AVATARES DEL DESTINO


El destino tiene muchos rostros. Hay una novela de Guareschi,   que se titula “El Destino se llama Clotilde” y también hay una película titulada “Cuando el Destino nos alcance”, con Charlton Heston y Edward G. Robinson…

Los avatares son los sucesos que provocan un cambio, podrían ser máscaras y este pequeño artículo llamarse “Las caras del Destino”, y pido que se note que escribo Destino con letra mayúscula, porque es algo que tiene importancia capital…

Hay quienes creen que el ser humano labra su propio Destino y aquellos que están convencidos de que el Destino de todos y de todo, está fijado desde el principio… Pregunto, ¿Desde el principio de qué? ¿Desde el principio de cada cosa o desde el principio del Todo…?

La “lectura” del Destino, existe desde que el ser humano tiene conciencia de que hay un futuro para él y se ocupa en pensar lo que le sucederá. Los oráculos, los arúspices, los tarotistas, brujos, chamanes y todo tipo de adivinos, llenan la Historia y tratan de dar respuesta a la pregunta “¿Qué pasará…”, hecha millones de veces, por millones de personas a lo largo de millones de años…

Los astros con sus posiciones, las entrañas de los animales, el vuelo de las aves, los naipes y muchas otras “señales” dictaron y siguen haciéndolo, el Destino de todo; a veces, la “lectura” demuestra ser correcta y otras veces no, pero el ser humano sigue preguntándose qué pasará…

Soy de los que creen que labramos nuestro propio Destino y que las acciones que emprendemos o no, son parte de esa cadena de hechos a los que deberíamos prestar atención; Sucede lo mismo con todo: el Destino, lo hacemos nosotros… ¡Y no nos damos cuenta, porque solemos echarle la culpa! Por cierto, resulta más cómodo.

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CUANDO EL DESTINO NOS ALCANCE


CUANDO EL DESTINO

A estas alturas en el Perú, nadie sabe precisamente lo que va a pasar, pero por los indicios, el destino de nuestro país no es bueno para nada…

Llegamos al Bicentenario después de una larga y agotadora carrera de doscientos años y parece que no alcanzaremos la meta, sino en un estado calamitoso, que ha ido poniéndose peor en los últimos tiempos…

Hoy más que nunca, la frase de Jorge Basadre, acerca de que el Perú es un “País de desconcertadas gentes”, cobra realidad y si miramos las últimas encuestas electorales, que llegan hasta el domingo pasado, veremos que un porcentaje muy elevado de votantes no tiene ni idea de por quién votar o no querría hacerlo, porque no le interesa y que aquellos que se deciden por alguien ni siquiera llegan, individualmente, a un 20% en su preferencia.

Y si esto es para voto presidencial, la atomización en lo que sería el voto congresal es peor aún y nos condena a un congreso tan fragmentado que “mayoría” rima con “utopía”, lo que hace que el panorama sea ófrico.

Ya el “Chapulín Colorado”, falleció y la frase conocida, repetida en voz alta “¿Y ahora, ¿quién podrá salvarnos?” queda flotando en el aire, sin ninguna respuesta.

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