EL SORDO


SORDO

Tenemos un presidente sordo.

No ha escuchado lo que sucede en Venezuela. No ha oído los gritos de “¡Libertad!” de un pueblo representando por las voces de dos mujeres que vinieron hasta aquí para gritar en nombre de su país y en el de toda persona que cree en los derechos de los seres humanos. Lo terrible es que parece no leer tampoco, porque se hubiera enterado que Lilian Tintori y Mitzy Capriles querían contarle personalmente, a él y a Nadine Heredia, lo que está pasando en el país llanero.

Como no oye, ni lee; no las recibió y no pudo opinar.

Tenemos un alcalde mudo, políticos ciegos, un Estado rengo y un presidente sordo. Será por eso que estamos como estamos. Perú, ¿un imposible?

CHICHA CANERA


 

Somos un país “chicha”, donde todo parece apuntar a conseguir que lo malo sea bueno y lo prohibido, lícito.

Es muy triste que las noticias lo confirmen y, por ejemplo, lo sucedido en un penal, visto el domingo en TV y con las evidentes secuelas, resulta por decirlo de alguna manera suave “mágico” porque en ninguna parte creo yo, donde exista un mínimo de orden y sentido común sucede algo así.

La celebración del cumpleaños de un interno, con orquesta, comida, trago e invitados, bajo las mismas narices de las “autoridades” infringiendo todas las normas y haciendo gala de olímpico desprecio por lo establecido, ya no legalmente sino por aquello que supone tener dos dedos de frente, es algo que podría inscribirse en un “realismo mágico”, pero de magia negra.

Por supuesto que ahora vienen las destituciones, los traslados, las sanciones, los “yo no fui”, “yo no vi nada”, “no es mi competencia”. Después del terremoto se barren los escombros, se riega la calle y se sigue como si nada hubiera pasado, hasta el próximo movimiento sísmico, que seguramente tardará o si no “ya veremos”.

Estamos acostumbrados a vivir entre basura, echando desodorante de ambiente y pintando las casas para esconder la miseria.

El problema de los penales es un mal endémico y se ha seguido agregando sobre la mugre. Los resultados, a todo color, llegan a los hogares regando de basura a la sociedad.

Se convive con eso, se le tolera mientras no se lo vea.

Se dice el pecado pero no se nombra al pecador y caen los peces chicos, los que se venden por centavos, mientras quienes deberían responder por la podredumbre siguen tan orondos y fingiendo escándalo.

Somos un país “chicha” con una vocación suicida increíble. Y lo peor es que parece gustarle a la mayoría.

INCREÍBLE: DICEN QUE EL ORDEN ALIENTA EL CAOS


He visto a un señor que es dirigente de alguna de las sociedades del transporte público, dar una entrevista en televisión sobre la paralización que preconizan.

El periodista le hacía preguntas y cada vez las respuestas eran más increíbles. O mas bien, retrataban perfectamente porqué estamos como estamos. Se quejaba de que iban a tener que pagar papeletas muy altas y cuando le dijeron que el asunto era no cometer faltas para no pagar multas, se salió por la tangente hablando del caos vehicular y echándole la culpa a los alcaldes anteriores y a la actual administración por no “ordenar”.  El dirigente de una fracción de los causantes, alegando inocencia y desconocimiento de los desarreglos que causan y –evidentemente- admitiendo que no piensan mejorar y que necesitan correctivos para las faltas, pero e oponen a que el valor de los castigos sea ejemplar. Dijo que tampoco podrían escuchar radio y allí metió al público usuario, afirmando que viajaría incómodo por eso. ¡Curiosa afirmación! ¿Es la cumbia a todo volumen o los gritos de una radio puesta a todo volumen por el conductor lo que pregona como un derecho? ¿Y el derecho a viajar con tranquilidad de los pasajeros? No sé si la intervención del señor era trágica o cómica. Evidenciaba, eso sí, el absoluto desprecio de lo que para ciertas personas es el orden, la paz, la ley y el servicio. Nuestro Perú está así por culpa de los que cometen abusos y quienes los toleramos a ellos. Dicen que “a río revuelto, ganancia de pescadores” y parece que los pescadores quieren seguir haciendo de las suyas en un país desordenado, caótico y borroso. Lo del transporte se suma, por ejemplo, a la negativa de ciertas gentes de que funcione en Lima, el nuevo Mercado de Santa Anita. No les conviene la luz. Prefieren seguir en la oscura mugre donde las ratas medran, en todo el sentido de la frase.

¿Cuándo se comprenderá que no se ha de llegar a nada si seguimos por el camino que venimos recorriendo? ¿Cuándo será que la autoridad prevalezca sin sables, sin multas, sin coacción? Ése día empezaremos nuestro camino al Perú que puede ser. Que podemos ser.