ESCRIBO, LUEGO EXISTO


ESCRIBO, LUEGO EXISTO 2.jpg

He  escrito para publicidad y acerca de la publicidad casi toda mi vida; en realidad, toda mi vida como profesional que ya lleva 50 años, lo he hecho y si bien el trabajo de quien escribe para la publicidad es generalmente anónimo, a no ser que algún premio o especial mención proyecte una luz distintiva sobre el personaje, el hecho de “no aparecer” para el gran público, puede ser frustrante en el caso de ciertos espíritus que buscan el reconocimiento.

 

La mayoría de redactores publicitarios que conozco, sin embargo, saben que el anonimato es esencial, porque la “estrella” es el producto, servicio o cliente en nombre de quien escriben, al que le dan voz y modelan, resaltando sus cualidades y características; no es posible una supuesta guerra de “egos”, donde sobresalga más el que hace la publicidad que quien es publicitado. Esto arruinaría la comunicación, confundiendo al público.

 

Por eso es importante el anonimato y todo redactor publicitario debería entenderlo así, porque los “divos” no funcionan en una profesión basada en la comunicación, donde el papel estelar siempre será de otro.

 

Creo que entendí esto desde el principio y por eso me asombra que de vez en cuando aparezcan “genios” que creen que las luces son para ellos y merecen todos los reconocimientos y aplausos; no niego que sean bueno en lo que hacen, tal vez excepcionales, pero no pueden ponerse por delante de quien es el verdadero protagonista. Es impensable que eso suceda, pero pasa.

 

Bueno, que conste que no es falsa modestia la mía, sino solamente que durante toda mi vida profesional no se me habría ocurrido “estar en la foto” siendo el protagonista.

Digo, nomás.

 

Imagen: encabezamiento de mis hojas de texto

 

LIMEÑO O HABITANTE DE LIMA


LIMEÑO O HABITANTE DE LIMA - copia.jpg

Hace años, allá por el 2005, la revista QUEHACER, dirigida por mi amigo Abelardo –“Balo”- Sánchez León, tuvo la gentileza de publicar un articulito mío en su edición marzo/abril, que reproduzco hoy aquí porque creo que de entonces a esta fecha cada vez es más cierto lo que decía y sucede de manera más acelerada.

 

Cuando empecé a trabajar en publicidad, a pesar de que los modelos en los comerciales  ya no eran absolutamente rubios y de ojos azules, sí había un patrón que casi excluía a los cholos  y a los negros.

Todo era clase media  y “aspiracionalidad”. Los nombres con sonido inglés eran imanes seguros y, definitivamente, el Perú era Lima y Lima, para la publicidad, se reducía a San Isidro, Miraflores y los viejos barrios mesocráticos.

 

A pesar de los esfuerzos del gobierno militar por eliminar la apelación directa  en los avisos y desterrar a Papá Noel de las campañas navideñas, la publicidad buscó las vueltas y, en un máximo alarde de peruanidad, puso un chullo a la gráfica.

 

Hoy, a la inversa de aquellos años, Lima es el Perú. Lima es una ciudad mezclada, agitada, colorida. Ha dejado de ser la ciudad de los diminutivos, donde imperaba el “lonchecito”, tomabas “una chelita”, esperabas “un ratito” y después te comías “un cebichito”. Sigue siendo la ciudad con el cielo color panza de burro del que hablaba don Héctor Velarde, pero bajo ese cielo se esconden otros cielos. Se esconden amaneceres andinos y atardeceres selváticos.

 

Lima baila a otro ritmo. A otros ritmos diría.  Lima no es más la ciudad jardín. Para muchos nostálgicos está mucho más cerca de “Lima la horrible” de Sebastián Salazar Bondy. No hay una Lima. Hay muchas Limas. Tampoco hay “limeños” estrictamente hablando. Tal vez queden algunos, pero son una ínfima minoría al lado de los habitantes de Lima.

 

El limeño pudiente veraneaba en Ancón. Para la clase media, los Baños de Barranco y La Herradura. Más lejos, Punta Negra y San Bartolo. Los que menos podían llegaban hasta Agua Dulce y Conchán. El invierno ofrecía Chosica, Chaclacayo y para la sociedad entre comillas, Los Cóndores.

