CAFÉ


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Muchísimo se ha escrito sobre este tema y este post no es sino una pincelada.

Tomo café desde que tengo memoria y hace muchísimos años lo hago sin agregarle azúcar o endulzantes: es que, como digo siempre, me gusta el SABOR y lo otro sería como probar un toffee, con sabor a café es cierto pero “deformado” por el dulce.

Hace años las mañanas, de lunes a viernes, empezaban con tres tazas de “exprés” al menos, bebidas entre conversaciones y silencios que compartíamos Julio Romero y yo en el Haití de Miraflores. Con el tiempo nuestra mesa fue creciendo en amigos que hacían del café matutino y la charla un “must” imprescindible.

Dicen que beberlo de noche quita el sueño, pero en mi caso parece que resulto una excepción a la regla pues duermo tan tranquilo. Acompaña mis lecturas y los momentos en que trato de concentrarme. Es cierto que ahora no tomo más que una taza al día y no siempre, porque supongo que la cafeína como excitante algo tiene que ver con mis tres infartos al cerebro y debe afectar al corazón que sobrevive a cuatro, desde que tenía 36 años. Me dijeron los médicos: “elimina el café”  y así lo hice. Luego que si quería, tomara poco. Y así lo hago.

Un poco de café: no pasa nada si un día no lo tomo, pero siento que forma parte de las buenas lecturas, de las conversaciones y del quedarse solo. Por lo menos los ríos de café que he tomado han tenido siempre las barcas de las letras, el viento de las conversaciones y el remanso tranquilo de la soledad.

Gracias café por ser testigo.

 

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ÉL SABOR DE LOS DÍAS


Cada día tiene un sabor diferente: los hay dulces, amargos, ácidos, con sabor a fresas, chocolate, a pastel de choclo y a pan recién hecho. Sabores de la infancia que acompañan a la lluvia o al sol; sabores que se disuelven lenta y perezosamente como un caramelo. Cada día tiene el sabor de un sueño y casi siempre deja huellas que se borran y son remplazadas al promediar el siguiente o al empezar la mañana. Sabores que van desde la alegría luminosa hasta el mal sabor de los momentos malo. Ningún día es soso o desabrido.

Y de sabor en sabor va pasando nuestra vida que está signada por gustos diversos que nos dicen de un hoy familiar, de amigos o solitario. Por gustos que no se mezclan y que conservan lo que los hace únicos para nosotros.

Llevo ya muchos años de este probar sabores y me doy cuenta que son tantos que agradezco poder probar cada día uno nuevo: eso me mantiene vivo, expectante y con la curiosidad puesta en el sabor de mañana. Diría que el descubrirlo, me hace avanzar y eso es una hermosa manera de ser feliz.