EL VALOR DEL DINERO


El dinero es esa invención humana que permite hacer transacciones, es decir, trocar bienes de todo tipo y servicios, por monedas o billetes que tienen un valor determinado y que está respaldado, tradicionalmente, por oro, metal precioso de gran valor. El oro, desde casi siempre, ha sido el “sumun” de la riqueza y el lujo y se supone que las bóvedas de los bancos nacionales e internacionales, lo guardan para que sirva como eso: respaldo…

Eso, creo que lo sabemos, es una historia y la realidad suele ser otra, porque el dinero, así como puede ser muy valioso y útil, puede no serlo y servir para envolver, porque es papel y con las monedas, metálicas, se puede hacer remaches… Este es el caso de un país del África, donde el dinero valía tan poco, que, hojas de él, sin cortar, servían para hacer bolsas de mercado.

Supongo que es algo extremo, pero que puede suceder con la devaluación, la consiguiente emisión de nuevos billetes para tratar de “cubrir los huecos”, su proliferación y mayor pérdida de valor, hasta que solo valen el papel en el que están impresos y a este, hay quedarle alguna utilidad, descartándose en principio limpiarse el trasero, por la dureza, aunque flexible, del papel-moneda…

En el Perú (patria bendecida, porque a pesar de los esfuerzos denodados que se hacen por destruirla desde dentro, todavía cacarea) no podemos ser menos y hemos tenido nuestro importante estrellato inflacionario, cuando la moneda peruana, el SOL PERUANO, se convirtió en INTI (que es Sol, pero en quechua) y después en “nuevo” Sol (una especie de mosoq Inti, porque “mosoq” significa “nuevo”) y ahora (por decreto supremo, claro) se convirtió otra vez en Sol nomás.

Un buen ejemplo de cómo se fue a la mierda, tuvo se ocaso trágico el viejo Sol peruano, se puede ver en esta pieza antológica, que guardo celosamente con mi colección de billetes INTI, del cual tengo algún ejemplar cuyo valor nominal es de 5’000,000.00

Al billete de I/. 100.00, que no valía, repito, sino el papel en el que estaba impreso, le dieron una utilidad que lo convertía en señal… ¡En señal, un “volante”, válido por el 10% de descuento en un salón de belleza-peluquería de señoras!

¿Increíble, pero cierto…? ¡A la prueba impresa y en mi poder me remito…!

Ocurrió durante el primer gobierno del señor Alan García Pérez (QEPD), al que inexplicablemente después del desastre nacional en el que nos sumió su incompetencia, se le volvió a elegir presidente tras un interregno.

Es más, tiene una fecha de caducidad, como toda promoción comercial que se respete, que está indicada abajo y terminada a mano, con plumón: “30 de noviembre de 1993”.

En la inflación… ¡Hermanos!

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