DÍA DEL PADRE


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Hoy es domingo aquí en Lima y en muchas partes del planeta.

Hoy se celebra el día del padre;  una fecha no tan popular como el día de la madre, pero que los comercios aprovechan para vender…

Hoy, día del padre quisiera escribir sobre Manuel Enrique: mi padre.

A estas alturas tendría ciento seis años. Era del año tres y vio pasar el cometa Halley, subido sobre la mesa del comedor allí en el Cuzco y lo que recordaba eran las migas de pan que le picaban en los pies descalzos.

Mi padre era ingeniero y nunca mejor aplicado el término, porque su ingenio era infinito aunque su paciencia fuera corta. Capaz de encontrar soluciones inverosímiles a problemas sencillos, podía arreglar casi cualquier cosa que le cayera en las manos.

Estudió ingeniería electromecánica e ingeniería civil; empezó a estudiar medicina a la vez, pero un surmenage lo regresó a las ingenierías nada más.  Se craduó en electromecánica y siempre ejerció como ingeniero civil. Recorrió el Perú, especialmente la sierra, construyendo carreteras. Escribió un libro sobre pavimentos y fundó el primer magister en Vías de Transporte en la UNI.

Fotógrafo fanático, llevaba a cuestas su cámara fotográfica y los implementos de revelado. En un tiempo en que los negativos de vidrio eran no sólo más fiables sino prácticamente únicos, su bagaje de aficionado era voluminoso y lo acompañaba en sus largos meses de campamento. Guardadas tengo placas de hermosos lugares;  de mis hermanos, mi madre y sus amigos. Placas que en la época de la efímera fotografía digital, permanecen como hermosos dinosaurios en el blanco y negro de un pasado siempre actual.

Manuel Enrique leía mucho y de todo. También lo acompañaban tres cajones con libros, que servían además como asiento debajo de la carpa.

Cajones largos con asas de soga que acomodaban libros profesionales, novelas,  filosofía y religión. Contenido que era renovado por mi madre cuando le llegaban, en Arequipa,  los cajones llenos de libros ya leídos.

Manuel Enrique era Católico. Con C mayúscula.

Vivió su fe desde estudiante, cuando integró la mítica JEC. Una fe inquebrantable, meditada y actuada en cada instante de su vida. Una fe ejemplar, envidiable y alegre.

Fue perseguido por su fe y perdió más de un puesto público por ella. Lo persiguieron porque no se permitía ser concesivo con los mediocres. Lo hicieron porque era un ingeniero que rezaba, que no tenía empacho en ponerse en las manos de Dios cuando trepaba en mula por las sierras de La Libertad o cuando soportaba en solitario los fríos de una puna hecha para el ichu y no para los que la cruzaban construyendo caminos que el hombre pudiera recorrer.

Mi padre se fue en 1985.  No conoció Internet ni esta magia que me permite ahora compartir los recuerdos. Él que hizo su tesis de ingeniero electromecánico sobre los tubos de vacío, que  eran una promesa en ése entonces,  ¡cómo hubiera disfrutado de éstas maravillas!

Se me haría corto este domigo para hablar de él. Como ahora me doy cuenta que fue corto el tiempo en que lo conocí y tan poco lo que conversamos…

Siempre sucede. El tiempo pasa y nos damos cuenta de todo lo que quisimos decir, escuchar, charlar o simplemente mirar. Y ya es tarde. Quedará para otra ocasión. Ésa que ocurrirá cuando le dé el encuentro y lo ponga al día.

Hasta entonces, feliz día del padre todos los días.