Andá a cantarle a Gardel!


bandoneón

Es un modo argentino de decir que no te creo.

Y parece que por aquí muchos tendrían que ir a cantarle al Morocho del Abasto, porque a estas alturas la incredulidad se ha convertido en pan de cada día. Lo converso siempre con los taxistas que como sabemos, son un buen termómetro ciudadano.  Lo leo en los comentarios  desencantados que encuentro en los blogs. El señor del kiosko de la esquina tampoco cree ya. Y hasta el guachimán de la cuadra me detiene para comentar su desengaño.

Un manto de color indefinido cubre las decisiones, las acciones, las promesas, las amenazas y prácticamente todo.

Si se da una ley, no se cumple. Si se quiere conseguir algo,  se grita. Se quiere ser popular a toda costa y se abren Facebooks y Twitters a ver si  “el millón de amigos”  llega para salvar la película en la última secuencia.

Dejamos de hacer buena letra y ahora resulta que no entendemos lo escrito y no sabemos cómo seguir.

Me recuerda a Guille, hermanito de Mafalda que al pronunciar “todtuga” y no poder decir tortuga, soluciona el asunto preguntando: “y zi mejod la pateo?” . Es decir, preferimos patear el tablero. Porque estamos hartos de cuentos, de mecidas, de trucos baratos hechos por prestidigitadores ineptos a los que se les nota… el truco.

Qué hacer para recuperar la buena letra,  la esperanza y la confianza?  Buenas preguntas.

Preguntas que deberían hacerse quienes necesitan ser creídos; los que requieren volver a tener la aprobación de sus acciones. Preguntas que exigen respuestas puntuales y no palabras vacías, lugares comunes y promesas vagas.

De otro modo el tango “Cambalache” seguirá cantando nuestra triste realidad.

LAS BALAS DE AYER


duelo

Imagen:  http://projeto.lendas.zip.net/

El post anterior lo escribí rápidamente y con el ruido de los balazos aún resonando en mis oídos.

Investigado el asunto someramente, parece ser que asaltaron a un vecino y a su esposa, dispararon; finalmente les robaron el auto y según cuentan, hirieron a la mujer.

No sé  la veracidad absoluta en este caso pero el asunto de la inseguridad permanece.

No se trata de ser pusilánimes ni de ver amenazas por todas partes, pero el tema es más que evidente. Y si de la seguridad tiene que ocuparse el ciudadano mismo, esto se convierte en el Lejano Oeste; cada uno con su Colt Frontier, preparado para lo que venga y encerrándose en un fuerte al menor asomo de peligro.

Dónde anda la ministra del interior (antes se llamaba ministro de gobierno y policía)? Dónde la policía que debería patrullar asegurando la tranquilidad con sus rondas disuasivas?  Es que debemos confiar absolutamente en un serenazgo que no es sino personal de apoyo (y a veces integrado por algunos delincuentes que se aprovechan de su condición y respaldo municipal)?

No somos los ciudadanos los que elegimos y mantenemos con el pago de impuestos a las autoridades y al andamiaje de los diferentes estamentos del gobierno (municipalidades, gobiernos regionales, parlamento y un largo y frondoso etcétera)?

Entonces no entiendo cuál es la razón por la cual los ciudadanos son la última rueda del coche.

No se les consulta, se les maltrata y cualquier individuo uniformado y con un nanogramo de poder (o sin uniforme pero creyéndose el hueco del queque, porque alguien le dijo que “podía”) quiere ejercer una arbitraria autoridad exigiendo identificaciones, preguntando datos personales y asumiendo una representación que no pasa de ser la del empleado.

Hace falta autoridad y orden. Pero la verdadera autoridad No aquella de mentira que sale de uniformes inventados, votaciones mínimas, poses y bravatas. Se requiere el orden que dicta la razón.

Mientras sigamos como estamos, iremos como dicen que hacen los lemmings: corriendo hacia el suicidio colectivo.

Es terrible cuando las balas, los carajos y las mentiras reemplazan al lenguaje que a los hombres nos diferencia de los animales.

ORGULLO Y PREJUICIO?


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                        Foto: Blog PUCP

De la novela de Jane Austen (“Pride and prejudice”), tomo solamente el título que puede resumir muy bien la actitud tomada por el Gobierno frente al desastre ocurrido en la Amazonía.  Orgullo, por no querer dialogar y prejuicio por considerar a los peruanos amazónicos como ciudadanos de categoría inferior.

El Primer Ministro ha dialogado. El Gobierno ha cedido.

Ahora falta ver si esto es duradero y si ambas partes convienen en que el Perú es uno. Que “el señor gobierno” es para todos y que la amazonía no es una región autónoma ni un botín maderero-petrolífero.

La pintura de guerra y las bravatas verbales nunca más deben dar paso a las balas y las lanzas.  Nunca más.

Porque perdemos todos y  bien sabemos que a río revuelto….