CASTILLOS DE ARENA


¿Quién que, viviendo en la costa, cerca del mar, y teniendo playas con arena a disposición, en el verano, cuando chico, no se ha entretenido haciendo castillos de arena en la orilla, llenando de arena húmeda el baldecito de metal o de plástico (depende de la edad que se tenga al leer esto), primero con la palita y después con las manos, para apelmazar más el contenido y volcarlo, sacudiendo con golpecitos cuidadosos, para que la “torre” resultante fuera digna del castillo que vivía en nuestra imaginación y poder luego moldear con las manos el muro que iría dando forma a nuestra creación, con tres torres más, y una puerta de entrada, que quizás tuviera un puente levadizo hecho de palitos de helado…

Más o menos elaborado, nuestro sueño constructor veraniego, sería finalmente lo que nuestra paciencia y habilidad lograra, para terminar tarde o temprano siendo una ruina barrida por el mar, unos mogotes informes que se van disolviendo poco a poco dejando solo el recuerdo del sueño, un balde y una pala abandonados, en esa arena donde el ir y venir del mar es inmemorial…

Imagen: http://www.calcar.comeze.com

NO SE SABE NADA


Se especula mucho y todo sigue haciendo un círculo vicioso en torno al Covid-19 o “El Virus”, como quiera llamársele.

Es “algo” sumamente simple y produce efectos tan complejos que traspasan al ser humano y se vuelcan hacia la sociedad modificándolo todo y prometiendo más cambios que son poco predecibles.

No hace distingo alguno entre razas, colores de piel, de nacionalidades; no diferencia entre ricos ni pobres, ni tampoco entre creyentes o agnósticos. Es un gran homogeneizador que nos vuelve iguales a todos, vulnerables, nos pone en peligro y tal vez sea la primera vez para muchos, que hace de la muerte una certeza indiscutible y cercana.

No tiene cerebro ni escoge sus víctimas; solamente ataca. No hay curación cierta hasta ahora, tan solo promesas y esperanza. Una sola esperanza: la de ganar la guerra contra un enemigo ubicuo, implacable, invisible y mortal.

Imagen: http://www.isoladiminorca.com

LA TRAVIATA


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Siguiendo con la ópera, esta, también de Verdi, se traduciría al español como “La Extraviada”, aunque aquí en el Perú se dice “¡La Traviata…!”, queriendo decir “¡El acabose!”.

 

El título de esta obra le viene muy bien a la Cultura peruana, porque aunque el ministro tenor ahora sea un ex, la Cultura parece que se les perdió y no les importa mucho a los del gobierno; es pues, propiamente, “La Extraviada”…

 

No se entiende de otra manera el que haya habido tantos ministros que se han sucedido en la cartera y francamente ya perdí la cuenta, pero creo que son ocho o nueve…  Barrunto que lo que pasa es que ninguno ha encontrado a La Extraviada y cuando alguno estaba sobre la pista, fue cambiado para que se empezara de nuevo con la búsqueda: “Cultura… Where are you?”

 

La Cultura es tan poco importante que se pierde, como un clip en el cajón del escritorio; tanto, que en el Perú se reduce al parecer a Machu Picchu (porque se cobra entrada, atrae turistas y da renta), a un par de ruinas más y al vals criollo ese que se titula “Si te vas… ¿Qué me queda?”.

 

Patito feo de la gestión presidencial, a La Cultura se la ningunea, se la pierde y se prenden velitas a San Blando (ése que “no se sabe cuándo”), para que no aparezca nunca, porque la Historia que se enseña es histeria y el tema parece ser tan peligroso que, como dijo el nazi Hermann Göring: “Cuando oigo la palabra cultura, echo mano a la pistola”.

 

Dicen que somos un país culturalmente riquísimo pero sin embargo el presupuesto del ministerio de Cultura es ínfimo… ¿Un sinsentido? ¡Nooo…! Lo que pasa es que se ahorra para que los teleféricos puedan ser construidos, las pistas que llevan hasta los despojos históricos sean asfaltadas y los vendedores de recuerdos nativos, “Made in China”, no tengan problemas para llegar a ofrecer su culta mercancía a los gringos que llegan para probar el “sabor nacional” de la “Inca Kola”…

 

Miren lo que es la vida, empecé con “La Traviata (repito “La Extraviada”) y me perdí un  poco, pero ahora creo entender este asunto de extravíos, porque parece que el Presidente leyó ayer este blog…

Vizcarra: Francesco Petrozzi presentó su renuncia al Ministerio de Cultura y lo hemos aceptado

 

 

Ha mandado al ministro Pavarozzi allí donde está la cultura peruana…, o sea, a la mierda.