 

Pero la ciudad, Lima, creció hacia El Callao; avanzó hacia el sur, desbordando los cerros, poblando los arenales, sembrando de barriles y esteras los terrenos donde la hierba se negaba a crecer. Asia ha convertido ahora a los veranos en una pasarela iluminada. Por el norte, Lima terminó uniéndose con Puente Piedra y al este la Carretera Central se ha convertido en calle principal

 

Lima se encuentra en un “aeropuerto” democrático su identidad gastronómica. En Gamarra la forma de vestir y en las discotecas con chelas, pollería y hostal, se pasa un divertido fin de semana.

 

¿Qué está haciendo la publicidad para ubicarse dentro de ese cambio? ¿Cómo enfrenta la vieja “Inca Kola” a la atrevida “Kola Real”? ¿Dónde ha quedado “El Rancho” frente a los “Roky´s” y los “Norky´s”? ¿Vencerá “Vencedor” a la pintura “Anypsa”? ¿El jugador de ajedrez se dará cuenta de que su contrincante tiene puestos los chimpunes y de que ese es un partido sin árbitro ni reloj?

 

Miren un triste ejemplo: el Centro Comercial Camino Real, ayer paradigma de centros comerciales y hoy en Cementerio Comercial Camino Real. Y el orgulloso y todavía reciente Jockey Plaza ve nacer en los conos la competencia inmisericorde que absorbe público y compradores, reteniéndolos allí, en sus zonas.

Hasta hace tres años era impensable que la gente de Los Olivos, Comas o Independencia dejara de “bajar a Lima”. Hoy no lo necesitan. Viven, estudian, trabajan, se divierten y crecen en su sitio. Lo tienen todo. Y cuando no lo tienen, lo inventan y disfrutan haciéndolo. Son prósperos y no sienten envidia.

 

La publicidad, sin embargo sigue soñando con patrones de los años cincuenta; con amas de casa rubias, casi perfectas, con dos hijitos como máximo, esposo trabajador, carro en la puerta  y casa perfumada por el olor a flores  del aromatizante preferido por todas. De vez en cuando un cholo, de vez en cuando un negro. Por aquí una Tula Rodríguez blanqueada a su pesar, animando un programa. Por allá una Eva Ayllón en su papel moreno de cantante criolla que recomienda una gaseosa, junto a una “Suavecita” que es charapa pero limeñizada y una Gisela ejemplo de ascensión y olvido de su pasado bataclánico.

 

¿Cuál es el “limeñan way of life” que nos propone la publicidad? ¿Hasta cuándo seguiremos hablando de los comerciales de “Magia Blanca”, que ya agotaron las batallas, para mostrarlos como ejemplo de publicidad local? ¿Es la publicidad de “Compra peruano” algo más que un pretexto? La publicidad, en la mayoría de los casos, sigue creyendo que su público vive en San Isidro, compra en “Todos” y vuela en  “Aerolíneas Peruanas”. Salvo raras y honrosas excepciones, la publicidad parece dirigirse a un grupo humano  ya desaparecido. Como los fantasmas de las destruidas ciudades marcianas de Ray Bradbury que “eran hermosos y de ojos dorados”. Existe tal vez aún, en la página de sociales de “El Comercio”.

 

Jefferson Janampa Gutiérrez no tiene nada que ver con eso. Él es abarrotero mayorista, tiene una camioneta Toyota y vive en Los Olivos. Su mujer y uno de sus hijos lo ayudan en el negocio; los otros tres están en el colegio. Chatean  desde la cabina, se irán de vacaciones a Miami y no les preocupa que su ropa de marca sea “Made in Peru”. Tienen cable, no leen los periódicos  y el fútbol los congrega frente al televisor de 29 pulgadas. En el verano hay piscinas cerca donde pasar el día. Si salen a comer, ¿pollos o parrillada, chifa  o pizza? ¿Es Jefferson Janampa un limeño o solo habita en Lima? ¿Qué publicidad es la que lo seduce? ¿Las piratas de” Backus”? ¿Los remeros que ganan gracias a fideos ingeridos desde que eran niños? ¿La intriga de la “M”? ¿La simpleza lavable que le presenta “Anypsa”? ¿Alguien  le habla a él? ¿A su familia?

LIMEÑO II - copia (2).jpg

Para Ana María Berenson Ardiles la cosa es diferente. ”Ésika” es para ella. Las cucarachas, ¡¡¡ajjj!!! se mueren con “Baygón”. Para tomar “Sprite Zero” o un agua mineral. Para “esos días”, “Always” con alas. El aceite olivado “”Primor” es una buena idea y un yogur “Bio-Laive” hace la diferencia. Claro que viaja en micro y cuando alcanza en taxi, pero eso no impide vivir como una sueña. ¿Ana María Berenson es limeña o solo habita en Lima?

