NO HAY DERECHO


Creo que no lo hay. Los peruanos queremos tener un Congreso digno y no una buhardilla donde se acumula suciedad y las alimañas hacen su agosto esperando la oportunidad para saltar sobre su presa.

Se comentará que sucede en todas partes, pero representantes que llegan a serlo gracias a mentiras y otros que demuestran una conducta por lo menos sospechosa, no deberían formar parte de una Institución tan importante para la vida del país. Cada vez la cosa se pone peor y parece no tener fin. Lejos están los tiempos en los que en el Congreso se discutía, se diseñaban leyes y se hacía un trabajo serio y productivo, dirigido a la comunidad. Hoy son los apetitos individuales los que priman. Son cosa de todos los días componendas vergonzosas y la famosa inmunidad parlamentaria deviene en impunidad monda y lironda.

Sé que esto que digo no es sino una tímida gota que cae. Una opinión que estoy seguro es compartida, pero que no tiene más valor que el de serlo.

Por supuesto que hay Congresistas con mayúscula y no es a esos a los que me refiero. Pero existe una preocupante mayoría que cree que está en su chacra y puede hacer cualquier cosa. El Perú no debe estar representado por impresentables y no hablamos de condición humilde, sino de tiburones muchas veces iletrados, pero duchos en el latrocinio, el engaño y en el ejercicio de nadar en cualquier agua.

Nuestro Parlamento parece servir solo para eso: parlar. Está lleno de basura y el mal olor es insoportable. Su limpieza es como la de los establos de Augías: se necesitará que Hércules desvíe dos caudalosos ríos para hacerlo. El Perú es un país de brazos tendidos y no nos podemos quedar con los brazos cruzados. No frente a algo como esto.

FUENTE FOTO: “Diario 16”

 

 

LA GALLINA DE LOS HUEVOS DE ORO


El teléfono sonó anunciando que había mensaje y cuando me desperté del todo, eran casi las seis de la mañana, El despertar fue violento, pues en lo único que pude pensar fue en mis hijas. Ajusté el botón que no debía y apareció un siete. Ya más despabilado pero nervioso, busqué “mensajes” y mientras lo iba haciendo, pensaba rápidamente que no podía ser Paloma, porque está en Argentina. Si era lo que me temía, sería Alicia María. Cuando pude ver el mensaje resultó ser de la compañía telefónica que me anunciaba que había expirado mi “bono de Internet” y que “para renovar…”. Dejé el aparato, tranquilicé a mi esposa y rumié improperios contra quienes me habían despertado con un susto y con la alegre intención de venderme acceso al espacio de Internet.

Esto que no tendría trascendencia, puede convertirse en un problema si quien recibe el aviso sonoro anunciando mensaje, sufre –por ejemplo- del corazón y el hecho desconcertante e inesperado le provoca un paro cardíaco. Me dirán que exagero, pero, pero las personas que murieron “de susto” pueden perfectamente haber pasado a la otra vida por un hecho así.

Lo que quiero decir es que no hay derecho que, en aras de las ventas, a un ciudadano que está pagando por un servicio, le ocurra algo así. Como estrategia de marketing es mala por no decir pésima. Esto se repite a diversas horas con mensajes para que baje canciones de moda, chistes u horóscopos. Son como las llamadas telefónicas que hacen los delincuentes, para por medio del susto y la desorientación, timar a la gente con diversas historias.

Yo sé que una empresa necesita vender, pero no puede hacerlo “al guerrazo”, tratando a los potenciales clientes como cualquier cosa. ¡Qué distinta esta realidad de sus bonitos comerciales de televisión donde todo es idílico y nos pintan de colores sus ofrecimientos poniéndolos al alcance de una llamada.

Seguramente debí inscribirme en INDECOPI para que no me enviaran mensajes: no lo hice. No lo voy a hacer, porque creo que nadie puede ser tan bruto como para espantar a los clientes, o como se dice “matar a la gallina de los huevos de oro”.