EL HEMICIRCO Y LOS DÍAS


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Parece que a este congreso no le entran balas. En realidad, ni la Kryptonita lo afectaría. Se vive allí una realidad diferente; está en otra dimensión, extraña e inexplicable porque de otra manera no llega a entenderse como suceden las cosas que suceden. Me imagino que los miembros, padres-madres de la Patria, se han tomado en serio lo del Salón de los Pasos Perdidos y se han perdido en el salón; o en los baños, las oficinas o tal vez en las escaleras. Se han desvanecido y para todo efecto práctico se tele transportaron a Babia; o sea, están allí.

Mientras tanto, el Perú sigue trabajosamente su travesía a través de los días y ellos ni se enteran, porque a Babia no llegan las noticias. Llueve aquí y allá ni siquiera se mojan, porque hay sol; el ruido de las calles, el tráfico y las voces no se escuchan, como tampoco los reclamos. La realidad en el Perú es una y para ellos no es ninguna.

En Babia deben hacer cosas importantísimas, como consultar el reloj, preparar los discursos que nadie escuchará, ensayar alegatos y gestos o mirar a las nubes.

Mientras tanto, por aquí, el local del congreso está vacío y tal vez un día de estos se convierta en una ruina turisteable, como el Circo de Roma y se le pueda sacar algún partido; lo malo es que arquitectónicamente no vale mucho y la nube de ambulantes que por allí pulule, no dejará ver nada.

¿Pan con palta anyone?

LA VERDAD DE LA MILANESA


EXPOMILÁN

Estamos ausentes en Expo Milán 2015, que tiene como tema “Alimentando al planeta. Energía para la vida”, porque, a su tiempo, en el gobierno pareció que no era importante y además, muy caro. Cuatro millones que podían subir a 13, parecieron un montón por medio año de exposición ante aproximadamente 20 millones de visitantes del mundo. A 108 países que sí participan, les pareció una oportunidad; pero como somos el país de las oportunidades perdidas, no fuimos.

Y claro, Chile presentó a la quinua (de la que es embajadora mundial la esposa de nuestro presidente) como propia y al pisco como su licor de bandera. Quedamos como mentirosos internacionalmente aunque el grano sea originario del Perú y la bebida alcohólica sea más peruana… ¡que el pisco!

Todas las acciones anteriores que se realizaron para dar a conocer la peruanidad de esos productos, caen en saco roto frente a 20 millones de personas, que con sus propios ojos, ven que el pisco y la quinua son anunciados como propios por el vecino del sur.

Pero esta es una muestrita de lo que puede suceder cuando no nos preocupamos por estar presentes porque la “feria es cara” y nos desgañitamos (es un decir) promocionando al país como destino gastronómico con comerciales en la televisión. ¡Claro que somos un país donde lo gastronómico es importante insumo en un menú que escogen los turistas para venir! Pero si 20 millones de personas (un huevo de gente) que pueden ver en vivo la riqueza de un Perú milenario y lo que ofrece al mundo no solo en comida, no es una cifra importante, ¿qué lo es?

Digamos que el país hubiera gastado menos de un dólar, oficialmente hablando, por cada visitante para promocionarse, ¿no era un gran negocio? De repente me marean las cifras y me equivoco, pero de todos modos, me parece una estupidez muy grande que no estemos allí.

Sí, es cierto que el primer ministro ha reconocido que fue un error no ir. Sin embargo eso no arregla para nada lo ocurrido: pedir disculpas a un muerto, no es que lo va a revivir.

¿Cuál es la verdad? ¿Se trata de desidia, de intereses extraños, de peleas chiquitas, de inexplicable cicatería, de ineficiencia pura y dura o tal vez de otra cosa? Creo que hay un poco de todo y como de costumbre los que pagan el pato son los peruanos, que además pagan el sueldo de los que decidieron que no fuéramos a Milán.

BORRARSE


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Es la habilidad que tienen algunos para no ser vistos. Para ni siquiera ser notados. Para desaparecer.

Lo hemos visto en más de un caso y lo seguimos viendo; los busca la policía o la justicia, tal vez los familiares y es imposible dar con ellos. Parecen haberse evaporado como el agua cuando hace mucho calor.

No sé, como estoy seguro que muchos, qué pensar. No creo que gocen de una protección divina, pero sí de la que proporcionan el dinero, el miedo o ciertas “lealtades”.

Esa protección va a durar hasta que llegue el manto del olvido y lo que ocurrió se borre de verdad de una memoria que vive asediada y urgida por sucesos.

Borrarse es un buen modo de conseguir la impunidad, de inmediato, al menos. No se borra cualquiera, porque hacerlo cuesta y se borran tan solo aquellos que poseen los medios. Otra forma es morir, aunque no sea una feliz alternativa para los que solo quieren borrarse y seguir siendo.

¿PARA CUÁNDO?