 

Difícil lo tiene en esta Lima, que en realidad son varias, la publicidad masiva si es que hace introspección. ¿Funciona? ¿Es rentable? ¿Cómo llegar y a quiénes? ¿Es necesario limeñizar la comunicación? ¿Es que existe el limeño? ¿La tan mentada globalización ha homogeneizado a una población heterogénea? ¿Será que asistimos a los coletazos finales de un sistema obsoleto que se niega a morir porque su aviso de su fallecimiento no ha aparecido todavía en la página de defunciones de “El Comercio”?

 

Imagen: Cerro San Cristóbal, Lima / pinterest.com

 

 

EL REINO DE ESTE MUNDO


EL REINO DE ESTE MUNDO.jpg

Para la mayoría todo es aquí y ahora, en una inmediatez que cada día que pasa se vuelve más urgente; si antes se planeaba a futuro y se creía en que lo que iba a venir sería mejor, ahora la planificación es una ciencia extraña y al parecer no se espera nada de un mañana que se ve incierto, quimérico o inútil.

 

Aprovechar el momento es la regla y aprovecharse de él es la actitud imperante porque el ¡YA! Se ha entronizado de tal modo que no se concibe nada diferente; ni el ayer para aprender de él algo siquiera, ni ese mañana nebuloso y poco posible que se ve como consuelo para tontos.

 

Así estamos y los dichos como “Guardar pan para mayo” son consejas ancianas que han perdido total actualidad; lo “urgente” reemplaza a lo importante y la vigencia de “Más vale pájaro en mano que ciento volando” se ha vuelto una verdad inexorable.

Imagen: artsy-inspirations.blogspot.com

AMPAY…¡ME SALVO!


AMPAY.jpg

Qué chico, aquí en el Perú por lo menos, no ha jugado o juega “A los ampays”?; estoy seguro que todos, a cierta edad lo hemos hecho y “ampay” en este juego significa “te vi”, es decir “te vi y me salvo de que me atrapes” si no me equivoco…

 

La palabra “ampay” que también significa encontrar a alguien en una situación bochornosa, pudiéndose emplear la expresión “te ampayé”; según leo en Google…

ampayar

166

Al árbitro del juego de béisbol se le denomina, en inglés, UMPIRE. Su pronunciación en español es, más o menos, AMPAIR. Y se ha deformado a tal punto que los que entendemos de béisbol cuando escuchamos AMPAYAR sabemos que se están refiriendo a árbitrar un partido de ese deporte. Ejemplo : «¿Quiénes van a AMPAYAR el partido?. En béisbol se utiliza, normalmente, más de un árbitro (UMPIRE).» Sinónimos : Arbitrar.

 

Y Ampay, también usando información de Google, nos remite al Santuario Nacional de AMPAY en el Perú:

 

El Santuario Nacional de Ampay (SNA) está ubicado en el distrito de Tamburco, en la provincia de Abancay, en el departamento de Apurimac. Su extensión es de 3,635.50 hectáreas y está encalvado en medio de los Andes conformando una especie de “isla biológica”. Además, forma parte del concatenamiento de los picos nevados de la Cordillera de Vilcabamba y de los Andes del sur. En el SNA se tiene un rango altitudinal que va desde los 2,900 a los 5,235 m.s.n.m.

Para acceder al santuario se debe tomar, desde Lima, la carretera en dirección Nazca – Puquio Abancay en un recorrido de 940 Km. aproximadamente. Otra ruta de acceso se tiene desde Cusco en dirección a Abancay, donde se recorren cerca de 200 Km. En su interior se contempla una enorme diversidad de riachuelos y manantiales que le confieren una belleza e importancia única al lugar.

El área del santuario es prácticamente toda una escarpada pendiente, en las faldas del nevado Ampay, con escasas zonas planas donde aparecen algunas bellas lagunas que forman un paisaje espectacular. En la sección sur y más baja del área se encuentra el majestuoso bosque de intimpas, objeto de conservación principal del SNA. Ubicado a pocos kilómetros de Abancay y de la importante ruta entre Cusco y la costa, este lugar es muy accesible y es un punto atractivo para el turismo de naturaleza.

 

El nevado Ampay, tiene 5235 m. sobre el nivel del mar y queda en Abancay, departamento de Apurímac.

 

 

Magaly, una periodista peruana de farándula y “chismes” (habladurías), mantiene un programa de televisión muy popular, donde “ampaya” a “famosos” locales, como futbolistas, estrellas faranduleras y algún personaje público y notorio, que despistado, se ponga a tiro de sus cámaras en situaciones “non sanctas”.

