LA HIDRA


hidra-lernaean 

A la alcaldesa de Lima quieren llevársela de encuentro de todas maneras. Buscan cualquier pretexto y excusa para lograr que se vaya a su casa. No les importa haber perdido una votación ciudadana, ni que sus intenciones se descubran. Hay mucha plata de por medio y grandes ambiciones para un futuro que ellos quieren acelerar. Ambiciones que se esperanzan en más dinero y poder que esperan va a generar aún  más plata. Se mueven todos los hilos posibles y ya no importa la visibilidad acusadora con tal de lograr el objetivo que pensaron lograr y se les escapó porque la ciudadanía decidió respaldar a la decencia.

Ahora resulta que un abogado suspendido por no pagar sus cuotas al Colegio de la Orden y los dejados fuera de un negocio turbio entre otros, piden que “por justicia” la alcaldesa se vaya. ¡Altoparlantes de escondidos parlantes?

Son los coletazos de ese dragón infame, de esa hidra maligna a la que le crece una nueva cabeza cuando otra es cortada. Son los coletazos de un sistema corrupto que se niega a morir.

Enarbolan su “triunfo” si llegan a vacar a regidores. ¿Un triunfo sobre qué o sobre quién? Sobre el ciudadano corriente, sobre usted y sobre mí. Consideran y declaran haber “ganado”, pero curiosamente babean por más. Es que saben que el trofeo preciado fue defendido y sufren al ver las arcas alejarse. Sufren porque saben que no podrán medrar. Sin embargo volverán a intentarlo.

UNA GRIPE FUERTE


Una gripe fuerte “me agarró”, como se suele decir y al pedir un antigripal en la farmacia, me envió un producto en sobres que traía, cada uno, dos pastillas. En las instrucciones no decía cuantas tomar cada vez (una pastilla suele ser lo recomendado) y decidí tomar una cada seis horas. En esas estoy, pero me quedó la intriga: ¿es el laboratorio responsable tan bueno que me da dos pastillas por el precio de una o es que debo tomar dos cada vez? Ninguna información al respecto, salvo decirme que no debo superar la dosis de “x” mg en 24 horas, de cierto compuesto del producto. Es decir que tengo que hacer una operación matemática para enterarme sobre el límite de uno de los ingredientes… ¡pero no me dice nada de los demás!

Pienso yo: si alguien toma las dos pastillas de golpe y hace una ingesta cada seis horas ¿no será que dobla la dosis? ¿Es eso bueno y la pastilla requiere de dos dosis juntas o es malo? Si una persona no se fija mucho y además la información que recibe no es clara, puede estar poniendo en riesgo su salud: ¡lo opuesto a lo que buscaba!

Toda esta especie de galimatías viene porque el caso puntual vale para muchos otros en los que la información es engañosamente insuficiente o redactada en términos que requieren estudios especializados, un dominio del español o de la “jerga” médica para entender.

El ciudadano común y corriente quiere sanar. A los laboratorios parece que lo único que les interesa es vender.

La famosa frase “venta sin receta médica” ¿qué implica? ¿El producto es inocuo y lo puede tomar cualquiera? ¿Es una invitación a “automedicarse”? Ahora bien, si el producto es inocuo ¿para qué lo tomo?

De pronto es el poquito de fiebre que debo tener el que me hace pensar así, pero creo que debe haber responsabilidad en el paciente que toma un fármaco y quien lo produce y quienes lo venden. Sé que esta es una guerra desigual y que lleva mucho tiempo con batallas ganadas y perdidas. Es desigual porque frente a la maquinaria arrolladora que suponen prestigio empresarial y técnico y el dinero empleado en convencimiento, está el consumidor que cree y necesita hacerlo porque se siente mal. ¿No sería mejor consultar con un médico u obtener información completa de los productos? ¿No sería bueno que estos nos den instrucciones claras y en lenguaje inteligible por todos?

Hay un montón de interrogantes en esta historia y lo malo es que a veces se juega, alegremente, la vida.