MÁQUINAS


 

Siempre me pareció poco estimulante tener una máquina de contraria. Seguramente por eso no me atraen los casinos y me parece aburrido estar apretando botones para ganar o perder dinero. Alguien me dijo una vez que si jugaba y ganaba me iba a gustar, pero siento que puedo hacer cosas más entretenidas y productivas que mantenerme “en vilo” esperando que una máquina me de o quite monedas, unas cuantas o muchas. Sé que en todo el mundo las personas lo hacen y que hay negocios, inclusive ciudades que viven de ello. Los casinos no van conmigo, no me entretengo y prefiero leer, conversar o solo mirar a pararme o sentarme delante de una de esas máquinas tragamonedas (cuyo nombre lo dice todo).

Sé que pueden ser un tema de conversación entre aficionados que hablan de “máquinas duras o blandas” según sean estas dadivosas o no y de las aventuras vividas en las horas que les dedican. A mi me aburre el tema y no llego a entender bien la fascinación que a veces ejercen. En realidad todo aquello donde predomine el azar no me es muy afín, porque creo que la suerte no es tal, sino que se llama éxito y este no se aparece de la nada. El éxito se busca, se trabaja, se camina hacia él hasta que se llega, se lo obtiene. Un premio de sorteo no es despreciable ni tampoco el obtenido en una máquina de casino, sucede simplemente que los veo como un regalo y carentes de todo esfuerzo. Hay mucha gente que cambia su vida con los premios, pero me parece que lo que fácilmente llega suele irse de la misma manera.

Lo digo porque a veces escucho historias de personas que se suicidan porque jugaron hasta sus últimos centavos en una máquina y perdieron. ¿Tremendista? No.

¿Qué puede llevar a un hombre a gastar todo el dinero que posee en aras de la ilusión de tener más? De pronto la ambición, de pronto una falsa esperanza. Tal vez la desesperación de ver como se va acabando esa esperanza.

No lo sé. Estoy seguro que miles tendrán muy distintas respuestas, pero no siento que ninguna me convenza.

El jugador ha sido y es estudiado, sus pulsiones y motivos analizados. Su conducta observada. Sin embargo el azar ejerce su fascinación y nada de lo que se diga hace que de verdad se modifique una manera de actuar que puede llevar a la ruina total, una manera que muchas veces termina con la vida. No lo entiendo. Confieso que no entiendo el juego así, el derroche de adrenalina que implica y lo que generalmente acarrea. Y cuando digo que no entiendo, lo hago con los jugadores que definen su vida en un apretar de botones confiando en el azar.

Como dice el dicho: “Cada loco con su tema”.