 

Bien disímiles estos poquitos significados (y si no me equivoco hay un Cristo de Ampay) o acepciones y estoy seguro que hay mucho más, pero resulta curiosa la relación juego infantil-juego de béisbol-árbitro (umpire) o la de salvarse en el juego infantil pronunciando la frase “¡Ampay me salvo!” – Santuario Nacional (área protegida por ley) de  Ampay…

Y bueno, por último, la relación juego infantil – Cristo de Ampay, porque Cristo es el salvador.

 

Uno puede escoger, pero mientras tanto… ¡Ampay, me salvo!

 

Imagen: http://www.espacioninos.com

 

 

 

 

 

 

LA TORTURA


La-tortura.jpg

Las fiestas o fechas tradicionalmente señeras que marca el calendario y que se repiten cada año, son signo de alegría y diversión para la mayoría, pero para los creativos publicitarios creo que son épocas de sufrimiento por la tortura que significa encontrar algo nuevo, atractivo, interesante y realmente creativo, para unas efemérides que, inmutables, se repiten repartidas en un lapso de 365 días (salvo en los años bisiestos, como este, que trae 366).

Ser creativo no es fácil y siempre digo que no es lo mismo que ser “ocurrente”, “chispeante” o “chistoso”; ser creativo publicitario implica estar informado, trabajar para algo específico, atraer, gustar y convencer.

La creatividad no crece en los árboles y es un fruto que hay que conseguir con paciencia, que se tiene que cultivar y tratar con sumo cuidado, porque es frágil. La línea divisoria entre la creatividad y el sensacionalismo barato y corriente, es muy delgada… A veces se cree que para ser creativo solamente basta con llamar la atención y que cuanto más estridente se sea, es mejor…

El viejo dilema de la hoja en blanco, que es tan común para los creativos, se convierte en una especie de espada de Damocles que pende sobre él en cada fecha importante que se repite año a año… ¿Qué decir que no se haya dicho ya? ¿Cómo evitar esos mortales lugares comunes? ¿Qué ángulo o qué lado nuevo se puede presentar? No es fácil y que conste que lo digo porque cumplí 50 años de creativo publicitario en diciembre pasado.

Publicado por codigo.pe 15.1.2020.

UNA HISTORIA… ¿GENEALÓGICA?


UNA HISTORIA....jpg

La historia que voy a contar y me contó alguien a quien también alguien se la contó, es una historia pequeñita, con h minúscula y no sé si será verdad o será puro cuento.

 

Dicen que en la edad media, en un pueblo español, vivía un zapatero que estaba muy orgulloso del calzado que hacía… El rey  – porque en esta historia hay uno- en su ruta de visitas, un día apareció inopinadamente en el pueblo, congregó a la gente en la plaza y después de las proclamas recitadas de viva voz por el funcionario encargado, el monarca se puso a escuchar, graciosamente, los pedidos de los pobladores.

 

El zapatero había llevado con él en una bolsa de tela, su mejor par de zapatos y se los entregó al rey como obsequio; nada más verlos al abrir la bolsa y sacarlos, el rey sonrió y le dijo al zapatero: “¡Gracias, buen hombre…! ¡Son estupendos y en retribución a tu gentileza te concederé lo que quieras! Solamente tienes que pedirlo…”

 

El zapatero dudó un momento, se puso serio, pensó y sonrió diciendo: “Mi señor, quisiera algo que nadie tiene y es poder construir en un terrenito que tengo, una torre que sea más alta que la torre de la iglesia y poder vivir allí, con vuestro permiso…”

 

En la época medieval, ninguna construcción podía sobrepasar en tamaño a la torre de una iglesia, pues esta era la casa de Dios y por lo tanto el punto más elevado y cercano al cielo…; el rey miró  al zapatero, paseó la mirada por la gente que en silencio esperaba lo que sería una negativa real y dijo:”¡Sea! Nos te concedemos levantar tu torre, más alta que la de la iglesia y vivir en ella…”

 

Así, el zapatero que era conocido por todos por su apellido, que era Gómez, pasó a ser desde entonces Gómez, el de la torre.

 

Cuentan los que cuentan cuentos, llamados historias, que este es el origen del apellido Gómez de la Torre. El apellido de mi madre y mi segundo apellido.

 

Si lo narrado no es verdad, merecería serlo…

 

Imagen: fr.depositphotos.com