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Para que comiera le habían ofrecido llevarlo al cine. Para que estudiara le prometieron un viaje a fin de año. Para que no atronara con el equipo estéreo, le dieron un par de audífonos. Para que no llorara le habían hecho carantoñas. Para ilusionarlo le dijeron que el Ratón Pérez le cambiaría el diente caído por una monedita. Para que no fumara, le dijeron que si lo hacía moriría de cáncer. Para que respetara a los mayores, probaron desde el convencimiento hasta el sopapo. Para que se bañara, le regalaron un pato de juguete, diciéndole en secreto que los patos se bañan. Para que probara las zanahorias crudas, le aseguraron que tendría una visión magnífica y como preguntara por qué, le respondieron que si alguna vez había visto un conejo con lentes. Cuando lo jalaron en conducta, lo se quedó sin salir durante treinta días. Cuando quiso volar, tuvieron que llevarlo rápido a emergencia de un hospital cercano, por los golpes y heridas que sufrió en la caída. Cuando era practicante de abogado, decidió no seguir porque en su primer caso le tocó un lanzamiento. Cuando se iba a casar, se olvidó las alianzas. Cuando nació su hija, sufrió y le puso Angustias.

Cuando se equivocaba en el trabajo, no aceptaban disculpas.  Cuando perdió las llaves de la casa, sacó unos duplicados. Cuando se orinó encima por no bajar el cierre, le pusieron pañales. Cuando las piernas le fallaron, lo sentaron en una silla de ruedas. Cuando se olvidó de su nombre, le prendieron una tarjeta en el pecho. Cuando todo fue blanco y sin significado, dijeron a su nieta que él tenía Alzheimer.

SERENOS VS SERENOS


SERENOS

Cualquier cosa menos gente serena. Quienes deben cuidar de la ciudad, en dos distritos limítrofes, como son Magdalena y San Isidro, se agarran a golpes por… ¡disputas limítrofes!

Los alcaldes de uno y otro distrito se acusan mutuamente de invasión de territorio, agresiones y más. ¡Buen ejemplo dan estas autoridades! El público los eligió para que trabajen y no para que peleen como colegiales.

Pero lo peor es que la animadversión se manifiesta en los enfrentamientos que protagonizan los serenos contratados por cada comuna, como si de bandas rivales de delincuentes se tratara.

Un concierto en el parque “La Pera” (al que todo el mundo conoce como “La pera del amor”) fue un pretexto más para una nueva gresca tremenda (porque siempre las hay), con resultado de heridos, tumulto, golpes y estoy seguro que desconcierto. A la hora del evento había por un lado “serenas” fuerzas de San Isidro y al otro las “serenas” huestes de Magdalena; ambos grupos con perros entrenados. Al medio el público asistente que no tiene ninguna culpa y para completar la “coboyada”, por no decir la estupidez increíble, estaba la policía antimotines preparada para intervenir si se armaba la gresca nuevamente.

Si esto pasa aquí nomás ¿por qué nos extrañamos que suceda lo que sucede en partes más alejadas del país? ¿Es de extrañar que la criminalidad florezca y opere incontenible en distritos inmensos como San Juan de Lurigancho?

¿No saben los alcaldes de San Isidro y Magdalena que pueden dialogar? ¿Será que creen que están en una edición del programa “Esto es Guerra” y están dispuestos a que la sangre (la de los serenos y vecinos, por supuesto) riegue el terreno en disputa?

¡Qué vergüenza, por decir lo menos!

 

Foto: correo.pe

ÁNGELES EN LA CABEZA DE UN ALFILER


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En la Edad Media se solía hacer preguntas como “¿Cuántos ángeles pueden bailar en la cabeza de un alfiler?”. Temas tan trascendentales como ése tratan de distraer la atención, lográndolo muchas veces, de lo que en realidad sucede en el Perú.

Resulta que nos piden que nos fijemos en cosas absolutamente accesorias, en vez de que se tome al toro por las astas y nos remanguemos para resolver los verdaderos problemas. Bajo los lemas de “no hagan olas” o “no mojen que no hay quien planche” buscan que se mire para otro lado para no tener dificultades y seguir accionando impunemente.

¿A quiénes me refiero? A los de siempre. A quienes han hecho del Perú su chacra y cosechan a manos llenas desde hace tanto. Porque la sinvergüencería no tiene edad y se mueve cómodamente en el tiempo.

Tratan de distraernos regalándonos vidrios de colores, figuritas y chucherías mil. Creen que si no vemos no nos daremos cuenta y seguirá la farra para alegría de ellos y lucro, por supuesto.

Mientras tanto, lo que está sucediendo es que rodamos por la cuesta, cada vez a mayor velocidad. Pero quieren que sigamos distraídos, como si fuéramos un montón inconsciente de gente que va bailando cumbia hacia su muerte.