LA GALLINA DE LOS HUEVOS DE ORO


El teléfono sonó anunciando que había mensaje y cuando me desperté del todo, eran casi las seis de la mañana, El despertar fue violento, pues en lo único que pude pensar fue en mis hijas. Ajusté el botón que no debía y apareció un siete. Ya más despabilado pero nervioso, busqué “mensajes” y mientras lo iba haciendo, pensaba rápidamente que no podía ser Paloma, porque está en Argentina. Si era lo que me temía, sería Alicia María. Cuando pude ver el mensaje resultó ser de la compañía telefónica que me anunciaba que había expirado mi “bono de Internet” y que “para renovar…”. Dejé el aparato, tranquilicé a mi esposa y rumié improperios contra quienes me habían despertado con un susto y con la alegre intención de venderme acceso al espacio de Internet.

Esto que no tendría trascendencia, puede convertirse en un problema si quien recibe el aviso sonoro anunciando mensaje, sufre –por ejemplo- del corazón y el hecho desconcertante e inesperado le provoca un paro cardíaco. Me dirán que exagero, pero, pero las personas que murieron “de susto” pueden perfectamente haber pasado a la otra vida por un hecho así.

Lo que quiero decir es que no hay derecho que, en aras de las ventas, a un ciudadano que está pagando por un servicio, le ocurra algo así. Como estrategia de marketing es mala por no decir pésima. Esto se repite a diversas horas con mensajes para que baje canciones de moda, chistes u horóscopos. Son como las llamadas telefónicas que hacen los delincuentes, para por medio del susto y la desorientación, timar a la gente con diversas historias.

Yo sé que una empresa necesita vender, pero no puede hacerlo “al guerrazo”, tratando a los potenciales clientes como cualquier cosa. ¡Qué distinta esta realidad de sus bonitos comerciales de televisión donde todo es idílico y nos pintan de colores sus ofrecimientos poniéndolos al alcance de una llamada.

Seguramente debí inscribirme en INDECOPI para que no me enviaran mensajes: no lo hice. No lo voy a hacer, porque creo que nadie puede ser tan bruto como para espantar a los clientes, o como se dice “matar a la gallina de los huevos de oro”.