MIRAR POR LA VENTANA


Pierce debe estar nostálgica: mira con lo que podríamos interpretar como tristeza por la ventana o toma un poquito de sol en el patio, desganadamente.

Desde hace seis meses no sale a la calle, no tiene jardín por el que corretear ni hay pájaros a los que pueda acechar. Se ha adaptado al nuevo ambiente y a sus condiciones de “reclusa” pero a veces los aires de libertad la invaden y corre por el pasillo, galopando como un caballo.

Hoy, sin ir muy lejos, sentada sobre el respaldar de un sillón equilibraba sus nostalgias viendo pasar a los automóviles por la avenida. Como una estatua, inmóvil, o recordaba épocas pasadas tratando de fijar un movimiento que seguramente atesorará para después.

Duerme como solo los de su clase pueden hacerlo a las horas más inopinadas. Duerme mucho porque está en su naturaleza y porque seguramente se aburre. De vez en cuando afila las uñas en la base del postecito que tiene para jugar y logra sacar pelusas del forro de tapizón que luego persigue haciendo como que les da caza. Se aburre nuevamente y pierde el interés: abre el hocico en un bostezo que muestra una lengua rosada y unos colmillos inútilmente afilados. Guiña los ojos y luego los cierra, meditando en quien sabe qué.

Come cuando quiere, toma agua y usa la caja de arena tapando sus deshechos con las patitas traseras,

Pierce da vueltas y reposa. Reposa, diría mi madre, de no hacer nada. Disfruta las caricias en la cabeza y que le rasquen debajo del hocico. Cada vez que Norma viene de visita, la reconoce y se instala cómoda en su regazo. Lo mismo sucede cuando Alicia María o Daniela nos visitan. En realidad ha perdido toda vergüenza y cuando algún amigo o amiga están a vernos, sale, hace una somera inspección y se instala en su lugar favorito, en la cima del respaldar del sillón unipersonal de la sala. Sin embargo creo que se aburre. Ya se acostumbró al territorio reducido y a la falta de verde, pero cuando mira por la ventana, parece esos marineros que desde el puerto sueñan con el mar o fabulan historias que contarán después en las tabernas. Pierce no las cuenta, pero tengo el convencimiento de que sueña y fabula.