BUTIFARRAS DE VERANO


BAÑOS DE BARRANCO

 Las butifarras (ese pan con jamón del país y salsa criolla (para mí sin lechuga, por favor) me recuerdan a los mediodías de verano en que salíamos de los Baños de Barranco rumbo a casa y antes de irnos íbamos religiosamente a comer una generosa butifarra y a tomar una gaseosa en el establecimiento que expedía comidas, sándwiches, tortas, bebidas y para los “mayores” cerveza o un chilcano.

Maravilla que un alcalde decidió demoler para dar paso a un “progreso” que nunca vino y dejar inútil el funicular que llevaba y traía veraneantes con su magia de bajar y subir el acantilado…

En mi memoria no hay otras que se les parezcan, porque estas tenían el sabor especial de la libertad, el sol y el mar; ese sabor que no está en ningún sitio, salvo en el recuerdo.

Escribo, porque la foto de los Baños de Barranco me la envió Arturo, mi amigo y al verla, la máquina del tiempo me llevó a esa playa de piedras, a la infancia, a meterse al mar agarrado de una soga; a la orquesta que tocaba mientras las olas mansas mojaban los maderos y vigas de algo hermoso que ya no existe.

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CANOSITO


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 Entre las historias que María Vázquez me contaba cuando estaba chico, prefería aquellas donde participaba “Canosito”, un personaje que no por inventado era menos terrorífico. Y no es que fuera monstruoso ni particularmente horrible, porque María nunca me lo describió físicamente pero eran sus acciones y el que apareciera en ciertos lugares y circunstancias lo que me hacía sentir un miedo que consideraba delicioso. Al fin y al cabo, allí estaba María con su ingenuidad cajamarquina, para protegerme, sentada a los pies de la cama.

Muchos años después, al leer a Lovecraft, comprendí que el temor a lo desconocido me lo enseñó María cuando contaba sus historias, porque en el fondo, lo que sucedía en ellas, de pronto para no aterrarme con materializaciones como la calavera, los fantasmas u otros, solo lo sugería: nunca supe cómo era “El Canosito”, aunque me diera miedo.

SIN TERMINAR DE LEER


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El torturador sabía que tenía que ir temprano, o sea que puso el despertador a las 6.00 a.m. Dejó preparada la ropa para cambiarse después del duchazo mañanero y leyó un par de páginas del informe. Decidió que era mejor dormir.

Apagó la lamparita azul de la mesa de noche y por un momento el cuarto estuvo a oscuras. Después, el brillo tenue de los números y las manecillas del reloj fue lo último que vio antes de cerrar los ojos.

Cuando sonó, no hubo una mano que tanteara deteniendo la alarma. Sobre el suelo estaba en informe, cuya carátula decía: “CONFIDENTIAL”.

Nunca se levantó de la cama, porque los muertos no caminan.

LOS ZÚPER HÉROES


CONDECORACIONES COREA DEL NORTE

 Un viejo chiste de la época del gobierno militar en Brasil, contaba que tres militares muy condecorados comparaban sus galardones y mientras el norteamericano nombraba el porqué de cada una y el francés hacía lo mismo, el militar carioca (en el chiste), enseñaba orgulloso las condecoraciones que cubrían el pecho, los brazos y la parte baja de su polaca de uniforme y decía: “¡Boa Conduta!”.

La fotografía de este post parece un chiste, pero testimonia que todavía hay gente a la que la chatarra para usar importa mucho y cree que le da prestigio.

No sé cuáles serán los méritos de los señores, pero no creo que en Corea del Norte haya mucho motivo para ser condecorado y que el pueblo coreano sea tan crédulo.

Alguna vez supe de un veterano de guerra que mostraba las cicatrices, producto de múltiples combates y decía que esas eran sus condecoraciones. Ciertamente que no todo será conmemoraciones guerreras (parece que del gusto de los militares en todas partes), sino que por ahí habrá una que otra medalla al buen ciudadano o al ejemplo de vida, pero por lo general los premios se llevan dentro de uno y una o dos estrellas, o una plaquita o seis, no nos hacen más seres humanos ni mejores que los demás.

Digo yo: ¿no están ya creciditos para jugar a las chapitas?

LA MOPA


Mop-and-Bucket

Nuestro castellano continúa en la práctica, adoptando palabras que vienen de otro idioma, especialmente el inglés (supongo que por la influencia norteamericana, aunque en USA-y tal vez por ello- la presencia latina crezca todos los días).

