el Perú vive sus Fiestas Patrias y como no suelo escribir ni sábado ni domingo, aprovecho hoy para abrazar a todos por la ocasión

Hace mucho tiempo, terno y zapatos nuevos eran de rigor en esta fecha: una especie de renovación personal que indicaba que se estaba ante un nuevo comienzo. No creo que ahora se guarde mucho esa costumbre, pero se mantiene la de esperar el discurso de Presidente, para enterarse de alguna novedad nacional. A veces las sorpresas fueron grandes, pero en general se escuchaba  lo que ya se estaba viviendo.

En estas Fiestas Patrias un nuevo gabinete ofrece nuevas esperanzas: como un terno y zapatos flamantes. El escepticismo es difícil de combatir por supuesto y la fe a veces resulta complicada de tener. Sin embargo, yo creo que nos merecemos tener fe y que esta sea correspondida. Que la cosa no quede en promesas y arengas porque de ninguna de las dos se vive. El peruano que vive en pueblos donde el problema no es el tránsito sino el tráfico de cocaína, ni un Estado omnipresente sino la ausencia de este y que tiene que caminar horas para llegar a ninguna parte, necesita que su país sea una realidad que exista más allá de los discursos, las promesas y la capital. En estas Fiestas Patrias el Perú se merece el regalo de una realidad vivible y no un juego de computadora viejo y gastado por repetido o un trompo roto que ya no sirve.

Si todos hacemos el esfuerzo y no solo creemos sino que dejamos de lado el escepticismo y hacemos lo que tenemos que hacer, estaríamos apostando a ganador. Un ganador que seremos nosotros mismos. Un ganador al que por fin le llegó la buena racha en todo sentido.

Que estas sean las Fiestas de la Esperanza Cumplida.

SI NO ESTOY DE ACUERDO TE PEGO


He visto en las noticias a un jugador de tenis pegarle una patada al árbitro. Actitud equivocada, sobre todo porque no era fútbol el deporte en cuestión y el árbitro no era una pelota. Actitud totalmente equivocada y absolutamente censurable, porque la reacción física que implica ira y descontrol es ajena a la práctica de un deporte. En realidad es una reacción totalmente primaria, de aquél que carece de argumentos y recurre a lo que su instinto (casi escribo animal) le dicta: golpes, salivazos, gritos, violencia. En este caso el llamado deporte blanco ha sido manchado de negro.

A diario nos encontramos con que los argumentos desaparecen para dejar lugar a la vacuidad de razones. Las palabras son sustituidas por el empellón, el insulto y si mucho apura los golpes y hasta la muerte.

¿Cómo es que el ser humano que llega a las estrellas perpetra acciones así? ¿Es posible que no nos demos cuenta del nivel zoológico al que alcanzamos a veces? Los ejemplos sobran y están en todo el mundo: desde el padre que golpea al niño “para que entienda” hasta el dictador que encarcela o asesina a los disidentes. Desde la madre abusada con cualquier pretexto hasta la represión a balazos de una manifestación. Siento que todo esto que escribo no solo carece de eco, sino que como si fuera un “deja vu” se piensa que otra vez estoy sobre lo mismo. Es que no me resigno y cada vez que un ejemplo salta (que lo hace muchas veces) me gustaría que las cosas fueran distintas y que ese ser que bajó débil de los árboles y se enfrentó con el furo gracias a su cerebro, no negara el avance logrado y se retrotrajera a un pasado al que no puede volver.

Tal vez sea un iluso, pero me niego a perder la esperanza. Yo creo en el fair play y las razones, porque no admito que el gran salto se convierta en una  estúpida caída libre.

 

NO PODRÁN DESINFLAR LA ESPERANZA


El Perú perdió en fútbol y el disparo que venció a nuestro arco se ve como un pistoletazo que desinfla la esperanza. Si uno escucha y lee los comentarios de antes y después del partido, piensa que el futuro de todo está puesto en la esperanza de ganar: y perdimos.

Otra vez, creo que la esperanza de nuestro país no está ligada a una pelota de fútbol. La esperanza del Perú está en lo duro y difícil que se enfrenta cada día para sacar de la playa a esta barca embarrancada y volverla al mar, donde con buen viento y el esfuerzo de todos, navegará. Hace tiempo que se lucha y a veces las pequeñas derrotas, que nos parecen grandes, son nada más que intentos que se fallan y tienen que servir para estar mejor preparados y ganar la guerra. Volver al mar y navegar, ganar la guerra, saber que tenemos la esperanza y que no se va a desinflar así nomás. Vi ayer a once hombres que trataban y a un país que ponía su entusiasmo en la habilidad de los once. Entusiasmo que dice que todo no está perdido porque la vida es como el fútbol: se puede estar triste porque no se ganó, pero seguir luchando es lo correcto.

