ESTAFA NOCTURNA


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                       Imagen: Lycos.

Eran casi las cuatro de la mañana cuando me despertó el timbre del teléfono celular (sí, ése por el que no podía llamar gracias a la “eficiencia” de Telefónica). A ésa hora una llamada suele asustar.

Respondí y escuché una voz agitada y llorosa que me decía que le habían encontrado droga y que por favor le ayudara. Hablaba entrecortada y atropelladamente. Yo, que tenía una reunión a las 9.00 con un amigo que llegaba del extranjero, me sobresalté. Todo puede pasar en un aeropuerto…

Terminé de espejarme y pensé rápidamente (siempre con la mente puesta en mi amigo) que la droga SALE del Perú, pero no ENTRA. Fué entonces cuando el desesperado interlocutor me dijo que había un mayor que le ofrecía un “arreglo” y de inmediato me pasó a alguien que con voz autoritaria se presentó como el mayor X , de la comisaría de Monserrate y me preguntó quién era yo.

Despierto totalmente, le dije que no entendía qué tenía que hacer ésa comisaría con el aeropuerto.  Cerré la comunicación y apagué el celular.

El sueño se había ido y comenté el incidente con Alicia.

Claro, habían tratado de estafarme seguramente. Yo leí hace algún tiempo sobre el tema y los pedidos de compras de tarjetas telefónicas para transferir saldos como  “arreglo”  y mi cerebro, con la información y los datos que tenía, procesó  y encendió la luz de alarma.

Actué casi en automático, gracias a la información y a un procesamiento veloz y correcto. Gracias a ésa maraviilla llamada cerebro y a la que damos tan poca pelota. Tan poca que un deporte bastante popular consiste en golpearlo repetidamente hasta que el idividuo quede “groggy”  o  “knock out”; es decir, se desoriente totalmente o pierda conciencia.

A mi me salvó de ser estafado, a otros los salva de morir. Produce sinfonías, novelas, pinturas, películas y cuanta cosa existe. Produce magia. Y hay personas que buscan destruir su propio cerebro. Buscan elimiar su yo. No lo entiendo.