SERES DE LUZ


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Eran como de vidrio, transparentes y flotaban ingrávidos.

Producían luz suave de diferentes tonos y aparecían de pronto. No sucedía cuando estaba dormido, o sea que no eran sueños. Los sucesivos médicos dijeron que eran alucinaciones y le dieron pastillas y remedios. Nada los alejó o desapareció. Entonces decidieron llevarlo a un sanatorio para enfermos mentales y observarlo. Lo ataron con correas a una cama para que no saliera a conversar con ellos que seguían viniendo a visitarlo. Esto fue al principio, hasta que se cansaron allí en el hospital para locos, porque las visitas invisibles continuaron.

No era un caso muy raro, pero la persistencia de sus visiones etéreas preocupaba, aunque por lo demás fuera normal. Comía, defecaba, orinaba y dormía. Nunca dijo que se sintiera mal. No lo dijo porque no hablaba con nadie, salvo con las presencias que acudían inopinadamente.

No se metió con nadie; hablaba a ratos, aparentemente solo y un día desapareció.

Lo buscaron por cuartos y jardines, pero no lo encontraron.

No lo encontraron nunca y solo otro paciente contó, después de mucho tiempo, que vinieron unos seres de luz, de diversos colores que se fueron con él.

Al hombre que los había visto, lo amarraron con correas a la cama y le pusieron unas inyecciones para que confesara la verdad. Murió.

Mientras, en otra dimensión, unos seres de luz recibían asombrados su alma.

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LOCUTOR@S ¿DE NUEVO AL ATAQUE?


micro

Uso el símbolo @ para nombrar de una, tanto a locutoras como locutores de televisión. Así no solamente abrevio el título sino que echo mano de un recurso “modernista”.

Sobre este tema ya he escrito otras veces, pero ayer, al escuchar que una locutora muy compuesta, hablaba con total suficiencia del alcalde de “Din” Valdivia, me dije que parece que el tema tiene una larga vida y no muy pronto arreglo.

Supongo que la señorita de marras se estaba refiriendo al alcalde de Deán Valdivia, en Arequipa. Por si acaso es deán (con acento) y no Dean (palabra inglesa que se usa como nombre: p. ej. Dean Martin, o como “apellido” por una estrella cinematográfica: James Dean. La traducción al español es decano.

El Deán es la cabeza del cabildo de una catedral. Los deanes en la universidad de Salamanca, eran los alumnos más antiguos de cada facultad (o sea los “decanos”). Por si acaso pongo Deán con mayúscula, como una muestra de respeto, la misma que se usaría para Doctor o Licenciado.

¿Pero quién fue el Deán Valdivia?

Juan Gualberto Valdivia Cornejo, nació en Islay en 1796 y falleció en Arequipa en 1884. Fue eclesiástico, político. Periodista, historiador y abogado. Por sus merecimientos y su multifacética actuación, ha sido y es considerado como el paradigma del regionalismo apasionado de los arequipeños.

Hasta aquí lo que la señorita locutora debía conocer o sobre lo que tendría que documentarse (es un poquito nada más) para leer las noticias con propiedad. Me parece que con tanto que se ha mencionado en los medios a Deán Valdivia por los sucesos producidos a causa del proyecto minero “Tía María”, lo menos que podía es verificar la correcta pronunciación de un nombre.

De repente estoy haciendo una tormenta en un vaso de agua, pero creo que el que se informa tiene el derecho a que lo informen bien y el que informa tiene el deber de hacerlo correctamente.

Si dejamos “pasar” cosas como esta, se nos escaparán las tortugas. Resulta común y corriente que hechos de este tipo se den a diario y no solo en canales de televisión o estaciones de radio, sino en la prensa escrita. Prefiero ser majadero a permisivo. Prefiero exigir a conceder. Preferiría que los que informan, tuvieran respeto por quienes reciben la información.

EL DEMONIO Y LOS LÁPICES


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Está de moda en Internet, lo cual quiere decir que anda por casi todo el mundo. Es básico, muy sencillo y los insumos se encuentran fácilmente. No se necesita tener polvo de alas de murciélago, tierra de cementerio, el feto seco de un gato y una cucharada de grasa de ballena. Basta con agenciarse dos lápices y una hoja de papel. Es una especie de ouija pobre.

Se ha vuelto popular entre chicos, adolescentes y adultos curiosos y “da respuestas” a preguntas que requieran de un SI o un NO como contestación. Según dicen lo hace un demonio; uno al que se invoca llamando: “Charlie, Charlie”. Como se sabe el demonio es ubicuo y no importa que se lo llame en Texas o en Loreto. Otra explicación dice que como hay tantos demonios, a cada invitación acude uno diferente, pero entienden todos que la palabra clave es Charlie, repetida dos veces.

El medio son los lápices, puestos en cruz (ojo con el símbolo) y en equilibrio uno sobre otro. Están sobre el papel dividido en un cuadrante con la palabra SÍ escrita en dos rectángulos y la palabra “NO” en cada uno de los otros, de manera opuesta, por supuesto.

Se invoca y pregunta si el visitante está y si el lápiz superior gira con la punta señalando que sí, se puede comenzar.

El lápiz indicará si la respuesta es sí o no, a lo que se pregunte. En la televisión han hecho pruebas y el lápiz se movía y las noticias dicen que en algunos colegios el “juego” ha producido “posesiones diabólicas” que han terminado con afectados en algún hospital y reuniones en iglesias bíblicas para rezar en grupo y “exorcizar” a los damnificados.