Yo creo en mi país y en los peruanos que entusiasmados siguen adelante sin importar obstáculos ni trabas. Lo que tenemos hoy ha sido construido a pesar de las dificultades por hombres y mujeres que sabían y saben que enemigos son la ignorancia, el conformismo y el desánimo.

Aprendí que tratando, poco a poco, se consiguen las cosas y que lo único que nunca nos podrán desinflar es la esperanza. Ganamos al perder si sabemos aprender del error: si estamos seguros que la barca pertenece a las olas y no a la arena.

 

TIEMPO DE DESGRACIAS


 

Parece ser que este es un tiempo donde las desgracias se van juntando, o por lo menos es lo que uno saca cuando ve los medios.

A los huaycos y sus desgracias en diversas zonas se unen los de Chosica y también el derrumbe que mantiene en zozobra al país, con mineros enterrados desde el pasado jueves. Si a esto le sumamos las muertes por asesinato y mano propia y otros temas parecidos, concluiremos que parecen suceder muchas malas cosas juntas. A nuestra ciudad confluyen las noticias y son las desgracias las que tienen mayor cobertura, sin que quiera yo quitarles nada de importancia. Un tiempo de desgracias junto con los días oscuros de semana santa se ha abatido al parecer sobre nosotros. Sin embargo hay luces tímidas que no divisamos porque la intensidad de las malas nuevas parece apabullante. Sin embargo en el Perú siguen naciendo niños, hay sonrisas que saludan las mañanas con sol, el pasto brota verde y un mucho de esperanza anida en el tratar de ser mejores. Como diría el “Cumpa” Donayre:

“También al huayco, a las inundaciones, las sequías,
les sabemos su cara de miseria.
Sus derrumbes, sus vértigos de sangre,
les conocemos desde viejas edades.
Y para todas esas camaradas desdichas,
hay un Pedro Quispe y una Juana Flores,
que a fuerza de coraje, de sudor, de esperanza,
han atrapado un rayo enfurecido entre sus manos
y lo han hecho una estera de amor, un duro adobe,
ladrillo rojo, una vivienda rústica, una torre;
el perfil majestuoso de una iglesia,
un pueblo, una ciudad y una costa
o una sierra de continuadas urbes
que se levantan y caen sin miedo a nada:
¡Viva el Perú Carajo!”

 

 

Especialmente en épocas como estas, vuelvo a oír el poema del “Cumpa” y no puedo dejar de sentir que la esperanza es más grande que las tragedias por incontables y duras que estas sean. Es la que nos hace seguir a pesar de dificultades y trabas. La esperanza en que debe haber algo mejor, porque nuestra lucha no puede acabar de repente con un silencio oscuro. Admitirlo sería doblegar la cabeza y aceptar lo que venga sin intentar conquistar nada. Lo peor es que en lugar de tener los bazos abiertos, los crucemos.

 

 

HASTA LAS CALENDAS GRIEGAS


Es una frase que significa darle largas a algo. Saber que tiene una duración incierta por indefinida. Se usa poco ahora, pero al escucharla en boca de alguien, ya se sabe que el tema en cuestión no tiene solución.

Esta frase parece estar construida a propósito, a pesar de sus siglos de existencia, para ciertos sucesos de la vida actual: Una cita en algunos servicios de salud o el otorgamiento de un signo positivo o negativo ante la esperanza de una pregunta. Son muchas las ocasiones en que la tierra de nadie en que uno se mueve hace que el desespero sea lo que se obtiene. “La respuesta no llega”, “falta una firma” o “llegará un poco tarde”: Desgraciadamente parece que nos hemos acostumbrado a esta indefinición y en ella caminamos.

Nos dicen que esperemos, que ya llegará y que el tiempo que pasa debemos verlo como una inversión. Hubo algún político que en sus comerciales de televisión usó como símbolo la mecedora, aludiendo en que él no caería en el acto de “mecer”, es decir de prometer sabiendo que nunca solucionaría nada.

Así como nos creemos el cuento, somos dados a contarlo. No se quiere decir “no” y se dice “quizás”. Para evitar una inminencia el “mañana” siempre acude en auxilio. “Vuelva mañana” es una frase que todos hemos escuchado alguna vez al hacer un trámite: Es una versión criolla de las “calendas griegas”. Ya sabemos que el paso lento y cansino de los expedientes se prolonga en hojas de calendario, a veces en calendarios completos y en ocasiones en un vacío infinito.

Pareciera que tenemos terror a tomar decisiones a coger “el toro por las astas” y solucionar de una buena vez las cosas. “Darle largas al asunto” es una especie de deporte nacional, no importa el asunto que sea, que es también una variante de la frase.

