EL COLOR QUE TENEMOS


 

 

El otro día veía al “Chema” Salcedo, mi compañero de colegio, entrevistar en TV a un médico sobre lo que era evidentemente su especialidad, que tenía que ver con las lecturas del “aura” personal, que él veía y diagnosticaba. A los peruanos nos veía un halo mayoritariamente rojo,

, signo de la violencia. Hablaba también de otros colores, pero se me quedó grabado cuando dijo el significado del color que pintaba nuestros contornos. Volví a ver al entrevistado, respondiendo a Milagros Leyva en otro canal sobre este mismo tema y creo que lo que proponía era certero.

La violencia se ha apoderado del país. No solo aquella que se manifiesta en disturbios que recorren el Perú, sino en la violencia que subyace en actos como los que se dan en muchos hogares, los referidos a los niños, las mujeres y aquellos que acechan a lo que antes, al parecer, era un más tranquilo devenir.

Esto no parece haber ocurrido de un momento a otro, sino que poco a poco ha ido ganando espacios porque hemos cedido mayoritariamente a la tentación de resolverlo todo aplicando la ley del más fuerte, la del que grita más, la de aquel que primero golpea y después pregunta. Claudicamos porque sentimos que es más fácil que razonar. La fuerza versus la razón: el eterno dilema que a veces es la lucha entre el mal y el bien. En nuestro Perú parece estar en avanzada la fuerza, que sin atender a razones cree que es capaz de avasallarlo todo. Es curioso y triste que nos perciban así, ya sea a través de un color o de lo que los medios informan cada día. Se piensa que lo de los colores del “aura” no es sino palabrería, pero el identificar lo que está sucediendo en general, con un color violento, debe llamarnos la atención. ¿Es que estamos eligiendo “vías rápidas” y poco ortodoxas para resolver nuestros problemas? ¿La disconformidad se traduce en secuestros, asonadas y actos que en cualquier parte merecen sanción? Nuestra bandera es blanca y roja, pero el color rojo simboliza la sangre de los héroes, no la ira violenta de un pueblo que siempre fue pacífico. Y razonable.