EL MAR DE LOS SARGAZOS


Dicen las historias que las naves iban perdiendo la velocidad de navegación y aunque el viento hinchase las velas, avanzaban dificultosamente, hasta quedar inmóviles, detenidas, por una fuerza extraña, que no era otra cosa que los sargazos, esa alga marina que, flotando, se acumulaba en cantidades inmensas y atrapaba a los barcos, que no conseguían salir nunca de esa tumba marina, vegetal y acuática…

Las historias, leídas cuando chico, vuelven a mí en este tiempo, en el que pareciera que un mar de los sargazos, está haciendo que naveguemos más despacio y con dificultades para avanzar siquiera un poco… Un mar de esos sargazos que son la corrupción, la desidia, el egoísmo, el desinterés, el miedo, la “criollada” y todo lo que va saliendo a flote en circunstancias como las actuales.

Este mar de los sargazos asesino, hace que el viento de la esperanza –que hincha nuestras velas- sea una brisa inocua que se apaga, para dejarnos en medio de una calma chicha, atrapados y sin salida visible.

El mar de los sargazos ha demostrado ser extenso y me temo que no iremos más allá, porque ante el inmovilismo, las algas han empezado a crecer aún más e invaden el entorno, para enredarse en nosotros y ahogarnos…

Imagen: joseluisregojo.blogspot.com

ME SIGUEN GUSTANDO LAS MISMAS COSAS


 

 

El otro día hacía un repaso de como ha cambiado mi vida y notaba que me sigue gustando leer un libro, ver una revista, la historias de Mafalda y El Inodoro Pereyra, escuchar música, conversar, tomar algún café y escribir. La buena publicidad me gusta y sorprende siempre. Ver fotografías antiguas me gusta y no voy a negarme a un pedazo de queso azul. Atrás han quedado cosas como manejar, tomarme un wiski o fumar despacio una buena pipa. Se quedaron porque  me hacían daño o me convertían en un peligro callejero con un casi ciego al timón. En el casi balance que menciono, descubro que no extraño nada y antes, al contrario, doy gracias por conservar tanto y disfrutar de ello.

Todo tiempo pasado fue mejor” se revela como la frase de alguien que ha fracasado, pues no supo ponerse al día y sacudirse de aquellas cosas inútiles, que le dañaban o hacían daño a otros. El hoy, para mi, sigue siendo esa gran aventura en la que siempre se está descubriendo y permite aplicar lo aprendido. Cada día es diferente y trato de que la rutina no empañe las sorpresas agradables, por pequeñas que sean. Vivir cada día como si fuera el último me enseñó a disfrutar sin posponer y que  los planes son sueños, pero que es bueno soñar, porque te permite salir de ti y volar a otros jardines. Si no hiciera planes, si no tuviera sueños, el día sería una desgracia.