LAS REDES SOCIALES PUEDEN SER MORTALES


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Vivimos creyendo en aquello que queremos creer y no necesariamente en lo que es verdad: nos contamos cuentos, reproducimos historias escuchadas y que no sabemos si son ciertas y nos movemos en una burbuja de suposiciones que es peligrosamente alimentada por la adicción a las redes sociales y todo o gran parte de lo que viene por esa vía lo damos por bueno, cierto y fiable.

Como otras veces dirán que exagero, pero lo que tenemos a la vista es precisamente una dependencia a las redes sociales representada por millones de personas que se “informan” con lo que “otros” dicen sin cuestionar ni un poquito lo que están recibiendo y que está diseñado de manera tal que atraiga y “convenza” citando fuentes que no existen o que quienes las citan, saben de antemano que no serán consultadas, fruto de la pereza o si lo son, el número que acceda a ellas será ínfimo y sus opiniones, -si son expuestas- no tendrán mayor trascendencia.

Se ha escrito mucho sobre las redes sociales y su influencia sobre esta sociedad que es inmediatista y que “no tiene tiempo”: donde todo debe ser rápido, corto y lo más concreto posible, además de llamativo; es claro que, como siempre, “el que busca, encuentra”, pero precisamente allí está la cuestión: no se busca porque se siente que hacerlo es perder el tiempo y en realidad para qué buscar si el resultado está a la vista, parece claro, “está bien ubicado” en los buscadores de Internet lo que asegura un gran número de miradas y “todo el mundo” sabe que “muchos NO PUEDEN errar” (bajo esa premisa, recuerdo la vieja frase: “Coma caca, 500´000,000 de moscas no pueden equivocarse”).

No se trata de denostar a Internet y “tirarse contra ella” sino insistir en que el problema está en el individuo, su afán reduccionista y su costumbre de realizar el menor esfuerzo para obtener algo y que este “algo”, le dé rédito.

“La confianza mató a Palomino”, reza el dicho popular y me parece que asistimos a un funeral masivo de Palominos que confiaron y les resultó mortal.

Publicado en codigo.pe 8.8.2019.

¡CUIDA TU 1%!


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El éxito es 99% de transpiración Y 1% de inspiración, por eso hay que cultivar y cuidar a ese pequeño porcentaje y dedicarse a trabajar, a transpirar, para conseguir lo que se quiere.

No existe el éxito sin esa cuota aparentemente abultada de trabajo ni tampoco sin ese mínimo porcentaje de inspiración, que para efectos prácticos llamaremos creatividad; es una sabia combinación de ambos, donde la mayor visibilidad está en lo numéricamente menor y lo que más trabajo y tiempo lleva, pero no se suele ver, es precisamente el trabajo que cuesta que la creatividad tome las formas necesarias.

A la creatividad hay que darle de comer, alimentarla, masajearla y estar siempre pendientes de su buena salud; como es pequeña y esporádica, NECESITA cuidados.

El trabajo es masivo, envolvente y ojalá constante porque de esto último dependerá que ese 1% creativo aterrice y encuentre que la pista se construye; a mí me hace mucha gracia cuando alguien infravalora el trabajo, lo ningunea y le da todo el crédito a la inspiración –creatividad para nuestro caso- sin advertir que las jornadas dedicadas a obtener algo que resulte potable, son muchas y al final tienen un peso infinitamente mayor, aunque sean grises, que ese destello brillante que no es nada sino un fuego fatuo sin el apoyo del trabajo hacedor.

Nunca menospreciemos al trabajo. LA IDEA, es eso: un comienzo, un punto de partida; su implementación, o sea, lo que cuesta trabajo pesa 99%.

Publicado en codigo.pe  9.8.2019.