Ayer escuché que alguien del personal de limpieza del condominio, daba instrucciones a alguien evidentemente nuevo en el trabajo; le decía que después “pasar la mopa varias veces”. Se refería, creo, al humilde trapeador, en inglés “mop”.

Hay variantes del sencillo artefacto, pero todas son muy parecidas y sirve para limpiar (o secar) principalmente el piso.

Varias veces en Estados Unidos escuché a los latinos (principalmente centroamericanos) usar esta palabra; como también oí “washalería” (por lavandería) y “troca” (por camioneta). Los ejemplos de adaptación-deformación de las palabras es muy grande y a veces la comunicación se corta.

Se corta porque nos encontramos con pequeños callejones sin salida en nuestro quehacer diario.

Es verdad que cada país tiene sus modismos y emplea palabras que más allá de la frontera no significan nada o simplemente nos hablan de otra cosa. Aún en las regiones de nuestro mismo país, hay palabras distintas para cosas usuales y formas de hablar que pueden resultar ininteligibles; y estamos usando todos, en cualquier caso, el mismo idioma… ¡o creemos hacerlo!

Tal vez sea la tan mentada globalización y los esfuerzos que se realizan por integrarse a ella y “ser moderno”. Lo malo es que una de nuestras señales de identidad, se va disolviendo. Tal vez como el hielo en una “chicha purple”.

JUEGOS DE GUERRA


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 No se trata de la película del año 1983, sino que el título de este post no creo que pudiera ser otro.

Desde mi ventana, escucho a los niños jugar en los jardines del condominio y me doy cuenta que prácticamente todo lo que oigo tiene referencias bélicas o de violencia. Las pistolas (imaginarias), los muertos y los equipos que se forman para desafiar a otros y “combatir” con ellos, son de lo más común; hace unos días una niña que buscaba compañeros para jugar a “las chapadas”, terminó llorando y contándole a su madre que nadie quería jugar con ella.

Es cierto que cuando yo era chico jugábamos a los cow Boys, con pistolas “Colt Frontier” de juguete y había muertos, también imaginarios; pero además, como dije en algún otro escrito, “éramos Sandokán y navegábamos desde la baranda de la terraza, en un juego que tenía capítulos” o viajábamos en el submarino del Capitán Nemo o íbamos en viaje al centro de la tierra. Salgari, Verne, London y Rider Haggard eran las fuentes maravillosas de las que bebíamos para llenar nuestras horas infantiles.

No había televisión y el cine del sábado o domingo nos llevaba a un lejano oeste de buenos y malos que sentíamos cercano.

Sí, jugábamos a la guerra, pero eran escaramuzas preñadas de aventura, fruto de las lecturas y de imágenes vistas en el fin de semana…

Ahora, o es que ya estoy viejo, o simplemente siento que éramos más “amables” antes. Hoy la violencia que se despliega en los juegos atruena a través de mi ventana y me pongo a pensar en lo que “consume” el chico de hoy y como la televisión deformadora y las noticias de la crónica roja son pan de cada día. Están expuestos permanentemente a una violencia que se vive en las calles, en los diarios, en la televisión y en el ambiente. Todo ha ido cambiando y esta violencia cotidiana lo ha invadido todo.

No parece haber juegos sin muerte ni diversión sin armas y los chicos de hoy, cuando sean adultos replicarán sus juegos, pero en grande. Y esto no es un juego, aunque nos estemos jugando la existencia.

LA PATADA MORTAL


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Unos aplauden la jugada y otros lloran la partida.

Leo que un futbolista inglés ha pateado goles que coincidieron con la muerte de varios personajes alrededor del mundo; entre otros, Osama Bin Laden y David Bowie.

En la publicación le pedían al señor Aaron Ramsey que no meta más goles, porque ya hay 19 personas muertas y todas, de una u otra manera, muy notorias.

Fuera de la anécdota y su funesto tema, uno se pone a pensar que el azar es curioso, imprevisible y a veces terrorífico.

Aaron Ramsey dice que todo es una tontería, niega que suceda nada fuera de lo normal y que seguirá haciendo lo que sabe.

La muerte está metiendo goles a la vida todo el tiempo, y creo que Alguien, en algún lugar, no gusta mucho del fútbol.