 

Imagen: elblogdepablogallo.blogspot.com /  titular diario: “Gestión” 4.12.2019.

WALK DON´T RUN


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La mamá de Tuco abrió una tiendita de venta de discos en una pequeña galería comercial que supongo por nueva y estar algo a trasmano no tenía mucha clientela; allí nos juntábamos para “ayudar” y lo que en realidad hacíamos era oír música y conversar. A veces nos acompañaba algún amigo, pero por lo general esas tardes de verano eran más bien musicales, de conversación y espera…

 

Allí descubrí a “The Ventures” con su famoso “Telstar”, con “Walk don´t Run”, “Apache”, Runaway y tantas otras canciones donde las guitarras eléctricas, el bajo y la batería nos hablaban en “moderno” y nos parecían lo máximo. Era, creo, nuestro refugio en un mundo que ya entonces aparecía un poco desordenado y medio agresivo. No existía Internet, las computadoras personales y los correos electrónicos eran algo que no se conocía, pero la música, las conversaciones, uno que otro cigarrillo (cuando la mamá de Tuco –que fumaba bastante- nos “dejaba a cargo), algún sándwich y Coca-Cola llenaban nuestras tardes antes de cerrar e ir a la cercana avenida Arequipa para tomar el “Mercedes azul” que a mí me llevaría hasta Barranco, atesorando un disco del grupo favorito, comprado con los ahorros y por supuesto con un descuento “especial” por ser “amigo de la casa”.

Recuerdo que el primero que pude llevarme fue precisamente “Telstar” y después “Walk don´t Run”: gloriosos vinilos de 33rpm que por las noches escuchaba una y otra vez en la radiola “Saba” de la sala de mi casa, hasta que llamaban a comer y el noticiero del televisor en blanco y negro reemplazaba a “The Ventures” con noticias que eran una ducha de realidad.

 

No sabría decir si fue una época feliz, pero creo que para la época, era feliz. No recuerdo ningún verano triste en Lima, con sus posibilidades de playa y sol, primero bicicletas y luego estirando cada día hasta la noche oyendo una música que hoy de pronto sería tildada de simplona y primitiva, pero que en esos sesentas sonaba a rebelión (porque en nuestras casas a nadie le gustaba mucho).

 

Ahora que pienso, ya en esa época, el título de la canción que “The Ventures” tocaban maravillosamente, me estaba dando un consejo: “Camina, no corras” y francamente no sé si lo escuché porque si hubiera caminado más y corrido menos, hubiera hecho que ese tiempo en el que fui feliz, durara más.

 

 

 

Y por si quieren escuchar más a “THE VENTURES”, aquí está el link a un concierto en Japón en 1965.

https://www.youtube.com/watch?v=D6DmtPQv7V8&list=PLq_Y-lcSMTsd-5yNJQubu9gju

 

Imagen: http://www.flickr.com

CON “M” DE MUERTOS VIVIENTES


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Basta ver las listas de los candidatos al Congreso para saber que los muertos vivientes, los zombis famosos se sacuden la tierra que los cubría y acomodan sus andrajos que malcubren la gusanera y la podre para iniciar su marcha. ¿La meta? Un sitiecito en lo que fue el congrezoo, desde donde poder vomitar sin que les hagan nada, porque la curul, el sitiecito, les asegura inmunidad/ impunidad: pueden cagarla donde quieran y mearse sobre cualquier principio.

 

La pandilla de cadáveres destartalados repite como mantra sus consignas y confía en que hay un 15% de la ciudadanía que sufre de adicción a la mugre, a los hedores de la descomposición y el desagüe y que peor es nada, que hay que cultivarlos con bocanadas de aliento fétido y tápers proselitistas llenos de excremento.

 

No importa que un 85% de intonsos celebraran el cierre del viejo congrezoo porque la memoria es frágil y cuando vean las caras pustulosas, ajadas y amarillentas pero conocidas, habrá mucho que se echen en sus brazos, aunque les pedirán cuidado porque algún entusiasmo regurgitado se los puede arrancar.

 

Los muertos vivientes confían en la desmemoria y el olvido de la gente y están muy seguros que sus olores ni se van a notar en medio del aroma a gasolina y basura que reina en las calles.

 

Es que parece que en el Perú no aprendemos y buscamos el hueco para meter la pata repetidas veces. “Nacidos para sufrir” no es el título de una vieja película india de Bollywood, sino lo que podría ser el lema masoquista de un país en el que los enterrados regresan de sus tumbas para seguir haciendo de las suyas, porque como decía Humberto Martínez Morosini, “Aquí no pasa nada”.

 

¿No será que se están preparando para una superproducción de Chollywood que se va a filmar en el Presbítero Maestro?

 

Imagen http://www.rtve.es