¿Y TÚ CUÁNTO GANAS?


 

monedas

El que los parlamentarios tuviesen que retroceder oficialmente en la duplicación de los gastos de representación ante la grita popular ha producido que “acusen” a otros miembros del Estado peruano de tener no solo sueldos altos sino de mucha mayor cuantía que lo que ellos reciben. Han salido acusaciones como “pero le dan auto” y otras lindezas que no hacen sino desnudar una intención e insatisfacción, tratando que “todo el Estado haga transparentes sus sueldos”. Es cierto que en algunos casos no sólo no se justifica el emolumento, sino que para la función que se cumple y su productividad, este es a todas luces excesivo.

La “piconería” de algunos congresistas ha llevado a extremos como el del Jefe del INPE, de declarar que él solo gasta nueve soles en su “menú”.

¿Se trata de volver a una historia ya conocida que supuso que un presidente rebajara los sueldos de los funcionarios, provocando un éxodo masivo de los mejores hacia el sector privado? No es esto una defensa de los congresistas avivatos. Es una defensa del verdadero Servicio Público. Ese que se escribe con letras mayúsculas y que no existe en el Perú. Los puestos “de confianza” siempre existirán, porque a veces se prefiere colocar a alguien de habilidad reconocida y conocido. Allí la estabilidad dependerá no solo de su desempeño, sino de su jefe. No el inmediato, sino el que confió en él y le dio la responsabilidad.

El Servicio al Estado requiere conocimientos, dedicación y competencia. ¿Por qué los peores deben quedar “al servicio del Estado”? ¿Es que el trabajar en cualquier otra área privada es mejor y más decoroso?

Este es un tema largo y de a pocos, con timidez, abordado.

Mientras tanto, las mentes brillantes, brillan pero por su ausencia en el aparato estatal.

Los congresistas quieren, pero la mayoría no da la talla, porque vuelvo a decir que el rendimiento es un baremo vital.

Ojo con esto, porque es muy fácil pasar contrabandos y hacer creer que lo que brilla es oro, cuando es en realidad oropel.

Las escalas remunerativas han de estar justamente  establecidas y se debe saber cuánto gana fulano y qué hace en el Estado. Esto se llama transparencia, no estigmatizar a alguien porque tiene asignado un vehículo a su servicio, ni tener que dar cuenta de lo que le cuesta un menú. A veces parecemos escolares “chocándola” para el recreo.

LA PROVOCACIÓN COMO EXCUSA


 

Los incidentes graves que vienen desarrollándose en el Oriente Medio, principalmente, pero en realidad allí donde el Islam tiene presencia importante, es la trágica repetición de una película ya vista. Los múltiples ataques, la muerte de personas, los heridos, la destrucción y la furia han sido provocados por una película que de acuerdo a las fuentes musulmanas denigra al profeta Mahoma. Esta es una estúpida provocación realizada por un esperpento fílmico que efectivamente parece buscar reacciones violentas, enfrentamientos y lo que ha obtenido: sangre.

La reacción de miles de personas se debe a que, a diferencia de Occidente, su religión es la vida misma y no conciben esta sin aquella. Es bien cierto que hay fundamentalistas feroces en todas partes y no solo en materia de religión, pero no tiene ningún sentido exacerbar los ánimos sabiendo que la respuesta será así. Creo que esta provocación es una excusa para decir: “¿Ven? Los musulmanes son tan intolerantes que responden con violencia asesina a las imágenes y las palabras”. Una excusa para tratar de incendiar la pradera, como las Cruzadas que usaron la religión como pretexto para el expolio o como el “Los evangelios por tierra” de Valverde, para iniciar la matanza de nativos y el calvario de una zona que se llamaría Perú. Lo que sucede es una muestra de como se puede crear adrede un conflicto mayúsculo, con una aparentemente inocente película. Pasó lo mismo con una irreverente caricatura y antes ha venido sucediendo cada cierto tiempo. Desafortunados incidentes provocados por quienes se escudan en la religión o la historia para actuar, dando muestras de mala entraña, intolerancia y desconocimiento (o conocimiento perverso).

No creo que los fundamentalismos, sean los que sean, resulten buenos. Los extremos nunca lo son y esta es una lección que la Historia nos da a cada paso: como ahora.

Foto: AFP.