DE CABEZA


DE CABEZA

No debería sorprendernos el que veamos todo patas arriba, al revés de como debiera estar.

A una chica le rompen el vidrio de su auto para robarle la cartera. Los “bujieros” huyen en moto y ella los persigue; los choca: uno de los delincuentes huye y el otro es atrapado. La moto del asalto tiene la placa falsificada y el que es atrapado, antecedentes policiales por robo. El malhechor reclama por “sus derechos” y no quiere que lo filme la televisión, amenazando. Un campeón mundial de boxeo descubre a unos ladrones robando en su automóvil; los coge y luego la familia de uno de los ladrones lo denuncia por “agredir” a un menor. Waldo Ríos, el que recibió dinero de manos de Montesinos para cambiar de partido y apoyar a Fujimori, es “rehabilitado” por la Sala Penal Especial de la Corte de Justicia y puede ser Gobernador de Áncash.

Si vemos someramente las noticias tendremos un panorama de lo que está pasando. Jueces liberan a delincuentes; los delincuentes amenazan y agreden a la ciudadanía; un cajero de banco les roba a los más pobres; un congresista más hace que el Congreso les pague a “asesores” que trabajan… ¡en su universidad particular!

El mundo está al revés en nuestro país: de cabeza, patas arriba, equivocado; mala, dolosamente equivocado. Todo está trastocado.

Dicen que estamos camino a ser país del primer mundo ¿no será que caminamos hacia el último? ¡Esquina bajan…!

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EL CAMINO EMPIEZA CON UN PASO


 

 

Hoy es lunes y escribo esto sin saber qué dicen las noticias, sabiendo de antemano que no serán buenas.

No se trata de pesimismo sino de vivir inmerso en una realidad donde lo malo resulta cotidiano y lo poquísimo positivo, resalta como noticia. Y  a veces ni alcanza a ser noticia porque no parece interesar a nadie. Hace un buen tiempo escribí algo parafraseando a “Cambalache”, el tango y hoy sigo pensando que las cosas andan patas arriba. Como si no se quisiera que se ordenen aunque sea un poco, todo anda trastocado y fuera de lugar. Y esta realidad parece replicarse, multiplicándose.

Ayer nos reunimos, por casualidad, en casa, con mis primos y dos amigos de colegio. Las conversaciones se hicieron pronto una sola y los 7 estuvimos de acuerdo en que solo la educación sacará a nuestro Perú adelante y que lo mismo pasa en casi todo el mundo. Es un trabajo que necesita abarcar a varias generaciones y que, Dios quiera, si se empieza dé resultados. Suena a lugar común, resulta un tema manido, pero la crisis que hoy vivimos evidencia que la educación no importa. En el país contamos con un presupuesto ridículo para desarrollarla y en los países donde se puede, parece que no se quiere.

El ser humano, para serlo, necesita educación. ¡Qué lejos estamos de eso! Importa más lo que resulta accesorio y no parece tan mal caminar hacia un abismo.

No hay recetas. Existe solo un trabajo duro y la perspectiva es la de esforzarse. A nadie le gusta la situación si está en su sano juicio: ¿por qué entonces no tratamos de revertir el cambalache? ¿Por qué tenemos que vivir un tango que significa miseria y desesperanza? ¿Por qué?, digo yo…

Andá a cantarle a Gardel!


bandoneón

Es un modo argentino de decir que no te creo.

Y parece que por aquí muchos tendrían que ir a cantarle al Morocho del Abasto, porque a estas alturas la incredulidad se ha convertido en pan de cada día. Lo converso siempre con los taxistas que como sabemos, son un buen termómetro ciudadano.  Lo leo en los comentarios  desencantados que encuentro en los blogs. El señor del kiosko de la esquina tampoco cree ya. Y hasta el guachimán de la cuadra me detiene para comentar su desengaño.

Un manto de color indefinido cubre las decisiones, las acciones, las promesas, las amenazas y prácticamente todo.

Si se da una ley, no se cumple. Si se quiere conseguir algo,  se grita. Se quiere ser popular a toda costa y se abren Facebooks y Twitters a ver si  “el millón de amigos”  llega para salvar la película en la última secuencia.

Dejamos de hacer buena letra y ahora resulta que no entendemos lo escrito y no sabemos cómo seguir.

Me recuerda a Guille, hermanito de Mafalda que al pronunciar “todtuga” y no poder decir tortuga, soluciona el asunto preguntando: “y zi mejod la pateo?” . Es decir, preferimos patear el tablero. Porque estamos hartos de cuentos, de mecidas, de trucos baratos hechos por prestidigitadores ineptos a los que se les nota… el truco.

Qué hacer para recuperar la buena letra,  la esperanza y la confianza?  Buenas preguntas.

Preguntas que deberían hacerse quienes necesitan ser creídos; los que requieren volver a tener la aprobación de sus acciones. Preguntas que exigen respuestas puntuales y no palabras vacías, lugares comunes y promesas vagas.

De otro modo el tango “Cambalache” seguirá cantando nuestra triste realidad.