Me recuerda a una pareja que no se casaba, hasta que tuviera casa propia. Cuando la tuvo, decidió alquilarla, sin casarse aún, para reunir dinero, hasta que en una de esas el hombre se murió y no se casaron nunca. Postergar las cosas lo único que hace es prolongar lo que muchas veces es improrrogable.

La vida diaria nos enfrenta a decisiones a las que hay que acometer y no demorar. La cavilación y el análisis están bien y posiblemente tomen tiempo. La indecisión es mortal. Cada día que pasa podemos verlo como una ganancia o como pérdida. Decimos que cumplimos un año más y en realidad tenemos uno menos de vida: Esto no es pesimismo sino saber que el tiempo es inelástico y que hay que saberlo aprovechar. Tiene que ver con la puntualidad y tiene que ver con un modo de vida. Las “calendas griegas” son un engaño, pues en Grecia no existían las “calendas” que eran una división del mes romano.

Dicho de otra manera, que no nos cuenten cuentos.

 

CONGA


Estoy seguro que los que lean esto tienen una opinión sobre el tema. Piensan de una u otra manera. En estos momentos y desde hace mucho tiempo todos somos bombardeados por información que proviene de dos lados concretamente y que busca polarizar la opinión pública: “O conmigo o contra mí”. El problema del cual Conga es solo la punta de un iceberg inmenso tiene mucho tiempo y decía en mi post anterior que siempre hemos estado entre dos fuegos y que cada lado tratando de llevar agua para su molino, ha ofrecido soluciones que lo que hicieron fue dejarnos peor que antes cuando optamos por una. Hoy, el “caso” Conga concita la atención popular y pone frente a frente, a las dos corrientes que irreductiblemente parecen negarse a conceder un milímetro. Para unos Conga es súper mala y para otros súper buena. Es el “todo o nada” como si estuviéramos jugando un póquer definitivo. Las voces que dicen que ni tanto ni tan poco en ambos lados, son acalladas por una grita física y una grita mediática. De pronto las razones no se escuchan y el justo medio desaparece para dejar dos opciones radicales: Agua u oro.

Se llega a decir que el oro no se come y que el agua no produce. Pienso que hay una equivocación básica en todo esto. Ambas opciones deben coexistir, en el entendido de una buena voluntad que facilite las soluciones sin vulnerar los derechos.

Se sataniza a la minería invocando lo que son a veces son generalidades y del otro lado se la ve como la salvación económica del Perú. Ni tanto que queme al santo, ni tan poco que no lo alumbre.

Ambas partes antagonistas han de ceder un poco y llegar a ese justo medio que haga posible que ambos lados se beneficien: Un “win-win” debe ser el resultado.

La multitudinaria marcha por el agua ha sido respondida con ingentes cantidades de spots en televisión, especiales y el uso masivo de diarios y radio. Cada parte dice lo suyo de la mejor manera que sabe hacerlo, grita más con la esperanza de ser escuchada, pero nos encontramos ante un diálogo de sordos donde lo que falta es la escucha. El perdedor, como de costumbre, es el Perú. “Gane” el que lo haga, parece ser que nos atrasamos todos como país o defendemos a ultranza un agua que finalmente termina en el mar. Que Cajamarca tiene problemas de agua, no es novedad. Ahí está el antiguo Canal de Cumbemayo, que aminora la velocidad del agua por “golpes” llevándola de la vertiente del Pacífico hasta la del Atlántico,  de uno al otro lado de las montañas. Muy antigua la construcción que demuestra la necesidad de modificar la naturaleza y la inteligencia de encontrar soluciones: Ingeniería viene de ingenio.

¿Y por qué no se puede hacer lo mismo con lo de Conga? Digo, modificar lo necesario con el fin de crear beneficios para todos. Sé que el problema parece más difícil pero estoy seguro que es cosa de llegar a acuerdos: De dialogar.  Y para ello se necesitan siempre dos partes dispuestas a hacerlo. La situación me recuerda a la gráfica de los dos burros amarrados uno al otro y que teniendo de pastar frente a ellos, cada uno tira de su lado y ninguno de los dos llega, hasta que se dan cuenta que lado a lado, la soga no tirará y podrán comer el doble, de un lado y de otro del pasto.  La moraleja es bien sencilla: La unión hace la fuerza (y da ventajas).

Las ganas de salir triunfadores en la contienda, las ganas de hacer dinero del modo que sea, las ganas de no modificar nada y las ganas de ser notados, arruinan decisiones trascendentales que van mucho más allá de lo que me parece un falso ejemplo de “lo uno o lo otro”

Conga es un ejemplo de intransigencia por ambos lados y quiero creer que de buena fe también. Dicen que el infierno está empedrado de buenas intenciones y que no es oro todo lo que reluce.

Confío en que ambas partes reaccionen poniéndose en los zapatos del otro y alcancen un acuerdo que traiga el futuro. Cajamarca lo necesita y el Perú si quiere ser considerado nación, también.