En un buscador normal de Internet hay hasta seis páginas de resultados y en Facebook seis entradas en diversos idiomas que si uno entra, cada una, de seguro, se ramifica multiplicándose casi infinitamente. Resulta curioso, pero el número 6 (tres hacen, tradicionalmente, el “número de la Bestia”) aquí entra en baza.

El demonio, parece, está acorde con los tiempos y ha decidido simplificar contactos, masificarlos, pues, usando tecnología que puede ser “diabólica”.

Fuera de toda broma, este es un signo de la época y sus facilidades; el demonio en la punta de un lápiz y a disposición de cualquiera que quiera consultarle.

El demonio se ha banalizado y no sabemos si es una estrategia suya o “Charlie, Charlie” es un juego al que “lo oculto” hace muy atractivo.

TRUENOS


BOMBARDEO

El anciano estaba solo en su cuarto.

En uno de esos momentos de lucidez que tenía, oyó el estruendo que causaban las bombas explotando innumerables, destructoras, mortíferas, por toda la ciudad. Otra vez los aviones y el miedo. Le vienen a la mente, atropellados, vívidos  fragmentos de imágenes de él cuando era niño: está acurrucado con su madre debajo de la escalera, sin tiempo para llegar al sótano; pedazos ensangrentados del vecino, regados frente a una puerta rota. Gente que corre; incendios y miedo, mucho miedo. Miedo de esos aviones, de esas bombas, miedo a las explosiones y al ruido atronador. Más que miedo: terror.

…  …  …  …  ..  …  …  …  …  …

–  “¿La causa de la muerte?

–  “Infarto al corazón, aproximadamente hace tres horas, cuando se desataba la tormenta.”

ARMAGEDÓN


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En la playa todo estaba tranquilo y esa tarde el mar, calmo como una taza de agua, deshacía sus olas en la arena; mientras tanto en el cielo las gaviotas, chillando, volaban persiguiéndose en un intento vano por estirar el tiempo y el sol había empezado su labor cotidiana de ocultarse detrás del horizonte.

De pronto se hizo un silencio extraño, raro; no se oía más el murmullo suave de las aguas, los chillidos ni el batir de las alas. El sol se fue poniendo rojo, y todo se hizo oscuro.

El rugido profundo y que crecía fue llenando el espacio y cambiando el silencio por un atronador sonido. Grandes gotas cayeron formaron una pared violenta que unió el cielo y la tierra. Desde la oscuridad, ramalazos brillantes iluminaron por instantes a la ola monstruosa que venía imparable. Tembló y el rugido del mar se confundió en un caos horrísono. La luz fue cegadora, el mar hirvió y desapareció en una nube de vapor;  en un instante todo había terminado mientras en el espacio se apagaba una estrella.

LA CARTUCHERA


 CARTUCHERA

En Argentina, Costa Rica, Perú, Uruguay, Venezuela y el sur de Andalucía, caja o estuche utilizado para guardar los útiles escolares.

De pronto me viene a la memoria la palabra y lo que asocio de inmediato es el estuche flexible, donde llevaba mis lápices, lapiceros, borrador, compás, una regla de chiquita, tajador y restos de tajaduras de lápiz; a veces uno o dos soles y alguna que otra chuchería.

Largo, como un sobre de “tamaño oficio” más o menos, e indispensable compañero de libros y cuadernos; mudo testigo de las horas de clase, que pasaba encima de la carpeta o guardado dentro de ella; que viajaba de la casa al colegio y viceversa en la maleta.

Cartuchera, sin embargo viene de cartuchos, que son las municiones para un arma de fuego. Curiosa coincidencia, porque de pronto lo que iba en la cartuchera escolar eran las municiones que nos servían y usábamos para el aprendizaje.

Tal vez sean disquisiciones bobas en torno a una palabra, pero a veces sucede que un timbre suena y se gatilla algo en el cerebro. Entonces es mejor hacer caso a esa llamada de atención y buscar (“investigar” suena pomposo) hasta encontrar respuesta a la pregunta que hizo sonar la alarma. Es una forma de aprender. No sé, “curiosidad” le dicen.

¿JODER PUTICIAL?


Rat king

Tenía otro nombre.

Antes la gente acudía a él para que resolviera sus problemas y poco a poco resultó que revolvía los problemas de la gente.

El dinero comenzó a llegar “volando” y los billetes aterrizaban como avioncitos de colores, principalmente el verde, en los bolsillos convenientes para torcer dictámenes y cancelar favores.

Todo estaba cubierto, todo estaba tapado; era la ley del fuerte; la fuerza de la trampa.

Se negociaba todo: “propiedad” de terrenos, sentencias favorables, desalojos violentos y conciencias mudables.

La presión ha hecho que esto explote por diferentes sitios. Explosiones pequeñas y grandes explosiones. Hay que apagar incendios porque la casa vieja, un presunto burdel, arde por varias partes.

Las ratas van saliendo a la luz: algunas asustadas y otras muy confiadas porque van disfrazadas de conejos.

El Joder Puticial se está quemando y ojalá que los cuerpos de bomberos no puedan apagarlo para que así desaparezca; los sucios roedores no encuentren madrigueras, se quemen los expedientes truchos y las sentencias bamba.

Cuando el solar se encuentre despejado de escombros podridos y quemados, hay que sentar las bases de un edificio nuevo: que sea moderno, funcional y seguro. Uno que lleve el nombre antiguo, rescatado y brillando. Que ofrezca protección a las personas y asegure que lo que allí se hace, sea visto a través de paredes de vidrio. Porque ese lugar debe ser transparente y no un sucio refugio de alimañas.